¡Arriba los corazones!

"Sed tengo", "Sitio" en latín, es una de las siete palabra de Jesús en la Cruz. Es Su disponibilidad que convoca a la nuestra, invitándonos al “sacrificio de la alegría”: a “hacer de tripas corazón”, para mirarlo a Él.

¡Arriba los corazones! es una frase de aliento que nos remite al "Elevemos el corazón" de la Misa, que nos dispone para el sacrificio, dejando que Él nos dirija.

Mostrando las entradas con la etiqueta Audiencia General de los Miércoles en el Vaticano. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Audiencia General de los Miércoles en el Vaticano. Mostrar todas las entradas

jueves, junio 28, 2012

Audiencia General del Santo Padre - Miércoles 27 de junio de 2012




'ADOREMOS LA EUCARISTÍA PARA HACER ENTRAR NUESTRA VIDA EN EL AMOR DE DIOS'
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 27 junio 2012 (ZENIT.org).- 


En el discurso en lengua italiana, el papa siguió con sus catequesis sobre la oración en las Cartas de san Pablo.
Benedicto XVI se ha centrado en la catequesis de hoy en uno de los más antiguos cantos o himnos de la tradición cristiana, la Carta de san Pablo a los Filipenses. recordó que es "una carta que dicta el Apóstol en la cárcel, tal vez en Roma. Se siente cercano a la muerte, porque dice que su vida la ofrece como una libación".
"A pesar de esta situación de grave peligro para su integridad física --dijo el papa--, san Pablo, en todo el escrito, expresa la alegría de ser discípulo de Cristo, de poder ir a su encuentro, hasta el punto de ver la muerte no como una pérdida sino como una ganancia".
En el último capítulo de su Carta hay una fuerte invitación a la alegría. Pero --se preguntó el papa- "¿cómo se puede regocijar ante una sentencia de muerte inminente? ¿De dónde o mejor dicho, de quién san Pablo obtiene la serenidad, la fuerza, el coraje de ir al encuentro de su martirio, y del derramamiento de su sangre?".
La respuesta está en que la "oración debe conducir a un conocimiento y a una unión en el amor cada vez más profundos con el Señor, para poder pensar, actuar y amar como Él, en Él y por Él. El ejercicio de esto, aprender los sentimientos de Jesús, es el camino de la vida cristiana".
"En la oración, en la relación con Dios --explicó el papa--, abrimos la mente, el corazón, la voluntad a la acción del Espíritu Santo para entrar en esa misma dinámica de vida".
"La lógica humana, sin embargo, busca a menudo la realización de sí mismo en el poder, en el dominio, en los medios poderosos. El hombre todavía quiere construir con sus propias fuerzas la torre de Babel para llegar a la altura de Dios mismo, para ser como Dios. La Encarnación y la Cruz nos recuerdan que la plena realización está en el conformar la propia voluntad humana a la del Padre, en el vaciarse del propio egoísmo, para llenarse del amor, de la caridad de Dios y así llegar a ser verdaderamente capaces de amar a los demás. El hombre no se encuentra a sí mismo permaneciendo encerrado en sí, afirmándose en sí mismo. El hombre se encuentra solo saliendo de sí mismo, solo si salimos de nosotros mismos nos encontramos".
El papa exhortó, a fijar en la oración la "mirada en el crucifijo", detenerse "en adoración ante la Eucaristía con frecuencia, para hacer entrar nuestra vida en el amor de Dios, que se humilló a sí mismo con humildad para elevarse hasta Él".
se puede leer el texto completo de la catequesis del papa en: http://www.zenit.org/article-42600?l=spanish.
Tras sus palabras en italiano, el papa se dirigió a los distintos grupos lingüísticos, haciendo un breve resumen de su catequesis.
A los fieles de lengua española, les dijo: "Deseo tratar hoy del himno cristológico que san Pablo ofrece en su carta a los Filipenses, centrado en los 'sentimientos' de Cristo y en su condición divina y humana: en la encarnación, en la muerte de cruz y en la exaltación en la gloria del Padre. Este cántico inicia con una exhortación: 'Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo'. Se trata no sólo de seguir los ejemplos de Jesús, sino también de conformar toda nuestra existencia según su modo de pensar y obrar. Está composición ofrece además dos indicaciones importantes para nuestra oración. La primera es la invocación de Jesucristo como 'Señor'. Él es el tesoro por el cual vale la pena gastar la vida. La segunda indicación es la postración: Ante este Nombre, toda rodilla se ha de doblar en el cielo y en la tierra. De este modo, cuando nos arrodillamos ante Cristo, confesamos nuestra fe en Él y lo reconocemos como único Señor. La oración debe conducir, pues, a una más plena toma de conciencia para pensar, actuar y amar en Cristo y por Cristo. Así, la mente, el corazón y la voluntad se abren a la acción del Espíritu Santo y somos transformados por medio de la gracia".
Luego saludó a los grupos de lengua hispana con estas palabras: "Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos de la Archidiócesis de Los Altos, y de la Diócesis de Zacatecoluca, acompañados por sus pastores, así como a los provenientes de España, México, Colombia y otros países latinoamericanos. Invito a todos a que fijen en la oración su mirada en el Crucifijo, a detenerse frecuentemente para la adoración eucarística y así entrar en el amor de Dios, que se ha abajado con humildad para elevarnos hacia Él".

