¡Arriba los corazones!

"Sed tengo", "Sitio" en latín, es una de las siete palabra de Jesús en la Cruz. Es Su disponibilidad que convoca a la nuestra, invitándonos al “sacrificio de la alegría”: a “hacer de tripas corazón”, para mirarlo a Él.

¡Arriba los corazones! es una frase de aliento que nos remite al "Elevemos el corazón" de la Misa, que nos dispone para el sacrificio, dejando que Él nos dirija.

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sábado, septiembre 15, 2012

Es cuestión de fe




Muchas personas acuden a san Josemaría Escrivá para que interceda por ellos ante Dios.  Así lo explican personas de distintos países en este excelente documental, producido por Alberto Michelini en 1999.


miércoles, mayo 23, 2012

CONOCER PERSONALMENTE A BRUCE SPRINGSTEEN - EN RESPUESTA A UNA ORACIÓN

El texto siguiente apareció como comentario en el Blog del Padre Fortea, en el día de ayer.  Como siento que encierra un "pequeño" gran mensaje, creo que merece destacarse especialmente.  Así es que lo incluyo como entrada en este blog:


CONOCER PERSONALMENTE A BRUCE SPRINGSTEEN Y DANDO A CONOCER A DIOS A LOS DEMÁS:


Lo prometido es deuda. Te dije San Josemaría que si me concedías la gracia te lo publicaría y como tantísimas veces me has ayudado tanto en cosas graves y urgentes hasta los más pequeños detalles en mi vida cumplo lo poquito que te ofrecí. En esta ocasión atendiste una de esas cosas que hacen ilusión sin ser muy importantes, pero más importante que obtener la gracia en sí es ver la grandeza de Dios en demostrar que para ÉL no hay nada imposible. Como ya publiqué hace 3 años porque también me lo concedió, fui a ver el concierto de BRUCE SPRINGSTEEN, y después me acerqué al hotel donde se hospedaba con la esperanza de saludarle personalmente, hacerme una foto con él y los miembros de su banda y pedirles un autógrafo. Dicho y hecho, si lo conseguí hace tres años, ahora otra vez en Sevilla tras el concierto del 13 de mayo de 2012 conseguí nuevamente lo que buscaba. Es verdaderamente difícil hacerlo, porque sus guardaespaldas no dejan aproximarse a la gente. Son miles los fans que se acercan de golpe y a todos no puede atender. Por seguridad son personajes poco accesibles. Solo recé con confianza la estampa de San Josemaría, y la llevé en todo momento en mi bolsillo junto a mi corazón. Tuve la certeza absoluta de que lo iba a conseguir, como así fue. Me hice amigo de un matrimonio de catalanes muy simpáticos que vinieron a ver el concierto. Me contaron que lo habían ido a ver en más de 100 ocasiones, en USA, España y varios países de Europa, pero jamás consiguieron hacerse un foto con él, era algo que se había convertido casi en una obsesión para ellos. Durante la espera me vieron mover los labios y me preguntaron qué hacía yo. Les contesté sin ningún complejo que estaba rezando. Al poco se cumplió el sueño que tanto buscaban y se hicieron unas fotografías con Bruce al igual que yo. Me abrazaron emocionados casi llorando. Curiosamente en ese mismo momento se cruzó conmigo un sacerdote muy joven vestido de negro con su clerigman y le pedí por favor me diera su bendición. Mis amigos me preguntaron si lo conocía y qué había hecho, les dije que no lo conocía y que simplemente le pedí su bendición.
Al día siguiente este matrimonio de ahora amigos catalanes me llamaron para decirme que habían entrado en un templo para ponerle un velón inmenso al Señor como agradecimiento por haber conseguido aquello que les parecía tan imposible y que al lado mío había sido tan fácil, no por mí, sino por la intercesión de San Josemaría. Creo que la forma en como sucedieron las cosas, metiendo a Dios por medio les hará reflexionar y ójala acercarse más a Dios. Nunca olvidemos como dice el Salmo 126 que el esfuerzo humano es inútil si no contamos con Dios. Tanto si es encontrar un trabajo, la pareja de tu vida, recuperar la salud, o conocer a Bruce Springsteen en persona…, etc.  Pon a Dios lo primero, y si no es concedido lo que se pide sencillamente es que era algo que nos perjudicaba. De hecho tras el concierto me quedé en Sevilla para hacer mi retiro espiritual anual y poner cada cosa en su sitio. A Dios el primer lugar, por encima de todo como se merece.


Salmo 126
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
(Aunque no aparece el nombre del  autor(a) del comentario, sí se muestra un enlace a su blog  Jesús es mi vida, diario de una madre imperfecta)

domingo, noviembre 20, 2011

Homilía de San Josemaría en la fiesta de Cristo Rey (1970)


18. CRISTO REY
Homilía pronunciada por Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer,
el 22-XI-1970, fiesta de Cristo Rey.
(Forma parte del Libro “Es Cristo que pasa”, al que pertenece la numeración de los párrafos - 178 a 186)

