¡Arriba los corazones!

"Sed tengo", "Sitio" en latín, es una de las siete palabra de Jesús en la Cruz. Es Su disponibilidad que convoca a la nuestra, invitándonos al “sacrificio de la alegría”: a “hacer de tripas corazón”, para mirarlo a Él.

¡Arriba los corazones! es una frase de aliento que nos remite al "Elevemos el corazón" de la Misa, que nos dispone para el sacrificio, dejando que Él nos dirija.

lunes, octubre 06, 2008

Carta para solicitar la apertura de la causa de canonización de San Josemaría

Esta carta la escribí en agosto de 1975 para pedir la apertura de la causa de canonización de Mons. Escrivá de Balaguer, San Josemaría desde el 6 de octubre de 2002:

Montevideo, 18 de agosto de 1975


¡Qué elocuencia necesitaría para poder expresar lo que he recibido del trato con Monseñor Escrivá!


Claro que no lo traté personalmente; pero hace ocho años que leo sus libros, que me dejo penetrar por el espíritu de su “Camino”, que trato con su gente. Y puedo decir que lo conozco, que lo quiero, que su cálida influencia ha penetrado en mi alma como clara luz para la inteligencia y como firme estímulo para la voluntad.


En mi experiencia, el contacto con Monseñor Escrivá vitalizó profundamente mi fe, haciéndome participar de la vida de Jesucristo a través de una visión asombrosamente íntima del Evangelio y de todo aquello que en el tiempo proyecta esa realidad: la Iglesia, el Magisterio, la Liturgia, los Sacramentos, encendiéndonos de amor a Cristo, a la Virgen, al Santo Padre.


Pienso cuán grande debió ser su amor a la verdad y la profundidad de su visión católica para que pudiera transmitírnosla tan acabadamente, con tanta sencillez y con tanto amor a la libertad y al hombre en su condición de criatura.


En su pensamiento y acción todo encontraba su justo valor y en el desasimiento y la disponibilidad a Dios se resolvía su maravillosa intuición sobrenatural, que no lo llevaba a la mera contemplación sino que hacía surgir todas las potencias humanas elevándolas y afinándolas en su realización y en su evolución hacia un solo fin: la gloria a Dios.


Quería a nuestro siglo y sabía interpretarlo y valorar el alcance de sus progresos.


Tantas veces me he puesto a meditar sobre la singularidad de la presencia de Monseñor Escrivá en nuestro siglo y por la eficacia de su palabra muchas veces me gustó verlo como a uno de aquellos dos testigos apocalípticos, casi como a un Moisés de nuestro tiempo encaminando a su pueblo hacia la tierra prometida.


Pienso que Monseñor Escrivá actualizó maravillosamente el sentido del trabajo que Nuestro Señor nos encomendó: el amoroso anuncio a todos los hombres de que estamos comprometidos en la construcción de la Jerusalén Celeste, y nos iluminó y despejó el camino, a través de su obra.


Muchas cosas más podría decir y jamás agotaría el alcance del mensaje de Monseñor Escrivá, porque tenía la universalidad de la Iglesia, cuyo espíritu supo captar y transmitir con sencillez y eficacia.


Antes de terminar quiero hacer saber la alegría espontánea y contagiosa, la sencilla afabilidad que nacía de su presencia, que yo conocí sólo a través de películas, y que en contraste con la grandeza de su mensaje nos guiaba directamente a la admiración frente a la realidad de la fiel y perfecta entrega a su alta vocación.


Por eso creo que la Iglesia debería contar a Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer entre sus santos, y escribo esta carta para manifestar ese deseo.


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