jueves, junio 21, 2012

Audiencia General del Santo Padre - Miércoles 20 de junio de 2012



'LA ORACIÓN NOS ABRE A LA CONTEMPLACIÓN DEL DESIGNIO DIVINO DE AMOR'

Palabras del Papa en la Audiencia General

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 20 junio 2012 (ZENIT.org).- La Audiencia General de esta mañana ha tenido lugar a las 10,30 en el Aula Pablo VI, donde Benedicto XVI se encontró con grupos de peregrinos llegados de Italia y del otros países. En el discurso en lengua italiana, el papa, siguiendo su catequesis sobre la oración en las Cartas de san Pablo, centró su meditación en el primer capítulo de la Carta a los Efesios.
En su meditación de esta mañana, en la Audiencia General, Benedicto XVI se detuvo en el primer capítulo de la Carta a los Efesios, "que comienza justamente con una oración, que es un himno de bendición, una expresión de gratitud, de alegría".
"En realidad hay razón para dar gracias porque Dios nos hace conocer lo que está oculto: su voluntad con nosotros, para nosotros, 'el misterio de su voluntad'", dijo el papa.
"Para los creyentes --añadió--, el 'misterio' no es tanto lo desconocido, sino sobre todo la voluntad misericordiosa de Dios, su diseño de amor que en Jesucristo se ha revelado plenamente".
"El 'misterio desconocido' de Dios se ha revelado, y es que Dios nos ama, y nos ama desde el principio, desde la eternidad".
El papa se detuvo en comentar esta "oración solemne y profunda" en la que el apóstol "agradece y alaba, pero también reflexiona sobre las razones que empujan al hombre a esta alabanza, a este agradecimiento presentando los elementos clave del plan divino y sus etapas". "En primer lugar tenemos que bendecir a Dios Padre porque --como escribe san Pablo--, Él 'nos escogió antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor'. Lo que nos hace santos y sin mancha es la caridad".
"La vocación a la santidad, es decir, a la comunión con Dios, pertenece al plan eterno de este Dios, un diseño que se extiende en la historia y abarca a todos los hombres y mujeres del mundo, porque es una llamada universal. Dios no excluye a nadie, su plan es solo de amor", añadió el papa.
Subrayó que, en el centro de la oración de bendición, "el Apóstol muestra la forma en que se lleva a cabo el plan de salvación del Padre en Cristo, en su Hijo amado. Escribe: 'En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia'".
"El sacrificio de la cruz de Cristo es el acontecimiento único e irrepetible con el que el Padre ha demostrado brillantemente su amor por nosotros, no solo con palabras, sino en términos concretos".
"La redención no es todavía completa --lo escuchamos--, pero encontrará su plena realización cuando aquellos que Dios ha adquirido sean totalmente salvos. Nosotros todavía estamos en el camino de la redención, cuya realidad esencial se ha dado con la muerte y resurrección de Jesús".
"En la oración constante, en la relación diaria con Dios, aprendemos también nosotros, como san Pablo, a distinguir con más claridad los signos de este diseño y de esta acción: de la belleza del Creador, en la belleza que surge de sus criaturas, como lo canta san Francisco de Asís: "Alabado sea mi Señor, con todas tus criaturas". Es importante estar atento aún ahora, en el periodo de las vacaciones, a la belleza de la creación y ver revelarse en esta belleza el rostro de Dios".
"Queridos amigos, cuando la oración alimenta nuestra vida espiritual nos volvemos capaces de conservar aquello que san Pablo llama "el misterio de la fe" en una conciencia pura. La oración como una forma de "acostumbrarse" a estar junto a Dios, crea hombres y mujeres animados no por el egoísmo, del deseo de poseer, de la sed de poder, sino de la gratuidad, del deseo de amar, de la sed por servir, es decir, animados por Dios; y solo así se puede llevar luz a la oscuridad del mundo", concluyó el papa.
Después de su meditación en italiano, Benedicto XVI se dirigió en su idioma a cada uno de los grupos lingüísticos.
A los presentes de lengua española les dijo: "Hoy nos fijamos en la oración que está al comienzo de la carta de san Pablo a los Efesios. Se trata de un himno de bendición a Dios por todo lo que ha realizado y sigue realizando en la historia de la humanidad. En esta plegaria el apóstol nos lleva a contemplar el designio de amor y la acción de las tres personas de la Santísima Trinidad. En primer lugar, contemplamos al Padre, que nos ha escogido antes de la creación del mundo para ser santos. Más aún, nos ha elegido para ser sus hijos adoptivos en Jesucristo. Se trata de una llamada universal que responde a un designio gratuito y amoroso por parte de Dios. En el centro de esta oración, san Pablo enseña cómo se realiza el plan de salvación a través del Hijo, que nos ha redimido con su sangre. El sacrificio de Cristo en la cruz es el acontecimiento único e irrepetible que nos revela de modo admirable el amor del Padre por nosotros. Al final se encuentra la mención del Espíritu Santo, que es prenda de nuestra redención y de la gloria futura. Así, la oración nos abre a la contemplación del designio divino de amor y nos ayuda a descubrir con más claridad los signos de este plan: sobre todo en la belleza de la creación, en la vida de los santos y en toda la historia de la salvación, así como en el camino de la Iglesia, que con la palabra y los sacramentos nos introduce en el misterio de Dios".
Concluó saludando "cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, Honduras, Colombia, Argentina, Chile, México y otros países latinoamericanos" e invitó "a todos a alimentar vuestra vida espiritual con una oración constante, para crecer en el amor de Dios y llevar al mundo la luz de su claridad".