178.
Termina el año litúrgico, y en el Santo Sacrificio del Altar renovamos al Padre el ofrecimiento de la Víctima, Cristo, Rey de santidad y de gracia, rey de justicia, de amor y de paz, como leeremos dentro de poco en el Prefacio . Todos percibís en vuestras almas una alegría inmensa, al considerar la santa Humanidad de Nuestro Señor: un Rey con corazón de carne, como el nuestro; que es autor del universo y de cada una de las criaturas, y que no se impone dominando: mendiga un poco de amor, mostrándonos, en silencio, sus manos llagadas.
¿Por qué, entonces, tantos lo ignoran? ¿Por qué se oye aún esa protesta cruel: nolumus hunc regnare super nos , no queremos que éste reine sobre nosotros? En la tierra hay millones de hombres que se encaran así con Jesucristo o, mejor dicho, con la sombra de Jesucristo, porque a Cristo no lo conocen, ni han visto la belleza de su rostro, ni saben la maravilla de su doctrina.
Ante ese triste espectáculo, me siento inclinado a desagraviar al Señor. Al escuchar ese clamor que no cesa y que, más que de voces, está hecho de obras poco nobles, experimento la necesidad de gritar alto: oportet illum regnare! , conviene que El reine.
Oposición a Cristo
Muchos no soportan que Cristo reine; se oponen a El de mil formas: en los diseños generales del mundo y de la convivencia humana; en las costumbres, en la ciencia, en el arte. ¡Hasta en la misma vida de la Iglesia! Yo no hablo -escribe S. Agustín- de los malvados que blasfeman de Cristo. Son raros, en efecto, los que lo blasfeman con la lengua, pero son muchos los que lo blasfeman con la propia conducta .
A algunos les molesta incluso la expresión Cristo Rey: por una superficial cuestión de palabras, como si el reinado de Cristo pudiese confundirse con fórmulas políticas; o porque, la confesión de la realeza del Señor, les llevaría a admitir una ley. Y no toleran la ley, ni siquiera la del precepto entrañable de la caridad, porque no desean acercarse al amor de Dios: ambicionan sólo servir al propio egoísmo.
El Señor me ha empujado a repetir, desde hace mucho tiempo, un grito callado: serviam!, serviré. Que El nos aumente esos afanes de entrega, de fidelidad a su divina llamada -con naturalidad, sin aparato, sin ruido-, en medio de de la calle. Démosle gracias desde el fondo del corazón. Dirijámosle una oración de súbditos, ¡de hijos!, y la lengua y el paladar se nos llenarán de leche y de miel, nos sabrá a panal tratar del Reino de Dios, que es un Reino de libertad, de la libertad que El nos ganó .

179.
Cristo, Señor del mundo

Quisiera que considerásemos cómo ese Cristo, que -Niño amable- vimos nacer en Belén, es el Señor del mundo: pues por El fueron creados todos los seres en los cielos y en la tierra; El ha reconciliado con el Padre todas las cosas, restableciendo la paz entre el cielo y la tierra, por medio de la sangre que derramó en la cruz . Hoy Cristo reina, a la diestra del Padre: declaran aquellos dos ángeles de blancas vestiduras, a los discípulos que estaban atónitos contemplando las nubes, después de la Ascensión del Señor: varones de Galilea ¿por qué estáis ahí mirando al cielo? Este Jesús, que separándose de vosotros ha subido al cielo, vendrá de la misma manera que le acabáis de ver subir .
Por El reinan los reyes , con la diferencia de que los reyes, las autoridades humanas, pasan; y el reino de Cristo permanecerá por toda la eternidad , su reino es un reino eterno y su dominación perdura de generación en generación .
El reino de Cristo no es un modo de decir, ni una imagen retórica. Cristo vive, también como hombre, con aquel mismo cuerpo que asumió en la Encarnación, que resucitó después de la Cruz y subsiste glorificado en la Persona del Verbo juntamente con su alma humana, Cristo, Dios y Hombre verdadero, vive y reina y es el Señor del mundo. Sólo por El se mantiene en vida todo lo que vive.
¿Por qué, entonces, no se aparece ahora en toda su gloria? Porque su reino no es de este mundo , aunque está en el mundo. Había replicado Jesús a Pilatos: Yo soy rey. Yo para esto nací: para dar testimonios de la verdad; todo aquel que pertenece a la verdad, escucha mi voz . Los que esperaban del Mesías un poderío temporal visible, se equivocaban: que no consiste el reino de Dios en el comer ni en el beber, sino en la justicia, en la paz y en el gozo del Espíritu Santo .
Verdad y justicia; paz y gozo en el Espíritu Santo. Ese es el reino de Cristo: la acción divina que salva a los hombres y que culminará cuando la historia acabe, y el Señor, que se sienta en lo más alto del paraíso, venga a juzgar definitivamente a los hombres.
Cuando Cristo inicia su predicación en la tierra, no ofrece un programa político, sino que dice: haced penitencia, porque está cerca el reino de los cielos ; encarga a sus discípulos que anuncien esa buena nueva , y enseña que se pida en la oración el advenimiento del reino . Esto es el reino de Dios y su justicia, una vida santa: lo que hemos de buscar primero , lo único verdaderamente necesario .
La salvación, que predica Nuestro Señor Jesucristo, es una invitación dirigida a todos; acontece lo que a cierto rey, que celebró las bodas de su hijo y envió a los criados a llamar a los convidados a las bodas . Por eso, el Señor revela que el reino de los cielos está en medio de vosotros .
Nadie se encuentra excluido de la salvación, si se allana libremente a las exigencias amorosas de Cristo: nacer de nuevo , hacerse como niños, en la sencillez de espíritu ; alejar el corazón de todo lo que aparte de Dios . Jesús quiere hechos, no sólo palabras . Y esfuerzo denodado, porque sólo los que luchan serán merecedores de la herencia eterna .
La perfección del reino -el juicio definitivo de salvación o de condenación- no se dará en la tierra. Ahora el reino es como una siembra , como el crecimiento del grano de mostaza ; su fin será como la pesca con la red barredera, de la que traída a la arena-serán extraídos, para suertes distintas, los que obraron la justicia y los que ejecutaron la iniquidad . Pero, mientras vivimos aquí, el reino se asemeja a la levadura que cogió una mujer y la mezcló con tres celemines de harina, hasta que toda la masa quedó fermentada .
Quien entiende el reino que Cristo propone, advierte que vale la pena jugarse todo por conseguirlo: es la perla que el mercader adquiere a costa de vender lo que posee, es el tesoro hallado en el campo . El reino de los cielos es una conquista difícil: nadie está seguro de alcanzarlo , pero el clamor humilde del hombre arrepentido logra que se abran sus puertas de par en par. Uno de los ladrones que fueron crucificados con Jesús le suplica: Señor, acuérdate de mí cuando hayas llegado a tu reino. Y Jesús le respondió: en verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso .

