¡Arriba los corazones!

"Sed tengo", "Sitio" en latín, es una de las siete palabra de Jesús en la Cruz. Es Su disponibilidad que convoca a la nuestra, invitándonos al “sacrificio de la alegría”: a “hacer de tripas corazón”, para mirarlo a Él.

¡Arriba los corazones! es una frase de aliento que nos remite al "Elevemos el corazón" de la Misa, que nos dispone para el sacrificio, dejando que Él nos dirija.

Mostrando las entradas con la etiqueta Pintura. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Pintura. Mostrar todas las entradas

martes, agosto 31, 2010

La Coronación de la Santísima Virgen como Reina y Señora de Todo lo Creado



Giotto pintó estos paneles como parte central de un  políptico en la basílica franciscana de la Santa Cruz en Florencia, con su estilo nuevo, lleno de aire, luz y perspectiva, anunciador del Renacimiento, sin perder nada de la unción de la Edad Media, sino resaltándola.



lunes, agosto 30, 2010

ANUNCIACIÓN



Miniatura en Misal, de Zanobi Strozzi, colaborador del Beato Angelico. 

Alrededor del año 1430, ¡qué plenas la paz y la confianza que transmite!

sábado, julio 11, 2009

Las significativas encrucijadas de "Las Meninas" de Velazquez



"Las Meninas" de Velázquez nos coloca en una encrucijada de perspectivas y significados que ha inspirado a muchos estudiosos. Michel Foucault lo toma como eje de sus análisis en "Las palabras y las cosas".

La complejidad de las opciones y de las prioridades que se conjugan en esta escena nos asoma directamente a lo invisible, o a lo inasible, o impensado. En este video, el locutor comenta que la trabajada composición del cuadro lo convierte en "una brillante defensa de la nobleza de la pintura", precisamente porque nos lleva a Dios mismo.

Desde la perspectiva cristiana, la figura del Rey y de la Reina, reflejados en el espejo, nos remiten al Rey de Reyes, al Creador, que podemos descubrir detrás de la escena, quien también nos visita y nos invita a mirarlo, haciendo así efectiva toda la nobleza de nuestra vida.

En un pasaje de su libro "Las verdades robadas", el R.P. Miguel Angel Fuentes, IVE, explica cómo el hombre renuncia a esa nobleza cuando deja de creer en Dios:

¿Existe Dios? Su existencia ¿es una cuestión religiosa o científica? ¿Puede uno ser un profesional y creer en Dios? Para muchos el contacto con el mundo científico (falsamente científico, se entiende) es la puerta por la que entran al mundo del ateísmo, o al menos del agnosticismo. He escuchado varias veces la frase “yo me declaro agnóstico”, en boca de personas famosas; probablemente ignoran que tal afirmación equivale a declararse manco o ciego o impotente en el plano intelectual. El conocimiento de Dios es ciertamente una cuestión religiosa, si se entiende por “cuestión religiosa” un problema de fe; pero también es una cuestión científica, pues la filosofía es una ciencia, y nuestra inteligencia, filosofando llega a esta gran verdad.

El Padre Antonio Orozco-Delclos encara muy bien este tema en un artículo sobre "el hombre y el mono", del que transcribo un par de párrafos a continuación:

Más que la figura o la anatomía, lo que revela la naturaleza de las cosas es su operación, sus obras. Por eso, desde la naturaleza del obrar se puede concluir en la naturaleza del ser que obra. Por la naturaleza de las operaciones humanas podemos conocer lo que el hombre es. Y si vemos —como es el caso— que algunas de sus operaciones exceden con suficiente amplitud y evidencia las posibilidades de la materia, habremos de concluir rigurosamente que existe en el hombre un componente de naturaleza superior e irreductible a la materia, proporcionado a la índole de las operaciones que ostenta (al que llamamos espíritu).

Es rigurosamente demostrable que el hombre es un ser compuesto de alma espiritual (inmortal) y cuerpo (material). Sin embargo, el materialismo sigue siendo un error cada día más difundido, obturador del pensamiento y del conocimiento sobre el hombre. Un error que según el premio Nobel John Eccles constituye una superstición. Un error que crea mitos fantásticos, como el que supone que el hombre entero no es más que un hijo ilustre del simio y, en consecuencia, que es un ser reductible a materia, a «cosa», aunque muy evolucionada.