Se puede leer el texto completo de la meditación del Papa en: http://www.zenit.org/article-42526?l=spanish.

viernes, junio 15, 2012

"La Unión con Dios no aleja del mundo" Audiencia General del Santo Padre - Miércoles 13 de Junio




El texto que sigue fue tomado del Servicio Zenit, y el video del canal KTOTV
ZS12061305 - 13-06-2012
Permalink: http://www.zenit.org/article-42455?l=spanish

'LA UNIÓN CON DIOS NO ALEJA DEL MUNDO'


Palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 13 junio 2012 (ZENIT.org).- La Audiencia General de esta mañana ha tenido lugar a las 10,30 en la Aula Pablo VI, donde Benedicto XVI se ha encontrado con grupos de fieles llegados de Italia y del mundo.
En el camino, el papa ha hecho una breve parada en la plaza de Santa Marta para la presentación de los trabajos de restauración de la Basílica Vaticana.
En su discurso en lengua italiana el santo padre ha reanudado su catequesis sobre la oración en las Cartas de San Pablo.
Tras sus palabras, el papa ha hecho un llamamiento a los fieles presentes a orar por los trabajos del 50 Congreso Eucarístico Internacional que está teniendo lugar en Dublín.
Ofrecemos el texto de las palabras del papa.
*****
Queridos hermanos y hermanas:
El encuentro diario con el Señor y la frecuencia a los sacramentos nos permiten abrir nuestra mente y nuestro corazón a su presencia, a sus palabras, a su acción. La oración no es solamente el aliento del alma, sino, para usar una imagen, es también el oasis de paz en el que podemos sacar el agua que alimenta nuestra vida espiritual y transforma nuestra existencia. Y Dios nos atrae hacia sí, nos hace subir a la montaña de la santidad, para que estemos siempre más cerca de Él, ofreciéndonos a lo largo del camino luz y consuelo. Esta es la experiencia personal a la que san Pablo se refiere en el capítulo 12 de la Segunda Carta a los Corintios, en la que quiero detenerme hoy. En contra de quien impugnaba la legitimidad de su apostolado, él no repasa tanto las comunidades que ha fundado, los kilómetros que ha recorrido; no se limita a recordar las dificultades y las oposiciones que ha enfrentado para anunciar el Evangelio, sino que señala su relación con el Señor, una relación tan intensa, también caracterizada de momentos de éxtasis, de contemplación profunda (cfr. 2 Cor. 12,1); por lo que no se jacta de lo que hizo, de su fuerza, de sus actividades y logros, sino de la acción que ha hecho Dios en él y a través de él.
Con gran moderación, cuenta el momento en que vive la experiencia particular de ser arrebatado hasta el cielo de Dios. Recuerda que catorce años antes del envío de la Carta "fue arrebatado –así dice--, hasta el tercer cielo" (v. 2). Con el lenguaje y los modos con que cuenta lo que no se puede pronunciar, san Pablo habla del hecho incluso en tercera persona; afirma de un hombre raptado al "jardín" de Dios, en el paraíso. La contemplación es tan profunda e intensa, que el Apóstol no recuerda el contenido de la revelación recibida, pero tiene muy presente la fecha y las circunstancias en las que el Señor lo tomó totalmente, lo atrajo hacia sí, como lo había hecho en el camino de Damasco en el momento de su conversión (cf. Flp. 3,12). San Pablo añade que, justamente, para no alzarse en soberbia por la grandeza de las revelaciones recibidas, él lleva sobre sí un "aguijón" (2 Cor. 12,7), un sufrimiento, y suplica al Resucitado de ser liberado del enviado del Diablo, de tal dolorosa espina en la carne. Por tres veces, dice, oró fervientemente al Señor para que le quite esta prueba. Y es en esta situación que, en la profunda contemplación de Dios, durante la cual "oyó palabras inefables que no es permitido a nadie pronunciar" (v. 4), recibió respuesta a su súplica. El Resucitado le dirige una palabra clara y tranquilizadora: "Mi gracia te basta; que mi fuerza se realiza en la flaqueza" (v. 9).
El comentario de Pablo a estas palabras nos puede dejar sorprendidos, pero revela la forma en que él había entendido lo que significa realmente ser un apóstol del Evangelio. Exclama así: "Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones, y las angustias sufridas por Cristo; pues cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte "(v. 9b-10), es decir, no hace alarde de sus acciones, sino de la actividad de Cristo que actúa justamente en su debilidad.
Detengámonos ahora un momento en este hecho que se produjo durante los años en que san Pablo vivió en silencio y en contemplación, antes de comenzar a viajar al Occidente para anunciar a Cristo, porque esta actitud de profunda humildad y confianza frente a la manifestación de Dios, es fundamental también para nuestra oración y para nuestra vida, para nuestra relación con Dios y en nuestras debilidades. En primer lugar, de cuáles debilidades habla el Apóstol? ¿Qué es este "aguijón" en la carne? No lo sabemos y no nos lo dice, pero su actitud nos hace comprender que todas las dificultades en el seguimiento de Cristo y en el testimonio de su Evangelio, puede ser superado abriéndose con confianza a la acción del Señor.
San Pablo es muy consciente de ser un "siervo inútil" (Lc. 17,10) --no es él quien ha hecho las grandes cosas, es el Señor--, un "vaso de barro" (2 Cor. 4,7), en el cual Dios pone la riqueza y el poder de su gracia. En este momento de intensa oración contemplativa, san Pablo entiende claramente la forma de enfrentar y vivir cada hecho, sobretodo el sufrimiento, la dificultad, la persecución: cuando uno experimenta la propia debilidad, se manifiesta el poder de Dios, que no abandona, no te deja solo, sino que se convierte en apoyo y fuerza. Por supuesto, Pablo hubiera preferido ser liberado de esta "espina", de este sufrimiento; pero Dios dice: "No, eso es para ti. Tendrás la gracia suficiente para resistir y hacer lo que debe hacerse". Esto también se aplica a nosotros. El Señor no nos libera de los males, más bien nos ayuda a madurar en los sufrimientos, en las dificultades, en las persecuciones. La fe, por lo tanto, nos dice que si permanecemos en Dios, "mientras nuestro hombre exterior se va desmoronando --son muchas las dificultades--, el hombre interior se renueva, madura de día en día justamente en la prueba" (cfr. V. 16).
