¡Arriba los corazones!

"Sed tengo", "Sitio" en latín, es una de las siete palabra de Jesús en la Cruz. Es Su disponibilidad que convoca a la nuestra, invitándonos al “sacrificio de la alegría”: a “hacer de tripas corazón”, para mirarlo a Él.

¡Arriba los corazones! es una frase de aliento que nos remite al "Elevemos el corazón" de la Misa, que nos dispone para el sacrificio, dejando que Él nos dirija.

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domingo, febrero 06, 2011

A 30 años de la muerte de Marthe Robin

La casa de Marthe Robin, con glicinas en el frente.  Es una granja en 
Châteauneuf-de-Galaure, cerca de Lyon, donde nació en 1902 y vivió toda su vida

El  programa  de hoy de "La Foi prise au Mot" en la televisión católica KTO fue dedicado a Marthe Robin, al cumplirse 30 años de su muerte.

Pueden verlo siguiendo este enlace.   El 21 de enero habían difundido un documental, titulado "La Misión de Marthe Robin".

Actualmente Sierva de Dios, los sufrimientos de Marthe fueron extraordinarios (sólo se alimentaba de la Eucaristía semanal y recibía los estigmas de la Pasión de Cristo desde la tarde de cada jueves).  Todo lo ofrecía unida a Cristo, para el bien de la Iglesia, de los sacerdotes y del mundo.   En sus palabras también aparece el anuncio de un nuevo Pentecostés.   Recibía muchos visitantes, y fue la fundadora de los "Hogares de Caridad".

Jean Guitton escribió sobre ella un libro muy completo, "Retrato de Marta Robin", que se puede leer en Conoze.com o descargar desde Scribd.


En español, encontramos este video en YouTube:



Y éste es el video oficial de los Foyers de Charité:


Qui est Marthe Robin ? (vidéo officielle)
Cargado por martherobin. - Más video blogs y vloggers.

martes, septiembre 21, 2010

La homilía del Papa en la Catedral de la Preciosísima Sangre de Cristo



El Santo Padre Benedicto XVI celebró la Misa el sábado pasado, 18 de setiembre, en la Catedral de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, Iglesia Matriz de Inglaterra, en Londres (Westminster).

Los párrafos que siguen de su homilía resumen bellamente, con maestría y sabiduría, la conexión existente entre el sacrificio de Jesucristo en la cruz, el sacrificio eucarístico y nuestro propio sacrificio, y nos conducen e inducen a una meditación profunda, y a una mirada renovada de la realidad del mundo.
El sacrificio eucarístico del Cuerpo y la Sangre de Cristo abraza a su vez el misterio de la pasión de nuestro Señor, que continúa en los miembros de su Cuerpo místico, en la Iglesia en cada época. El gran crucifijo que aquí se yergue sobre nosotros, nos recuerda que Cristo, nuestro sumo y eterno sacerdote, une cada día a los méritos infinitos de su sacrificio nuestros propios sacrificios, sufrimientos, necesidades, esperanzas y aspiraciones. Por Cristo, con Él y en Él, presentamos nuestros cuerpos como sacrificio santo y agradable a Dios (cf. Rm 12,1). En este sentido, nos asociamos a su ofrenda eterna, completando, como dice San Pablo, en nuestra carne lo que falta a los dolores de Cristo en favor de su cuerpo, que es la Iglesia (cf. Col 1,24). En la vida de la Iglesia, en sus pruebas y tribulaciones, Cristo continúa, según la expresión genial de Pascal, estando en agonía hasta el fin del mundo (Pensées, 553, ed. Brunschvicg).
Vemos este aspecto del misterio de la Sangre Preciosa de Cristo actualizado de forma elocuente por los mártires de todos los tiempos, que bebieron el cáliz que Cristo mismo bebió, y cuya propia sangre, derramada en unión con su sacrificio, da nueva vida a la Iglesia. También se refleja en nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo que aun hoy sufren discriminación y persecución por su fe cristiana. También está presente, con frecuencia de forma oculta, en el sufrimiento de cada cristiano que diariamente une sus sacrificios a los del Señor para la santificación de la Iglesia y la redención del mundo. Pienso ahora de manera especial en todos los que se unen espiritualmente a esta celebración eucarística y, en particular, en los enfermos, los ancianos, los discapacitados y los que sufren mental y espiritualmente.
Pienso también en el inmenso sufrimiento causado por el abuso de menores, especialmente por los ministros de la Iglesia. Por encima de todo, quiero manifestar mi profundo pesar a las víctimas inocentes de estos crímenes atroces, junto con mi esperanza de que el poder de la gracia de Cristo, su sacrificio de reconciliación, traerá la curación profunda y la paz a sus vidas. Asimismo, reconozco con vosotros la vergüenza y la humillación que todos hemos sufrido a causa de estos pecados; y os invito a presentarlas al Señor, confiando que este castigo contribuirá a la sanación de las víctimas, a la purificación de la Iglesia y a la renovación de su inveterado compromiso con la educación y la atención de los jóvenes. Agradezco los esfuerzos realizados para afrontar este problema de manera responsable, y os pido a todos que os preocupéis de las víctimas y os compadezcáis de vuestros sacerdotes.