180.
El reino en el alma


¡Qué grande eres Señor y Dios nuestro! Tú eres el que pones en nuestra vida el sentido sobrenatural y la eficacia divina. Tú eres la causa de que, por amor de tu Hijo, con todas las fuerzas de nuestro ser, con el alma y con el cuerpo podamos repetir: oportet illum regnare!, mientras resuena la copla de nuestra debilidad, porque sabes que somos criaturas -¡y qué criaturas!- hechas de barro, no sólo en los pies . también en el corazón y en la cabeza. A lo divino, vibraremos exclusivamente por ti.
Cristo debe reinar, antes que nada, en nuestra alma. Pero qué responderíamos, si El preguntase: tú, ¿cómo me dejas reinar en ti? Yo le contestaría que, para que El reine en mí, necesito su gracia abundante: únicamente así hasta el último latido, hasta la última respiración, hasta la mirada menos intensa, hasta la palabra más corriente, hasta la sensación más elemental se traducirán en un hosanna a mi Cristo Rey.
Si pretendemos que Cristo reine, hemos de ser coherentes: comenzar por entregarle nuestro corazón. Si no lo hiciésemos, hablar del reinado de Cristo sería vocerío sin sustancia cristiana, manifestación exterior de una fe que no existiría, utilización fraudulenta del nombre de Dios para las componendas humanas.
Si la condición para que Jesús reinase en mi alma, en tu alma, fuese contar previamente en nosotros con un lugar perfecto, tendríamos razón para desesperarnos. Pero no temas, hija de Sión: mira a tu Rey, que viene sentado sobre un borrico . ¿Lo veis? Jesús se contenta con un pobre animal, por trono. No sé a vosotros; pero a mí no me humilla reconocerme, a los ojos del Señor, como jumento: como un borriquito soy yo delante de ti; pero estaré siempre a tu lado, porque tú me has tomado de tu diestra , tú me llevas por el ronzal.
Pensad en las características de un asno, ahora que van quedando tan pocos. No en el burro viejo y terco, rencoroso, que se venga con una coz traicionera, sino en el pollino joven: las orejas estiradas como antenas, austero en la comida, duro en el trabajo, con el trote decidido y alegre. Hay cientos de animales más hermosos, más hábiles y más crueles. Pero Cristo se fijó en e, para presentarse como rey ante el pueblo que lo aclamaba. Porque Jesús no sabe qué hacer con la astucia calculadora, con la crueldad de corazones fríos, con la hermosura vistosa pero hueca. Nuestro Señor estima la alegría de un corazón mozo, el paso sencillo, la voz sin falsete, los ojos limpios, el oído atento a su palabra de cariño. Así reina en el alma.
 
181.
Reinar sirviendo


Si dejamos que Cristo reine en nuestra alma, no nos convertiremos en dominadores, seremos servidores de todos los hombres. Servicio. ¡Cómo me gusta esta palabra! Servir a mi Rey y, por El, a todos los que han sido redimidos con su sangre. ¡Si los cristianos supiésemos servir! Vamos a confiar al Señor nuestra decisión de aprender a realizar esta tarea de servicio, porque sólo sirviendo podremos conocer y amar a Cristo, y darlo a conocer y lograr que otros más lo amen.
¿Cómo lo mostraremos a las almas? Con el ejemplo: que seamos testimonio suyo, con nuestra voluntaria servidumbre a Jesucristo, en todas nuestras actividades, porque es el Señor de todas las realidades de nuestra vida, porque es la única y la última razón de nuestra existencia. Después, cuando hayamos prestado ese testimonio del ejemplo, seremos capaces de instruir con la palabra, con la doctrina. Así obró Cristo: coepit facere et docere , primero enseñó con obras, luego con su predicación divina.
Servir a los demás, por Cristo, exige ser muy humanos. Si nuestra vida es deshumana, Dios no edificará nada en ella, porque ordinariamente no construye sobre el desorden, sobre el egoísmo, sobre la prepotencia. Hemos de disculpar a todos, hemos de perdonar a todos. No diremos que lo injusto es justo, que la ofensa a Dios no es ofensa a Dios, que lo malo es bueno. Pero, ante el mal, no contestaremos con otro mal, sino con la doctrina clara y con la acción buena: ahogando el mal en abundancia de bien . Así Cristo reinará en nuestra alma, y en las almas de los que nos rodean.
Intentan algunos construir la paz en el mundo, sin poner amor de Dios en sus propios corazones, sin servir por amor de Dios a las criaturas. ¿Cómo será posible efectuar, de ese modo, una misión de paz? La paz de Cristo es la del reino de Cristo; y el reino de nuestro Señor ha de cimentarse en el deseo de santidad, en la disposición humilde para recibir la gracia, en una esforzada acción de justicia, en un divino derroche de amor.