El Apóstol comunica a los cristianos de Corinto y también a nosotros que "el momentáneo, ligero peso de nuestra tribulación nos procura, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna" (v. 17) En realidad, humanamente hablando, no era ligero el peso de las dificultades, era gravísimo; pero en comparación con el amor de Dios, con la grandeza del ser amados por Dios, es ligero, a sabiendas de que la cantidad de la gloria será incalculable. Así, en la medida en que crece nuestra unión con el Señor y se intensifica nuestra oración, también nosotros vamos a lo esencial y comprendemos que no es el poder de nuestros medios, de nuestras virtudes, de nuestras capacidades lo que realiza el Reino de Dios, sino es Dios que obra maravillas a través de nuestra debilidad, de nuestra insuficiencia a lo encomendado. Debemos, por tanto, tener la humildad para no confiar simplemente en nosotros mismos, sino de trabajar, con la ayuda del Señor, en la viña del Señor, confiándonos en Él como frágiles "vasos de barro".
San Pablo se refiere a dos revelaciones particulares que han cambiado radicalmente su vida. La primera --lo sabemos--, es la pregunta sobrecogedora en el camino de Damasco: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? "(Hch. 9,4), una pregunta que le llevó a descubrir y encontrar a Cristo vivo y presente, y a escuchar su llamado a ser apóstol del Evangelio. La segunda son las palabras que el Señor le ha dirigido durante la experiencia de oración contemplativa sobre la que estábamos reflexionando: "Mi gracia te basta; que mi fuerza se realiza en la flaqueza".
Solo la fe, el confiar en la acción de Dios, en la bondad de Dios que no nos abandona, es la garantía de no trabajar en vano. Así la gracia del Señor ha sido la fuerza que acompañó a san Pablo en el enorme esfuerzo por difundir el Evangelio, y su corazón ha entrado en el corazón de Cristo, haciéndose capaz de dirigir a otros hacia Aquel que murió y resucitó por nosotros.
En la oración abrimos, por lo tanto, nuestro ánimo al Señor para que Él venga a habitar en nuestra debilidad, transformándola en fuerza para el Evangelio. Y es significativo también la palabra griega con que Pablo describe este habitar del Señor en su frágil humanidad; utilizaepiskenoo, que podemos tomar como "poner su propia tienda". El Señor continúa poniendo su tienda en nosotros, en medio de nosotros: es el misterio de la Encarnación. El mismo Verbo divino, que vino a morar en nuestra humanidad, quiere vivir en nosotros, plantar en nosotros su tienda, para iluminar y transformar nuestra vida y el mundo.
La intensa contemplación de Dios experimentada por san Pablo recuerda aquella de los discípulos en el monte Tabor, cuando, viendo a Jesús transfigurarse y resplandecer de luz, Pedro le dijo: "Rabí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías" (Mc. 9,5). "No sabía qué decir, porque estaban atemorizados", añade san Marcos (v. 6). Contemplar al Señor es, al mismo tiempo, fascinante y tremendo: fascinante, porque nos atrae hacia él y rapta nuestro corazón hacia lo alto, llevándolo a su altura donde experimentamos la paz, la belleza de su amor; tremendo porque pone al descubierto nuestra debilidad humana, nuestra deficiencia, el esfuerzo para superar al Maligno que amenaza nuestras vidas, esa espina también clavada en nuestra carne. En la oración, en la contemplación cotidiana del Señor, recibimos la fuerza del amor de Dios y sentimos que son verdaderas las palabras de san Pablo a los cristianos de Roma, donde está escrito: "Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro"(Rm. 8, 38-39).
En un mundo donde hay el riesgo de confiar únicamente en la eficiencia y el poder de los medios humanos, en este mundo estamos llamados a redescubrir y dar testimonio del poder de Dios que se comunica en la oración, con la que crecemos cada día en configurar nuestra vida a la de Cristo, el cual --como él mismo dice--, "fue crucificado en razón de su flaqueza, pero está vivo por la fuerza de Dios. Así también nosotros: somos débiles en él, pero viviremos con él por la fuerza de Dios sobre ustedes" (2 Cor. 13,4).
Queridos amigos, en el siglo pasado, Albert Schweitzer, teólogo protestante y premio Nobel de la Paz, afirmaba que "Pablo es un místico y nada más que un místico", en realidad un hombre verdaderamente enamorado de Cristo y tan unido a Él, hasta poder decir: Cristo vive en mí. La mística de san Pablo no se fundamenta solo sobre la base de los acontecimientos extraordinarios que experimentó, sino también en la cotidiana e intensa relación con el Señor, que siempre lo ha sostenido con su gracia.
La mística no lo ha alejado de la realidad, por el contrario, le dio la fuerza para vivir cada día para Cristo y para construir la Iglesia hasta el fin del mundo en ese momento. La unión con Dios no aleja del mundo, sino que nos da la fuerza para permanecer de tal modo, que se pueda hacer lo que se debe hacer en el mundo. Incluso en nuestra vida de oración podemos, por lo tanto, tener momentos de especial intensidad, en los cuales quizás, sintamos más viva la presencia del Señor, pero es importante la constancia, la fidelidad en la relación con Dios, especialmente en las situaciones de aridez, de dificultad, de sufrimiento, de aparente ausencia de Dios. Solo si estamos aferrados al amor de Cristo, estaremos en grado hacer frente a cualquier adversidad como Pablo, convencidos de que todo lo podemos en Aquel que nos fortalece (cf. Flp. 4,13). Así que, en la medida de que damos espacio a la oración, más veremos que nuestra vida cambiará y será animada por la fuerza concreta del amor de Dios.
Es lo que sucedió, por ejemplo, con la beata Madre Teresa de Calcuta, que en la contemplación de Jesús y, precisamente, también en tiempos de larga aridez encontraba la razón última y la fuerza increíble para reconocerlo en los pobres y en los abandonados, a pesar de su frágil figura. La contemplación de Cristo en nuestras vidas nos es ajena --como lo he dicho--, de la realidad, sino más bien nos vuelve aún más partícipes de la experiencia humana, porque el Señor, atrayéndonos a sí en la oración, nos permite hacernos presentes y cercanos a cada hermano en su amor. Gracias.
Traducido del original italiano por José Antonio Varela V.
©Librería Editorial Vaticana