sábado, junio 05, 2010

¡Atrevámosnos todo lo que podamos! ¡Démosles nosotros de comer!



El servicio Contemplar el Evangelio de hoy, que a través de una simple suscripción nos hace llegar el texto del Evangelio que cada día se lee en la Misa, junto con la homilía correspondiente (también en audio), para la Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo que se celebra este domingo, nos hizo llegar junto con el Evangelio (Lc 9,11b-17), este precioso comentario, del Rvdo. D. Manuel Cociña Abella:
Dadles vosotros de comer
Hoy es el día más grande para el corazón de un cristiano, porque la Iglesia, después de festejar el Jueves Santo la institución de la Eucaristía, busca ahora la exaltación de este augusto Sacramento, tratando de que todos lo adoremos ilimitadamente. «Quantum potes, tantum aude...», «atrévete todo lo que puedas»: ésta es la invitación que nos hace santo Tomás de Aquino en un maravilloso himno de alabanza a la Eucaristía. Y esta invitación resume admirablemente cuáles tienen que ser los sentimientos de nuestro corazón ante la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Todo lo que podamos hacer es poco para intentar corresponder a una entrega tan humilde, tan escondida, tan impresionante. El Creador de cielos y tierra se esconde en las especies sacramentales y se nos ofrece como alimento de nuestras almas. Es el pan de los ángeles y el alimento de los que estamos en camino. Y es un pan que se nos da en abundancia, como se distribuyó sin tasa el pan milagrosamente multiplicado por Jesús para evitar el desfallecimiento de los que le seguían: «Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que habían sobrado: doce canastos» (Lc 9,17).


Ante esa sobreabundancia de amor, debería ser imposible una respuesta remisa. Una mirada de fe, atenta y profunda, a este divino Sacramento, deja paso necesariamente a una oración agradecida y a un encendimiento del corazón. San Josemaría solía hacerse eco en su predicación de las palabras que un anciano y piadoso prelado dirigía a sus sacerdotes: «Tratádmelo bien».


Un rápido examen de conciencia nos ayudará a advertir qué debemos hacer para tratar con más delicadeza a Jesús Sacramentado: la limpieza de nuestra alma —siempre debe estar en gracia para recibirle—, la corrección en el modo de vestir —como señal exterior de amor y reverencia—, la frecuencia con la que nos acercamos a recibirlo, las veces que vamos a visitarlo en el Sagrario... Deberían ser incontables los detalles con el Señor en la Eucaristía. Luchemos por recibir y por tratar a Jesús Sacramentado con la pureza, humildad y devoción de su Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.

lunes, diciembre 21, 2009

Adoro te devote




Los hermanos de la fraternidad "Toca de Assis", creada en Brasil por el Padre Roberto Lettieri, con inspiración franciscana, cantan acá el himno eucarístico "Adoro te devote", de Santo Tomás de Aquino:


Adoro te devote, latens Deitas,            Te adoro con devoción, Dios escondido
Quae sub his figuris vere latitas:          oculto verdaderamente bajo estas apariencias:
Tibi se cor meum totum subiicit,          A ti se somete mi corazón por completo,
Quia te contemplans totum deficit.       Y se rinde totalmente al contemplarte.