182.
Cristo en la cumbre de las actividades humanas

Esto es realizable, no es un sueño inútil. ¡Si los hombres nos decidiésemos a albergar en nuestros corazones el amor de Dios! Cristo, Señor Nuestro, fue crucificado y, desde la altura de la Cruz, redimió al mundo, restableciendo la paz entre Dios y los hombres. Jesucristo recuerda a todos: et ego, si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum , si vosotros me colocáis en la cumbre de todas las actividades de la tierra, cumpliendo el deber de cada momento, siendo mi testimonio en lo que parece grande y en lo que parece pequeño, omnia traham ad meipsum, todo lo atraré hacia mí. ¡Mi reino entre vosotros será una realidad!
Cristo, Nuestro Señor, sigue empeñado en esta siembra de salvación de los hombres y de la creación entera, de este mundo nuestro, que es bueno, porque salió bueno de las manos de Dios. Fue la ofensa de Adán, el pecado de la soberbia humana, el que rompió la armonía divina de lo creado.
Pero Dios Padre, cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo Unigénito, que -por obra del Espíritu Santo- tomó carne en María siempre Virgen, para restablecer la paz, para que, redimiendo al hombre del pecado, adoptionem filiorum reciperemus , fuéramos constituidos hijos de Dios, capaces de participar en la intimidad divina: para que así fuera concedido a este hombre nuevo, a esta nueva rama de los hijos de Dios , liberar el universo entero del desorden, restaurando todas las cosas en Cristo , que los ha reconciliado con Dios .
A esto hemos sido llamados los cristianos, ésa es nuestra tarea apostólica y el afán que nos debe comer el alma: lograr que sea realidad el reino de Cristo, que no haya más odios ni más crueldades, que extendamos en la tierra el bálsamo fuerte y pacífico del amor. Pidamos hoy a nuestro Rey que nos haga colaborar humilde y fervorosamente en el divino propósito de unir lo que el hombre ha desordenado, de llevar a su fin lo que se descamina, de reconstruir la concordia de todo lo creado.
Abrazar la fe cristiana es comprometerse a continuar entre las criaturas la misión de Jesús. Hemos de ser, cada uno de nosotros, alter Christus, ipse Christus, otro Cristo, el mismo Cristo. Sólo así podremos emprender esa empresa grande, inmensa, interminable: santificar desde dentro todas las estructuras temporales, llevando allí el fermento de la Redención.
Nunca hable de política. No pienso en el cometido de los cristianos en la tierra como en el brotar de una corriente político-religiosa -sería una locura-, ni siquiera aunque tenga el buen propósito de infundir el espíritu de Cristo en todas las actividades de los hombres. Lo que hay que meter en Dios es el corazón de cada uno, sea quien sea. Procuremos hablar para cada cristiano, para que allí donde está -en circunstancias que no dependen sólo de su posición en la Iglesia o en la vida civil, sino del resultado de las cambiantes situaciones históricas-, sepa dar testimonio, con el ejemplo y con la palabra, de la fe que profesa.
El cristiano vive en el mundo con pleno derecho, por ser hombre. Si acepta que en su corazón habite Cristo, que reine Cristo, en todo su quehacer humano se encontrará -bien fuerte- la eficacia salvadora del Señor. No importa que esa ocupación sea, como suele decirse, alta o baja; porque una cumbre humana puede ser, a los ojos de Dios, una bajeza; y lo que llamamos bajo o modesto puede ser una cima cristiana, de santidad y de servicio.

183.
La libertad personal


El cristiano, cuando trabaja, como es su obligación, no debe soslayar ni burlar las exigencias propias de lo natural. Si con la expresión bendecir las actividades humanas se entendiese anular o escamotear su dinámica propia, me negaría a usar esas palabras. Personalmente no me ha convencido nunca que las actividades corrientes de los hombres ostenten, como un letrero postizo, un calificativo confesional. Porque me parece, aunque respeto la opinión contraria, que se corre el peligro de usar en vano el nombre santo de nuestra fe, y además porque, en ocasiones, la etiqueta católica se ha utilizado hasta para justificar actitudes y operaciones que no son a veces honradamente humanas.
Si el mundo y todo lo que él hay -menos el pecado- es bueno, porque es obra de Dios Nuestro Señor, el cristiano, luchando continuamente por evitar las ofensas a Dios -una lucha positiva de amor-, ha de dedicarse a todo lo terreno, codo a codo con los demás ciudadanos; debe defender todos los bienes derivados de la dignidad de la persona.
Y existe un bien que deberá siempre buscar especialmente: el de la libertad personal. Sólo si defiende la libertad individual de los demás con la correspondiente personal responsabilidad, podrá, con honradez humana y cristiana, defender de la misma manera la suya. Repito y repetiré sin cesar que el Señor nos ha dado gratuitamente un gran regalo sobrenatural, la gracia divina; y otra maravillosa dádiva humana, la libertad personal, que exige de nosotros -para que no se corrompa, convirtiéndose en libertinaje- integridad, empeño eficaz en desenvolver nuestra conducta dentro de la ley divina, porque donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad .
El Reino de Cristo es de libertad: aquí no existen más siervos que los que libremente se encadenan, por Amor a Dios. ¡Bendita esclavitud de amor, que nos hace libres! Sin libertad, no podemos corresponder a la gracia; sin libertad, no podemos entregarnos libremente al Señor, con la razón más sobrenatural: porque nos da la gana.
Algunos de los que me escucháis me conocéis desde muchos años atrás. Podéis atestiguar que llevo toda mi vida predicando la libertad personal, con personal responsabilidad. La he buscado y la busco, por toda la tierra, como Diógenes buscaba un hombre. Y cada día la amo más, la amo sobre todas las cosas terrenas: es un tesoro que no apreciaremos nunca bastante.
Cuando hablo de libertad personal, no me refiero con esta excusa a otros problemas quizá muy legítimos, que no corresponden a mi oficio de sacerdote. Sé que no me corresponde tratar de temas seculares y transitorios, que pertenecen a la esfera temporal y civil, materias que el Señor ha dejado a la libre y serena controversia de los hombres. Sé también que los labios del sacerdote, evitando del todo banderías humanas, han de abrirse sólo para conducir las almas a Dios, a su doctrina espiritual salvadora, a los sacramentos que Jesucristo instituyó, a la vida interior que nos acerca al Señor sabiéndonos sus hijos y, por tanto, hermanos de todos los hombres sin excepción.
Celebramos hoy la fiesta de Cristo Rey. Y no me salgo de mi oficio de sacerdote cuando digo que, si alguno entendiese el reino de Cristo como un programa político, no habría profundizado en la finalidad sobrenatural de la fe y estaría a un paso de gravar las conciencias con pesos que no son los de Jesús, porque su yugo es suave y su carga ligera . Amemos de verdad a todos los hombres; amemos a Cristo, por encima de todo; y, entonces, no tendremos más remedio que amar la legítima libertad de los otros, en una pacífica y razonable convivencia.