Para contemplar es necesario perseverar, también en los momentos de aridez



Tomado de la web Primeros Cristianos

La experiencia contemplativa y la fuerza en la plegaria narradas por San Pablo en la Segunda Carta a los Corintios fueron el tema central de la catequesis de Benedicto XVI durante la audiencia general de los miércoles que tuvo lugar en el Aula Pablo VI.
A los que contestaban la legitimidad de su apostolado, Pablo no responde enumerando las comunidades que ha fundado, ni si limita a recordar las dificultades encontradas para anunciar el Evangelio, indica en cambio, dijo el Papa, “su relación con el Señor (...) tan intensa que estaba caracterizada por momentos de éxtasis y de contemplación profunda”. Y habla de su debilidad durante los años en que vivió en silencio y contemplación, afirmando: “Me gloriaré de mi debilidad para que habite en mí la presencia de Cristo (...) porquecuando soy débil es cuando soy fuerte”.
Con su actitud, el apóstol de las gentes nos hace comprender que “cualquier dificultad en el seguimiento de Cristo y en el testimonio de su Evangelio pueden superarse si nos abrimos con confianza a la acción del Señor. (...) San Pablo entiende con claridad cómo hacer frente a cualquier acontecimiento y cómo vivirlo, sobre todo el sufrimiento, las dificultades, las persecuciones; cuando experimentamos nuestra debilidad, sentimos que se manifiesta la potencia de Dios, que no nos abandona, ni nos deja solos, sino que se convierte en nuestro apoyo y nuestra fuerza”.
 