Visus, tactus, gustus in te fallitur,         Al juzgar de ti se equivocan la vista, el tacto,
Sed auditu solo tuto creditur.               el gusto.  Pero basta el oído para creer con
Credo quidquid dixit Dei Filius:            firmeza. Creo todo lo que dijo el Hijo de Dios:
Nil hoc verbo Veritatis verius.              Nada es más verdadero que esta Palabra de

                                                          verdad.

In cruce latebat sola Deitas,                 En la Cruz se escondía sólo la Divinidad,

At hic latet simul et humanitas;            pero aquí se esconde también la humanidad;
Ambo tamen credens atque confitens,   sin enmbargo, creo y confieso ambas cosas,
Peto quod petivit latro paenitens.         y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.  

Plagas, sicut Thomas, non intueor;        No veo las llagas como las vio Tomás;
Deum tamen meum te confiteor.          pero confieso que eres mi Dios.
Fac me tibi semper magis credere,       Haz que yo crea más y más en Ti,
In te spem habere, te diligere.             que en Ti espere, y que te ame.

O memoriale mortis Domini!                 ¡Memorial de la muerte del Señor!
Panis vivus, vitam praestans homini!     Pan vivo que das vida al hombre:
Praesta meae menti de te vivere           concede a mi alma que de Ti viva,
Et te illi semper dulce sapere.                y que siempre saboree tu dulzura.

Pie pellicane, Iesu Domine,                   Señor Jesús, pelícano bueno,
Me immundum munda tuo sanguine.       Límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre,
Cuius una stilla salvum facere                de la que una sola gota puede liberar
Totum mundum quit ab omni scelere.    de todos los crímenes al mundo entero.

Iesu, quem velatum nunc aspicio,          Jesús, a quien ahora veo oculto,
Oro fiat illud quod tam sitio;                 te ruego que se cumpla lo que tanto ansío:
Ut te revelata cernens facie,                 que al mirar tu rostro cara a cara,
Visu sim beatus tuae gloriae.                 sea yo feliz viendo tu gloria.

Amen                                                  Amén.


¡Qué belleza! ¡Qué amable y reconfortante, la adoración al Santísimo Sacramento, que es Dios invisible, hecho visible y palpable, gracias a Dios, como principio y fin de la Santa Misa, y de la vida de la Iglesia, que es "Iglesia de Eucaristía".  Dios que se hace presente en nuestras vidas y en la vida del mundo, y hace posible la fe.




Sigue una pequeña meditación de Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, que toma palabras de San Josemaría:

“Te adoro, te amo, auméntame la fe”


Cuando le recibas, dile: Señor, espero en Ti; te adoro, te amo, auméntame la fe. Sé el apoyo de mi debilidad, Tú, que te has quedado en la Eucaristía, inerme, para remediar la flaqueza de las criaturas. (Forja, 832)

2000/11/25

Asistiendo a la Santa Misa, aprenderéis a tratar a cada una de las Personas divinas: al Padre, que engendra al Hijo; al Hijo, que es engendrado por el Padre; al Espíritu Santo que de los dos procede. Tratando a cualquiera de las tres Personas, tratamos a un solo Dios; y tratando a las tres, a la Trinidad, tratamos igualmente a un solo Dios único y verdadero. Amad la Misa, hijos míos, amad la Misa. Y comulgad con hambre, aunque estéis helados, aunque la emotividad no responda: comulgad con fe, con esperanza, con encendida caridad.

No ama a Cristo quien no ama la Santa Misa, quien no se esfuerza en vivirla con serenidad y sosiego, con devoción, con cariño. El amor hace a los enamorados finos, delicados; les descubre, para que los cuiden, detalles a veces mínimos, pero que son siempre expresión de un corazón apasionado. De este modo hemos de asistir a la Santa Misa. Por eso he sospechado siempre que, los que quieren oír una Misa corta y atropellada, demuestran con esa actitud poco elegante también, que no han alcanzado a darse cuenta de lo que significa el Sacrificio del altar.

El amor a Cristo, que se ofrece por nosotros, nos impulsa a saber encontrar, acabada la Misa, unos minutos para una acción de gracias personal, íntima, que prolongue en el silencio del corazón esa otra acción de gracias que es la Eucaristía. 
(Es Cristo que pasa, nn. 91-92)