184.
Serenos, hijos de Dios


Me sugeriréis, quizá: pero pocos quieren oír esto y, menos aún, ponerlo en práctica. Me consta: la libertad es una planta fuerte y sana, que se aclimata mal entre piedras, entre espinas o en los caminos pisoteados por las gentes . Ya nos había sido anunciado, aun antes de que Cristo viniese a la tierra.
Recordad el salmo segundo: ¿por qué se han amotinado las naciones, y los pueblos traman cosas vanas? Se han levantado los reyes de la tierra, y se han reunido los príncipes contra el Señor y contra su Cristo . ¿Lo veis? Nada nuevo. Se oponían a Cristo antes de que naciese; se le opusieron, mientras sus pies pacíficos recorrían los senderos de Palestina; lo persiguieron después y ahora, atacando a los miembros de su Cuero místico y real. ¿Por qué tanto odio, por qué este cebarse en la cándida simplicidad, por qué este universal aplastamiento de la libertad de cada conciencia?
Rompamos sus ataduras y sacudamos lejos de nosotros su yugo . Rompen el yugo suave, arrojan de sí su carga, maravillosa carga de santidad y de justicia, de gracia, de amor y de paz. Rabian ante el amor, se ríen de la bondad inerme de un Dios que renuncia al uso de sus legiones de ángeles para defenderse . Si el Señor admitiera la componenda, si sacrificase a unos pocos inocente para satisfacer a una mayoría de culpables, aun podrían intentar un entendimiento con El. Pero no es ésta la lógica, de Dios. Nuestro Padre es verdaderamente padre, y está dispuesto a perdonar a miles de obradores del mal, con tal que haya sólo diez justos . Los que se mueven por el odio no pueden entender esta misericordia, y se refuerzan en su aparente impunidad terrena, alimentándose de la injusticia.
El que habita en los cielos se reirá de ellos, se burlarás de ellos el Señor. Entonces les hablará en su indignación y les llenará de terror con su ira . ¡Qué legítima es la ira de Dios y qué justo su furor, qué grande también su clemencia!
Yo he sido por El constituido Rey sobre Sión, su monte santo, para predicar su Ley. A mí me ha dicho el Señor: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy . La misericordia de Dios Padre nos ha dado como Rey a su Hijo. Cuando amenaza, se enternece; anuncia su ira y nos entrega su amor. Tú eres mi hijo: se dirige a Cristo y se dirige a ti y a mí, si nos decidimos a ser alter Christus, ipse Christus.
Las palabras no pueden seguir al corazón, que se emociona ante la bondad de Dios. Nos dice: tú eres mi hijo. No un extraño, no un siervo benévolamente tratado, no un amigo, que ya sería mucho. ¡Hijo! Nos concede vía libre para que vivamos con El la piedad del hijo y, me atrevería a afirmar, también la desvergüenza del hijo de un Padre, que es incapaz de negarle nada.

185.

¿Que hay muchos empeñados en comportarse con injusticia? Sí, pero el Señor insiste: pídeme, te daré las naciones en herencia, y extenderé tus dominios hasta los confines de la tierra. Los regirás con vara de hierro y como a vaso de alfarero los romperás . Son promesas fuertes, y son de Dios: no podemos disimularlas. No en vano Cristo es Redentor del mundo, y reina, soberano, a la diestra del Padre. Es el terrible anuncio de lo que aguarda a cada uno, cuando la vida pase, porque pasa; y a todos, cuando la historia acabe, si el corazón se endurece en el mal y en la desesperanza.
Sin embargo Dios, que puede vencer siempre, prefiere convencer: ahora, reyes, gobernantes, entendedlo bien; dejaos instruir, los que juzgáis en la tierra. Servid al Señor con temor y ensalzadle con temblor. Abrazad la buena doctrina, no sea que al fin el Señor se enoje y perezcáis fuera del buen camino, pues se inflama de pronto su ira . Cristo es el Señor, el Rey. Nosotros os anunciamos el cumplimiento de la promesa hecha a nuestros padres: la que Dios ha cumplido delante de nuestros hijos al resucitar a Jesús, según está escrito en el salmo segundo: Tú eres Hijo mío, yo te he engendrado hoy...
Ahora pues, hermanos míos, tened entendido que por medio de Jesús se os ofrece la remisión de los pecados y de todas las manchas de que no habéis podido ser justificados en virtud de la ley mosaica: todo el que cree en El es justificado. Mirad que no recaiga sobre vosotros lo que se halla dicho en los profetas: reparad, los que despreciáis, llenaos de pavor y quedad desolados; porque voy a realizar en vuestros días una obra, en la que no acabaréis de creer por más que os la cuenten .
Es la obra de la salvación, el reinado de Cristo en las almas, la manifestación de la misericordia de Dios. ¡Venturosos los que a El se acogen! . Tenemos derecho, los cristianos, a ensalzar la realeza de Cristo: porque, aunque abunde la injusticia, aunque muchos no deseen este reinado de amor, en la misma historia humana que es el escenario del mal, se va tejiendo la obra de la salvación eterna.
 