“A medida que crece nuestra unión con el Señor -observó el Santo Padre- y se intensifica nuestra oración, nos acercamos a lo más esencial y comprendemos que no es la potencia de nuestros medios la que realiza el Reino de Dios (...) sino es Dios que obra maravillas precisamente a través de nuestra debilidad”.
La intensa contemplación de Dios experimentada por San Pablo, recuerda la de los discípulos en el monte Tabor, “al mismo tiempo fascinante y tremenda”. Contemplar al Señor es “fascinante porque nos atrae hacía Sí, nos eleva a su altura, haciéndonos experimentar la paz y la belleza de su amor; tremendo porque pone al desnudo nuestra debilidad humana, nuestro ser inadecuados, la fatiga de vencer al Maligno que insidia nuestra vida”.
“En un mundo en que se corre el riesgo de confiar solamente en la eficacia y la fuerza de los medios humanos, estamos llamados a descubrir y dar testimonio del valor de la plegaria (...)con la que crecemos cada día, conformando nuestra vida a la de Cristo, dijo el Papa recordando a continuación la figura del premio Nobel por la Paz, Albert Schweitzer, el teòlogo protestante que afirmaba: “Pablo es un místico y nada más que un místico”: un hombre verdaderamente enamorado de Cristo y talmente unido a Él, como para decir: Cristo vive en mí. La mística de San Pablo no se funda solo en los eventos excepcionales que vivió, sino en su relación, intensa y cotidiana, con el Señor, que lo sostuvo siempre con su gracia”.
“También en nuestra vida de oración podemos experimentar momentos de gran intensidad en que sentimos más viva la presencia del Señor, pero lo que importa es la constancia, la fidelidad de la relación con Dios, sobre todo en las situaciones de aridez, de dificultad, de sufrimiento (...)Solamente si estamos aferrados al amor de Cristo, podremos afrontar cualquier adversidad, como Pablo, convencidos de que todo lo podemos en Aquel que nos da fuerzas”.
“Cuanto más espacio demos a la oración, más nos daremos cuenta de que nuestra vida se transforma y se anima con la fuerza concreta del amor de Dios. Este fue el caso de la beata Madre Teresa de Calcuta que, en la contemplación de Jesús (...) encontraba la razón última y la fuerza increíble para reconocerlo en los pobres y en los abandonados, no obstante la fragilidad de su persona.”
“La contemplación de Cristo en nuestra vida -finalizó el Papa- no nos aleja de la realidad; al contrario, nos hace todavía más partícipes de las vicisitudes humanas, porque el Señor, atrayéndonos hacia Sí, en la oración, nos acerca a todos nuestros hermanos en su amor”.

Aquí: Texto completo, y también en la entrada siguiente, que incluye el video completo de la audiencia, con comentarios en francés.


miércoles, junio 06, 2012


'NO HAY FUTURO EN LA HUMANIDAD SIN LA FAMILIA'


Palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 6 junio 2012 (ZENIT.org).- En la mañana de este miércoles ha tenido lugar la Audiencia General, a las 10,30 horas, en la plaza de San Pedro donde Benedicto XVI se ha encontrado con grupos de peregrinos y fieles llegados de Italia y de otros países. En su discurso ha recordado su reciente viaje a Milán para encontrarse con las familias del mundo.
El papa dedicó toda la audiencia a rememorar su reciente viaje a Milán para estar presente en VII Encuentro Mundial de las Familias y se mostró emocionado por "este inolvidable y maravilloso evento, que ha transformado a Milán en una ciudad de las familias: familias de todo el mundo, unidas por la alegría de creer en Jesucristo".
El papa dijo sentirse "profundamente agradecido a Dios por haberme permitido vivir esta cita 'con' las familias y 'para' la familia".
"Sí, porque no hay futuro en la humanidad sin la familia; especialmente los jóvenes, para aprender los valores que dan sentido a la existencia, tienen necesidad de nacer y crecer en esa comunidad de vida y amor que Dios ha querido para el hombre y la mujer", aseguró el papa.
Benedicto XVI hizo una detallada síntesis de todos los principales encuentros mantenidos durante este evento.
Tras reiterar su agradecimiento a los organizadores, el papa subrayó que el encuentro "ha convocado a Milán más de un millón de personas, que durante varios días han invadido pacíficamente las calles, testimoniando la belleza de la familia, esperanza para la humanidad".
"El Encuentro Mundial de Milán --concluyó- fue una elocuente 'epifanía' de la familia, que se mostró en sus diversas expresiones, así como también en la singularidad de su identidad sustancial: la de una comunión de amor, fundada sobre el matrimonio y llamada a ser un santuario de la vida, pequeña Iglesia, célula de la sociedad. Desde Milán se ha lanzado al mundo un mensaje de esperanza, fundamentada por las experiencias vividas: de que es posible y gozoso, aunque difícil, experimentar el amor fiel, 'para siempre', abierto a la vida; que es posible participar como familia a la misión de la Iglesia y a la construcción de la sociedad".
Se puede leer el texto completo del discurso del santo padre en: http://www.zenit.org/article-42391?l=spanish.
Tras su discurso en italiano, el papa saludó en su idioma a los distintos grupos lingüísticos. Al saludar a los fieles procedentes de América Latina y de España, Benedicto XVI pronunció las siguientes palabras: "Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, México, Costa Rica, Venezuela, Perú, Colombia y otros países latinoamericanos. Invito a todos a dar gracias al Señor, que me ha concedido vivir esta inolvidable cita 'con' las familias y 'para' la familia. Oremos por todos los hogares cristianos, para que en ellos reine siempre el amor y la fidelidad".  