domingo, septiembre 10, 2006

Rembrandt y los dos Josés de la Biblia




El primer grabado se centra en José, el hijo de Jacob, que relata sus sueños. La ilustración es extraordinaria: prácticamente se adivina la secuencia. La impresión que produce es casi cinematográfica. 
El siguiente grabado, que aparece a modo de acápite en este blog, es una ilustración del versículo 51 del capítulo 2 de San Lucas, que culmina el episodio del niño perdido y hallado en el Templo: "Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos."  En este episodio, dice un comentador griego (Catena Aurea):
... (Jesús) nos enseña que hay tres cosas que deben aventajar a las demás: amar a Dios, honrar a sus padres y dar la preferencia a Dios aun sobre los mismos padres. Porque cuando fue reprendido por sus padres, considera como de poca importancia todas las cosas que no son de Dios, y luego obedece también a sus padres.
Esta actitud, que puede parecer paradójica, abarca en un solo movimiento a Dios y a los hombres, y es característica del ánimo religioso.
El arte de Rembrandt logra transmitir instantáneamente, mucho antes del Siglo XX y del cine, a través de la imagen, la complejidad de los estados de ánimo, invitándonos a descubrir su trabazón, hasta el límite mismo de lo natural y lo sobrenatural, que los temas bíblicos explicitan. En el caso de los sueños de José, atestigua el diverso grado de perplejidad de sus oyentes ante lo sobrenatural, que contrasta con la confiada y sencilla serenidad del soñador. En la escena evangélica contemplamos lo sobrenatural naturalizado, por decirlo así.

Es interesante meditar cómo los sueños del joven hijo de Jacob, particularmente cuando se ve reverenciado por el sol, la luna y las estrellas, deben haber tenido un valor simbólico singularísimo en la vida interior del otro José, esposo de la Virgen, para comprender la situación que le tocaba vivir, agregando una perspectiva personal a los anuncios proféticos que en su hogar se cumplían. Este punto está muy bien tratado por Michel Gasnier, O.P. en su libro Los silencios de San José, que es excelente para quienes quieran profundizar en nuestra religión, conociendo mejor al mayor de los santos, después de la Santísima Virgen María.

Y volviendo a Rembrandt, me parece un magnífico ejemplo para meditar sobre la capacidad del arte para alcanzar cúspides insuperables. En general creemos que mientras la ciencia y la tecnología se desarrollan, y van superando las cumbres alcanzadas, integrando a las anteriores, el arte alcanza sucesivas y aparentemente aisladas cumbres. Quizás esta situación se relaciona con aquella calificación de Pascal entre el espíritu de finura, que tiene que ver con el humanismo, y el espíritu de geometría, que representa a la ciencia.

Pero, aunque no nos resulte claro de entrada, la gran cordillera del humanismo y sus vertientes tiene tanta unidad como la ciencia, y si en principio se nos escapa, es por una cierta remolonería, una cierta desidia, muy humana, para dar el paso trascendente.

La humildad y la sencillez, que el joven José nos transmite tan bien, nos permiten superar esta situación, ocuparnos de lo invisible, que de eso se trata.

Pienso que estos dos grabados de Rembrandt nos hablan de estas cosas, basándose en su misma fuente, que es la Palabra de Dios.

sábado, marzo 18, 2006

"Jesús, José y María entrecasa" encabezan este soñado Blog




La Sagrada Familia del pajarito
Bartolomé Esteban Murillo, 1650
Museo del Prado

El 19 de marzo, fiesta de San José, esposo de la Virgen que -por caer en domingo- se celebra mañana, comienzo la publicación de este blog, que pensé el sábado pasado: para escribir sobre la Iglesia, Jesús, María y José y todos los santos, y acerca de todo lo que ellos nos enseñan. Y también sobre mi país, el Uruguay, y su gente.

Relaciono estos dos grandes temas en la perspectiva de
Memoria e Identidad, uno de los últimos libros del gran Juan Pablo II.

El
Uruguay es un país con originalidades, que Emir Rodrí­guez Monegal resumió en buena parte, hace unos cuarenta años, en un artículo inédito que subí aquí, cuando noté que ya no está en su sitio original (donde se puede consultar excelente material sobre Rodríguez Monegal). Agregaría que, quizás por la necesidad de defender la fe, hubo santos obispos, comenzando por Jacinto Vera, que marcaron una luminosa huella, y la intelectualidad católica, congregada en el influyente Club Católico, fue activa y brillante, con preponderante participación de los laicos (en esta conferencia del P. Horacio Bojorge, S.J., sobre H. Terra Arocena, se puede consultar, hacia el final, el párrafo titulado: "Breve disgresión sobre nuestros teólogos laicos"). También fue notable el apostolado del clero y de los religiosos, que llegaban sin cesar de Europa.

Las estadísticas variaron con los años, y también la óptica de la época, pero se mantienen la historia y el talante, que son determinantes

Personalmente encuentro que la influencia británica es mayor de lo que pensaba Rodrí­guez Monegal. Y quizás sea la sangre "charrúa" (quizás sería más exacto decir "indígena", o más precisamente guaraní) que el artiguismo potenció, sin dejar de ser católico, sino como expresión de la libertad compartida, que promueve el Papa Benedicto XVI, la que aumenta esa familiaridad, inculcándonos un cierto conservadurismo de izquierda, similar en su tenacidad al que los británicos ejercen en sus vías de tránsito, que se manifiesta también en una marcada sobriedad.

Esto es para empezar, y como hay tanto para decir, trataré de ser asidua en mis aportes, y me sentiré feliz si encuentro lectores.