186.
Ángeles de Dios


Ego cogito cogitationes pacis et non afflictionis, yo pienso pensamientos de paz y no de tristeza, dice el Señor. Seamos hombres de paz, hombres de justicia, hacedores del bien, y el Señor no será para nosotros Juez, sino amigo, hermano, Amor.
Que en este caminar -¡alegre!- por la tierra, nos acompañen los ángeles de Dios. Antes del nacimiento de nuestro Redentor, escribe San Gregorio Magno, nosotros habíamos perdido la amistad de los ángeles. La culpa original y nuestros pecados cotidianos nos habían alejado de su luminosa pureza,... Pero desde el momento en que nosotros hemos reconocido a nuestro Rey, los ángeles nos han reconocido como conciudadanos.
Y como el Rey de los cielos ha querido tomar nuestra carne terrena, los ángeles ya nos se alejan de nuestra miseria. No se atreven a considerar inferior a la suya esta naturaleza que adoran, viéndola ensalzada, por encima de ellos, en la persona del rey del cielo; y no tienen ya inconveniente en considerar al hombre como un compañero.
María, la Madre santa de nuestro Rey, la Reina de nuestro corazón, cuida de nosotros como sólo Ella sabe hacerlo. Madre compasiva, trono de la gracia: te pedimos que sepamos componer en nuestra vida y en la vida de los que nos rodean, verso a verso, el poema sencillo de la caridad, quasi flumen pacis , como un río de paz. Porque Tú eres mar de inagotable misericordia: los ríos van todos al mar y la mar no se llena .


domingo, agosto 21, 2011

Ésta es la portada de la página de información de San Josemaría, siempre interesante, que hoy nos ofrece una mirada a fondo sobre la Jornada Mundial de la Juventud que se desarrolla en Madrid.

Portada

Mons. Javier Echevarría

Fidelidad y felicidad.
Tras las huellas del beato Juan Pablo II y de san Josemaría Escrivá

"Desde que el Beato Juan Pablo II tuvo la intuición de promover hace 26 años la primera Jornada Mundial de la Juventud, en Roma, podría decirse que cada uno de estos encuentros ha significado un punto de partida en la vida de millares de jóvenes" comenta el Prelado del Opus Dei, en un artículo que se ha publicado en L'Osservatore Romano.

Hablar con Dios

La Misericordia divina

“La fiesta del perdón” es un momento clave en la JMJ. Así lo manifiestan los 200 confesonarios en fila, colocados en el parque de El Retiro. Sugerimos una selección de textos de san Josemaría sobre la misericordia.

JMJ: Misa de inauguración

"No tengáis miedo a ser santos"

La Jornada Mundial de la Juventud ha comenzado el martes 16 por la tarde, con una misa celebrada en la Plaza de Cibeles. El Card. Rouco animó a "la generación Benedicto XVI" a buscar la santidad.

Audio

"Santo Rosario" en mp3

Dar "la vuelta al mundo a través del Rosario" es uno de los objetivos de la JMJ 2011. Ofrecemos las meditaciones de los misterios de "Santo Rosario", de san Josemaría, descargables en formato mp3.

JMJ 2011

Madrid y san Josemaría

Madrid supuso para san Josemaría un lugar de encuentro con la voluntad de Dios. Sugerimos visitas en las que se destacan episodios relevantes en su vida y su mensaje, como la filiación divina, la santificación del trabajo, el apostolado... Al final, ofrecemos una selección de textos sobre estos temas. Los recorridos son cercanos a donde estará Benedicto XVI durante la JMJ.

San Josemaría en Madrid, siguiendo el plan del Papa

Jueves, 18 de agosto. Cerca de Pza de la Independencia

La fundación del Opus Dei

Josemaría Escrivá se trasladó a Madrid en abril de 1927. En Madrid -dijo en una ocasión- he recibido mi misión: me siento con derecho abundante, por esa y por otras razones, madrileño.

19.08.2011. Cerca de la Cibeles

Los primeros pasos del Opus Dei

En este recorrido se advierte cómo san Josemaría iba dando a conocer el mensaje de santidad y apostolado a hombres y mujeres, estudiantes, obreros, sacerdotes, enfermos...

20.08.2011. Cerca de la Almudena

Todos, amigos de Dios

San Josemaría recordaba que cada bautizado tiene “alma sacerdotal”. Significa buscar que todas las personas encuentren la amistad con Dios. En estas visitas se describen sitios relacionados con el “sentido sacerdotal”.

20.08.2011. Cerca del Retiro

¡Dios es mi Padre!

Se destacan algunos episodios de la vida de san Josemaría, referentes a su sentido de la filiación divina, que se manifestaba en la confianza en Dios, en el sincero amor cristiano por cada uno, en la serenidad y el optimismo...

viernes, febrero 18, 2011


Tomado de la página Málaga de Cine:

Entrevista con Roland Joffé, director de ‘Encontrarás dragones’