jueves, mayo 03, 2012

Audiencia General del Santo Padre - Miércoles 2 de mayo de 2012




Tomado del Servicio Zenit - ZS12050214 - 02-05-2012
Permalink: http://www.zenit.org/article-42112?l=spanish

EL TESTIMONIO DE SAN ESTEBAN NOS DA PISTAS PARA NUESTRA ORACIÓN Y VIDA


Palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 2 mayo 2012 (ZENIT.org).- La Audiencia General de este miércoles tuvo lugar a las 10,30 en la plaza de San Pedro, y Benedicto XVI se encontró con grupos de peregrinos y fieles llegado de Italia y de otros países. En el discurso en lengua italiana, el papa, continuando su catequesis sobre la oración en los Hechos de los Apóstoles, centró su meditación sobre la oración de san Esteban, el primer mártir cristiano.
En su catequesis de hoye, el papa hablósobre el testimonio y la oración del primer mártir de la Iglesia, san Esteban, uno de los siete elegidos para el servicio de la caridad hacia los necesitados.
"En el momento de su martirio, narrado en los Hechos de los Apóstoles, se manifiesta, nuevamente, la fructífera relación entre la palabra de Dios y la oración", dijo el papa.
"El testimonio de san Esteban --dijo el papa- nos da algunas pistas para nuestra oración y nuestra vida. Nos podemos preguntar: ¿De dónde este primer mártir cristiano sacó la fuerza para hacer frente a sus perseguidores y llegar hasta la entrega de sí mismo? La respuesta es simple: de su relación con Dios, de su comunión con Cristo, por la meditación sobre la historia de la salvación, de ver la acción de Dios, que en Jesucristo llegó al culmen. También nuestra oración debe ser alimentada por la escucha de la palabra de Dios, en la comunión con Jesús y con su Iglesia".
El papa señaló un segundo elemento: "san Esteban ve prefigurada, en la historia de la relación de amor entre Dios y el hombre, la figura y la misión de Jesús, Él --el Hijo de Dios--, es el templo "no prefabricado por manos humanas" en donde la presencia de Dios Padre se hizo así de cercana, como para entrar en nuestra carne humana y llevarnos a Dios, para abrirnos las puertas del Cielo".
"Nuestra oración --añadió--, entonces, debe ser la contemplación de Jesús a la diestra de Dios, de Jesús como Señor de la nuestra, de mi existencia diaria. En él, bajo la guía del Espíritu Santo, nosotros también podemos dirigirnos a Dios, entrar en contacto real con Dios con la confianza y el abandono de los hijos que acuden a un Padre que los ama infinitamente".
Se puede leer la catequesis completa en: http://www.zenit.org/article-42111?l=spanish.
Tras la catequesis, el papa se dirigió a los distintos grupos lingüísticos haciéndoles un resumen de sus palabras en su lengua.
Dirigiéndose a los peregrinos de habla hispana, les dijo: "En la catequesis de hoy volvemos a contemplar cómo en la oración, la lectura y meditación de la Sagrada Escritura nos conducen a la escucha de Dios que nos habla, dándonos luz para entender el presente. Así, al reflexionar sobre el ejemplo de oración de San Esteban, podemos ver cómo el primer mártir, delante del tribunal que le condena, hace esa lectura y meditación, explicando la historia de la salvación, narrada en la Biblia, desde la luz de Cristo, para demostrar que en Él se cumplen las profecías antiguas y se inaugura un nuevo culto, que sustituye a los antiguos sacrificios por el ofrecimiento de sí mismo en la cruz. Al ser llevado al suplicio, Esteban se hace uno con el Señor, y su reflexión sobre la Escritura se convierte en participación con la oración de Jesús en su agonía, de modo que, movido por el Espíritu Santo, puede hacer suyas las palabras que Cristo pronunció desde la cruz, dirigiéndolas ahora al Señor Resucitado, que se le presenta glorificado a la derecha del Padre. En nuestra oración estamos llamados también a descubrir la acción de Dios en la historia, que tiene su culmen en Cristo y a confesarlo como Señor de nuestras vidas".
Y luego saludó a los diferentes grupos: "Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Venezuela, Perú, Argentina, Chile y otros países latinoamericanos. Invito a todos a dirigir nuestra plegaria confiada a Dios Padre que nos ha revelado su amor infinito en Jesús".