12012011
Dirigida por Roland Joffé (‘La misión’, ‘Los gritos del silencio’) un drama épico sobre san Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Ambientada en la guerra civil española, afronta cuestiones como la santidad y la traición, el amor y el odio, el perdón y la violencia, la búsqueda del sentido de la vida. El estreno será el 25 de marzo. Un argumento que mezcla las historias de soldados revolucionarios, un periodista, su padre y el mismo Josemaría.Malaga de Cine reproduce la entrevista de ZENIT, agencia católica
P. ¿A qué alude el título de la película ‘Encontrarás dragones’?
Roland Joffé: Los mapas medievales calificaban los territorios desconocidos con las palabras ”Hic sunt dragones”, “aquí hay dragones”. Cuando comencé a investigar sobre el tema y a escribir el guión, dado que no sabía lo que me esperaba ni cómo acabaría, ‘Encontrarás dragones’ me pareció un título apropiado.
P. La película tiene lugar en el contexto de la guerra civil española, ¿hay espacio a la esperanza?
R. J: Sí, pero es difícil. Entre las personas hay hechos abominables que parecen imposibles de perdonar. Pero es posible. Los ciclos de violencia pueden detenerse, como lo demostró el presidente Nelson Mandela en Sudáfrica. Josemaría aseguró que las personas normales son capaces de ser santas. Creo que se refería a esta clase de perdón heroico. La inagotable posibilidad de perdonar deja espacio a la esperanza. El precio es alto, exige un profundo sentido de lo que es plenamente humano, un profundo sentido de compasión, una resolución firme, heroica, para no quedar atrapado por los odios, sino luchar contra ellos con un amor inquebrantable. Buena parte de la trama se desarrolla durante la guerra civil española, pero se despliega entre ese telón de fondo y el año 1982. Una historia del pasado que proyecta una sombra sobre el presente. Se habla del perdón que deshiela lo que ha quedado congelado. Toca lo humano en el interior de quien ha sido perdonado. El amor no siempre es fácil, no puede serlo. No puede proceder de una actitud de superioridad, sólo puede proceder de una actitud de humildad y de humanidad.
P. ¿La película se dirige a creyentes o a no creyentes?
R.J. La película se toma la fe en serio y la santidad. Pero su interés va mucho más allá de un público religioso. Su pregunta presupone una separación que es falsa. Todos vivimos en un mundo perturbado, afrontamos el dolor y la alegría de la vida ordinaria. Aunque recurramos a diferentes interpretaciones de la realidad sobre esta experiencia, al final todos moramos en el mismo mundo desgarrado. Es una película sobre creyentes y no creyentes. Quedé profundamente impresionado por la convicción de Josemaría de que todos somos santos en potencia, por su fe en que cada quien es en última instancia capaz de acabar con sus propios dragones. Espero que la gente que vea la película lo descubra en sus propias luchas con sus dragones y que comprenda que ningún santo ha llegado a serlo sin haber luchado. La película también habla de muchas formas de amor. No es una película católica, trata de un tema clave en la teología cristiana, en las iglesias cristianas y en otras religiones.
P. ¿La vida de Josemaría Escrivá se basa en hechos o es ficción?
R. J: De todos los personajes de la película, Josemaría es el único que ha existido históricamente, el que abundan testimonios y pruebas. La representación que ofrecemos de su sensibilidad, su sentido del humor surge de los acontecimientos de su vida. He querido encontrar un punto de vista honesto al trazar su perfil y tomar su fe en serio. La historia de Josemaría es la de un hombre que logra el éxito de simplificar su vida entorno a un amor a Dios auténtico y poderoso. Este amor a Dios se convierte en un principio organizador que le da forma, así como una especie de sencillez y fuerza.

jueves, septiembre 30, 2010

La amistad con Dios nos da la fuerza que necesitamos


El libro "Hablar con Dios", de  Francisco Fernández Carvajal nos ayuda a comunicarnos con Dios, a orar, ahondando en el Evangelio con la entrañable sabiduría y la mirada abarcadora y práctica que definen a la gran síntesis teológica que San Josemaría introdujo en el mundo en el siglo pasado.  Personalmente creo que este espíritu está llamado a iluminar a este siglo, que tanto lo necesita, de manera muy especial.

De la página del autor, que cada día publica  la meditación correspondiente a ese único día, que es lo que permite el editor, tomo -por una vez- estos párrafos tan ilustrativos (a propósito del Evangelio de hoy):