domingo, agosto 14, 2011

Papa: "El oasis del espíritu, eje básico del mundo"



Dios habla en el silencio

En la audiencia general del miércoles 10 de agosto, el Santo Padre
subraya el valor de la espiritualidad monástica

Un anticipo del entusiasmo que acogerá dentro de algunos días a Benedicto XVI en Madrid para celebrar la Jornada mundial de la juventud, se vivió en el patio del palacio pontificio de Castelgandolfo, el miércoles 10 de agosto, durante la audiencia general, por parte de los numerosos grupos de jóvenes, sobre todo del continente americano, que, en viaje hacia la capital española, hicieron una breve pausa en Castelgandolfo para visitar al Papa. Los grupos más numerosos provenían de Argentina, Venezuela, Ecuador, Chile, Colombia y México. En su catequesis, el Santo Padre les habló de la necesidad del silencio para escuchar a Dios, y les puso el ejemplo de las almas contemplativas:
Queridos hermanos y hermanas:
En cada época, hombres y mujeres que consagraron su vida a Dios en la oración -como los monjes y las monjas- establecieron sus comunidades en lugares particularmente bellos, en el campo, sobre las colinas, en los valles de las montañas, a la orilla de lagos o del mar, o incluso en pequeñas islas. Estos lugares unen dos elementos muy importantes para la vida contemplativa: la belleza de la creación, que remite a la belleza del Creador, y el silencio, garantizado por la lejanía respecto a las ciudades y a las grandes vías de comunicación. El silencio es la condición ambiental que mejor favorece el recogimiento, la escucha de Dios y la meditación. Ya el hecho mismo de gustar el silencio, de dejarse, por decirlo así, "llenar" del silencio, nos predispone a la oración. El gran profeta Elías, sobre el monte Horeb -es decir, el Sinaí- presencia un huracán, luego un terremoto, y, por último, relámpagos de fuego, pero no reconoce en ellos la voz de Dios; la reconoce, en cambio, en una brisa suave (cf. 1 R 19, 11-13). Dios habla en el silencio, pero es necesario saberlo escuchar. Por eso los monasterios son oasis en los que Dios habla a la humanidad; y en ellos se encuentra el claustro, lugar simbólico, porque es un espacio cerrado, pero abierto hacia el cielo. 
Mañana, queridos amigos, haremos memoria de santa Clara de Asís. Por ello me complace recordar uno de estos "oasis" del espíritu apreciado de manera especial por la familia franciscana y por todos los cristianos: el pequeño convento de San Damián, situado un poco más abajo de la ciudad de Asís, en medio de los olivos que descienden hacia Santa María de los Ángeles. Junto a esta pequeña iglesia, que san Francisco restauró después de su conversión, Clara y las primeras compañeras establecieron su comunidad, viviendo de la oración y de pequeños trabajos. Se llamaban las "Hermanas pobres", y su "forma de vida" era la misma que llevaban los Frailes Menores: "Observar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo" (Regla de santa Clara, I, 2), conservando la unión de la caridad recíproca (cf. ib., X, 7) y observando en particular la pobreza y la humildad vividas por Jesús y por su santísima Madre (cf. ib., XII, 13). 
El silencio y la belleza del lugar donde vive la comunidad monástica -belleza sencilla y austera- constituyen como un reflejo de la armonía espiritual que la comunidad misma intenta realizar. El mundo está lleno de estos oasis del espíritu, algunos muy antiguos, sobre todo en Europa, otros recientes, otros restaurados por nuevas comunidades. Mirando las cosas desde una perspectiva espiritual, estos lugares del espíritu son la estructura fundamental del mundo. Y no es casualidad que muchas personas, especialmente en los períodos de descanso, visiten estos lugares y se detengan en ellos durante algunos días: ¡también el alma, gracias a Dios, tiene sus exigencias!
Recordemos, por tanto, a santa Clara. Pero recordemos también a otras figuras de santos que nos hablan de la importancia de dirigir la mirada a las "cosas del cielo", como santa Edith Stein, Teresa Benedicta de la Cruz, carmelita, copatrona de Europa, que celebramos ayer.

Y hoy, 10 de agosto, no podemos olvidar a san Lorenzo, diácono y mártir, con una felicitación especial a los romanos, que desde siempre lo veneran como uno de sus patronos. Por último, dirijamos nuestra mirada a la santísima Virgen María, para que nos enseñe a amar el silencio y la oración.
Tomado de L´Osservatore Romano