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En los primeros tiempos del Cristianismo, en un mundo con una situación parecida a la nuestra –con abundancia de recursos materiales pero espiritualmente menesteroso–, la naciente Iglesia tuvo el necesario vigor, no solo para protegerse de ser paganizada desde fuera, sino para transformar, desde dentro, una civilización tan alejada de Dios. No parece que el mundo de hace dos mil años estuviera mejor o peor preparado que el nuestro para ser evangelizado. A primera vista podía presentarse cerrado al mensaje de Cristo, como el de ahora; pero aquellos primeros cristianos, apóstoles todos, con las mismas armas que nosotros, el espíritu de Jesús, supieron transformarlo. ¿No vamos a poder nosotros cambiar el mundo que nos rodea: la familia, los amigos, los compañeros de trabajo...?
El mundo actual quizá esté necesitado de muchas cosas, pero ninguna otra le es precisa con más urgencia que la de apóstoles santos, alegres, convencidos, fieles a la doctrina de la Iglesia, que con sencillez den a conocer que Cristo vive. Es el mismo Señor quien nos indica el camino para conseguir nuevos operarios que trabajen en su viña: Rogad, pues, al Señor de las mies que envíe operarios a su mies. Rogad..., nos dice. «La oración es el medio más eficaz de proselitismo»7. Nuestro afán apostólico ha de traducirse, en primer lugar, en una petición continuada, confiada y humilde de nuevos apóstoles. La oración ha de ir siempre por delante.
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El Maestro, antes de enviar a los suyos al mundo entero, les hizo vivir como amigos en su intimidad, les dio a conocer al Padre, les reveló su amor y, sobre todo, se lo comunicó. Como el Padre me amó, Yo también os he amado a vosotros10; os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. Y añadió, a modo de conclusión: os he destinado para que vayáis y deis fruto11. Con esta caridad hemos de ir a todos los lugares, pues el apostolado consiste sobre todo en «manifestar y comunicar la caridad de Dios a todos los hombres y pueblos»12, esa caridad con la que nos ama el Señor y con la que quiere que amemos a todos. El cristiano será apóstol en la medida en que sea amigo de Dios y viva esa amistad con quien se encuentra cada día en su camino. En un mundo en el que la desconfianza y la agresividad parecen ir ganando terreno, nuestra primera preocupación ha de ser la de vivir con esmero la caridad en todas sus manifestaciones. Cuando quienes nos tratan –por muy alejados que se encuentren de Dios– vean que nos fiamos de ellos, que estamos dispuestos a prestar una ayuda, a sacrificarnos por el bien de personas que incluso no conocemos, que no guardamos rencor, que no somos negativos ni hablamos nunca mal de nadie, que siempre nos encontrarán dispuestos a colaborar..., pensarán que los cristianos somos muy diferentes, porque seguimos a Alguien, a Cristo, muy particular. No quiere decir esto que nunca tengamos diferencias con los demás, sino que las manifestamos sin aire de agravio, sin poner en duda la buena fe de las personas, sin atacar, aunque estemos muy lejos de sus ideas. Cuando nadie queda excluido de nuestro trato y de nuestra ayuda, entonces estamos dando testimonio de Cristo.  
Junto a la caridad, hemos de manifestar al mundo nuestra alegría. Aquella que el Señor nos prometió en la Última Cena13, la que nace del olvido de nuestros problemas y de la intimidad con Dios. La alegría es esencial en el apostolado, pues ¿quién puede sentirse atraído por una persona triste, negativa, que se queja continuamente? Si la doctrina del Señor se propagó como un incendio en los primeros siglos fue, en buena parte, porque los cristianos se mostraban con la seguridad y la alegría de ser portadores de la Buena Nueva: eran los mensajeros gozosos de Aquel que había traído la salvación al mundo, Ciertamente constituían un pueblo feliz en medio de un mundo triste, y su alegría transmitía su fe en Cristo, era portadora de la verdad que llevaban en el corazón y de la que hablaban en el hogar, en la intimidad de la amistad..., en todo momento, porque era la razón de su vida.
La alegría del cristiano tiene un fundamento bien firme, el sentido de su filiación divina, el saberse hijos de Dios en cualquier circunstancia. «Como sugiere Chesterton, es alegría no porque el mundo pueda colmar todas nuestras aspiraciones, sino al revés. No estamos donde hemos de permanecer: estamos en camino. Habíamos perdido la senda y Alguien ha venido a buscarnos y nos lleva de vuelta al hogar paterno. Es alegría no porque todo lo que nos sucede esté bien –no es así–, sino porque Alguien sabe aprovecharlo para nuestro bien. La alegría cristiana es consecuencia de saber enfrentarse con el único hecho auténticamente triste de la vida, que es el pecado: y de saber contrarrestarlo con un hecho gozoso aun más real y más fuerte que el pecado: el amor y la misericordia de Dios»14,
Hemos de preguntarnos si realmente reflejamos en nuestra vida ordinaria tantos motivos como tenemos para estar alegres: el gozo de la filiación divina, del arrepentimiento y el perdón, de sentirnos en camino hacia una felicidad sin fin..., ¡la inmensa alegría de poder comulgar con tanta frecuencia! «El primer paso para acercar a otros a los caminos de Cristo es que te vean contento, feliz, seguro en tu andar hacia Dios»15.
Y, junto a la alegría y la caridad de Cristo, hemos de saber expresar la posesión de la única verdad que puede salvar a los hombres y hacerlos felices. «Solo los cristianos convencidos tienen la posibilidad de convencer a los demás. Los cristianos convencidos a medias no convencerán a nadie»16.
1 Cfr. Mc 2, 15. — 2 Cfr. Hech 1, 21-26. — 3 Cfr. Lc 24, 13-35. — 4 Cfr. P. R. Bernard, El misterio de Jesús, J. Flors, Barcelona 1965, vol. I, pp. 88 ss. — 5 Lc 10, 1-12. — 6 Juan Pablo II, Exhort. Apost.Christifideles laici, 30-XII-1988. 34. — 7 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 800. — 8 ídem, Forja. n,906. — 9 San Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, 17, 3. — 10 Jn 15, 9. — 11 Jn 15, 16. — 12 Conc. Vat. II, Decr. Ad gentes, 10. — 13 Cfr. Jn 16, 22. — 14 C. Burke, Autoridad y libertad en la Iglesia, p. 223. — 15 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 858. — 16 C. Burke, o. c., p. 219.

sábado, junio 05, 2010

¡Atrevámosnos todo lo que podamos! ¡Démosles nosotros de comer!



El servicio Contemplar el Evangelio de hoy, que a través de una simple suscripción nos hace llegar el texto del Evangelio que cada día se lee en la Misa, junto con la homilía correspondiente (también en audio), para la Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo que se celebra este domingo, nos hizo llegar junto con el Evangelio (Lc 9,11b-17), este precioso comentario, del Rvdo. D. Manuel Cociña Abella:
Dadles vosotros de comer
Hoy es el día más grande para el corazón de un cristiano, porque la Iglesia, después de festejar el Jueves Santo la institución de la Eucaristía, busca ahora la exaltación de este augusto Sacramento, tratando de que todos lo adoremos ilimitadamente. «Quantum potes, tantum aude...», «atrévete todo lo que puedas»: ésta es la invitación que nos hace santo Tomás de Aquino en un maravilloso himno de alabanza a la Eucaristía. Y esta invitación resume admirablemente cuáles tienen que ser los sentimientos de nuestro corazón ante la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Todo lo que podamos hacer es poco para intentar corresponder a una entrega tan humilde, tan escondida, tan impresionante. El Creador de cielos y tierra se esconde en las especies sacramentales y se nos ofrece como alimento de nuestras almas. Es el pan de los ángeles y el alimento de los que estamos en camino. Y es un pan que se nos da en abundancia, como se distribuyó sin tasa el pan milagrosamente multiplicado por Jesús para evitar el desfallecimiento de los que le seguían: «Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que habían sobrado: doce canastos» (Lc 9,17).


Ante esa sobreabundancia de amor, debería ser imposible una respuesta remisa. Una mirada de fe, atenta y profunda, a este divino Sacramento, deja paso necesariamente a una oración agradecida y a un encendimiento del corazón. San Josemaría solía hacerse eco en su predicación de las palabras que un anciano y piadoso prelado dirigía a sus sacerdotes: «Tratádmelo bien».


Un rápido examen de conciencia nos ayudará a advertir qué debemos hacer para tratar con más delicadeza a Jesús Sacramentado: la limpieza de nuestra alma —siempre debe estar en gracia para recibirle—, la corrección en el modo de vestir —como señal exterior de amor y reverencia—, la frecuencia con la que nos acercamos a recibirlo, las veces que vamos a visitarlo en el Sagrario... Deberían ser incontables los detalles con el Señor en la Eucaristía. Luchemos por recibir y por tratar a Jesús Sacramentado con la pureza, humildad y devoción de su Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.