¡Arriba los corazones!

"Sed tengo", "Sitio" en latín, es una de las siete palabra de Jesús en la Cruz. Es Su disponibilidad que convoca a la nuestra, invitándonos al “sacrificio de la alegría”: a “hacer de tripas corazón”, para mirarlo a Él.

¡Arriba los corazones! es una frase de aliento que nos remite al "Elevemos el corazón" de la Misa, que nos dispone para el sacrificio, dejando que Él nos dirija.

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sábado, agosto 20, 2011

La libertad del hombre, su significado y su alcance


La gente suele pensar que los pactos con el demonio sólo existen en la literatura. Están equivocados. Hay personas que conscientemente, con toda advertencia, pactan con el Diablo y le entregan el alma con tal de conseguir algo en esta vida. La idea de un pacto formal con el demonio aparece por primera vez en el siglo V en los escritos de San Jerónimo. Este padre de la Iglesia cuenta como un joven para obtener los favores de una bella mujer fue a un mago, el cual le impone como pago por sus servicios el renunciar a Cristo con un escrito. Tenemos en el siglo VI, una segunda aparición de este tipo de pacto en la leyenda de Teófilo, quien accede a ser un servidor del Diablo y firma un pacto formal. Esta leyenda se extendió por Europa en la Edad Media.

¿Es posible un pacto con el demonio? Por supuesto uno puede firmar un papel, pero no se le va a presentar el demonio ni para entregarle el papel, ni para recogerlo. Cuando uno hace un pacto de este tipo siempre espera que se aparezca alguien, pero es uno mismo el que tiene que escribir los términos, y tampoco aparece nadie una vez firmado el pacto, con lo cual uno se queda con el papel en la mano. Todo lo cual suele ser bastante desesperanzador para el que se esperaba que sucediera algo. Aun así, si uno invoca al Diablo muchas veces pueden suceder cosas, lo mismo que en el espiritismo. Pero no necesariamente. A esta escena tan poco teatral, tan desanimadora para el que creía que iba a haber alguna aparición, hay que añadir:

1º  Que firmar ese pacto no significa obtener una vida de riqueza, honor y lujuría desenfrenada. Yo he conocido personalmente a dos personas que hicieron ese pacto y, francamente, su nivel de vida era peor incluso que el mío. Tampoco parece que en aspecto carnal el Diablo fuera especialmente generoso con ambos. Eso se debe a que el Diablo no es Dios y no puede dar lo que quiera. 

2º  El alma puede arrepentirse siempre que quiera con un simple acto de su voluntad. Arrepintiéndose, el pacto queda en papel mojado fueran cuales fueran los terminos del contrato. Incluso aunque se excluyera la posibilidad del arrepentimiento, esta clausula no sirve de nada. Dios que nos ha dado la libertad para hacer lo que queramos, no nos ha dado libertad para renunciar a la libertad. Esto es válido también en la eternidad, en el cielo o en el infierno seguiremos siendo libres. Sólo que en el cielo ya no querremos pecar, y en el infierno ya no querremos arrepentirnos.

Muchos piensan que el triunfo en los negocios o la profesión sí que la puede dar el Diablo. Pero la razón por la que el mismo Diablo no puede conceder ni siquiera eso a sus siervos es porque el éxito de una empresa o en una profesión depende de la concatenación de muchas causas y factores. El demonio sólo puede tentar, así por ejemplo puede tentar a un jefe a que escoja a un empleado en vez de a otro. Pero la tentación se puede superar, y por tanto ni una cosa tan simple como esa es segura ni con un pacto con el demonio. 

El gran poder del pacto con el demonio es hacer pensar a la persona que ya está condenada haga lo que haga. Es difícil hacer entender a una persona que ha firmado tal trato que sigue siendo tan libre como antes. Pero es así.

Este texto y su conclusión son sublimes.

El  Padre Fortea establece en estos párrafos la tenebrosa, aunque precaria, realidad de la existencia de los pactos con el demonio.  Precaria por el señorío del alma para deshacerse de ellos en cualquier momento con un simple acto de su voluntad, por el arrepentimiento, ya que Dios –como el Padre del Hijo Pródigo–, nunca la abandona, y es por  tanto en su libérrima libertad muchísimo más poderosa ella misma que el demonio.

Nuestra relación con Dios es la clave de nuestra vida, que conocemos por la iniciativa divina de la Revelación.  Estamos hechos para entender su compromiso con nuestro destino, y apreciar la paciencia y la misericordia con que acompaña nuestro rumbo, promoviendo nuestra fidelidad al bien, realidades que alcanzamos por la humildad.     Éste es el poderoso mensaje de Jesús Misericordioso, que recibimos de Santa María Faustina, impulsado por Juan Pablo II.  También la Infancia Espiritual, medular en el apostolado de Santa Teresita y de San Josemaría,  iluminan a nuestro tiempo desde esta perspectiva.


Lo sustancial es confiar siempre en Dios, pase lo que pase.  En el Antiguo Testamento, el Profeta Miqueas (6:8) resume en este concepto (el de la confianza en Dios, el abandono en sus manos) el sentido de la Revelación:

Oh hombre, Él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pide de ti el Señor: solamente hacer juicio y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios.

En nuestra vida interior, que es ámbito de la libertad, acontece nuestro encuentro con Dios, y es así que  el sentido común entronca (en continuidad) con el sensus fidei, un tema que aparece en la encíclica Fides et Ratio (y en la base de Veritatis Splendor), y que Jacques Maritain explica muy bien en un corto párrafo de "El campesino del Garona".

En "La fe según San Juan de la Cruz", su tesis doctoral, Juan Pablo II  analiza este tema y muestra cómo este "entronque" –fundamento del camino de la santidad, al alcance en su medida por los no cristianos–, se produce por el poder del amor, fruto de la voluntad, que logra suavizar, como un aceite, la reacción de los sentidos ante las mociones divinas. En su carta apostólica "Maestro en la Fe", de fines de 1990,   nos cuenta cómo San Juan de la Cruz desentraña, a la manera del orfebre que  purifica el oro, la esencia de la fe.  Y resume:  En la vida de fe, el misterio de la cruz de Cristo es referencia habitual y norma de vida cristiana: "Cuando se le ofreciere algún sinsabor y disgusto, acuérdese de Cristo crucificado y calle. Viva en fe y esperanza, aunque sea a oscuras, que en esas tinieblas ampara Dios al alma" [26] . La fe se convierte en llama de caridad, más fuerte que la muerte, semilla y fruto de resurrección: "No piense otra cosa -escribe el santo en un momento de prueba- sino que todo lo ordena Dios; y adonde no hay amor, ponga amor, y sacará amor[27] . Porque, en definitiva: "A la tarde te examinarán en el amor[28] .

“El horizonte sobrenatural de nuestra vida” podemos llamar a este "lugar de la libertad", tomando conceptos de San Josemaría, quien dedicó su vida a enseñarnos que existe ese ámbito donde realmente “se juntan el cielo y la tierra”, donde el amor se hace operativo por la fe (que a lo mejor desconocemos).  Es en nuestro corazón.  Y nos movía a hacernos cargo, nada menos, de que “estas crisis mundiales son crisis de santos”.   Podríamos decir que "todo el dolor del mundo" responde a las "crisis" de santidad.

Esta idea no cala fácilmente en el gran público, a nivel masivo (porque el silenciamiento de los sentidos por el amor que promueve es la Cruz misma, que podemos asumir porque Jesús la asumió, y lo hacemos uno por uno).  Pero seguramente está llamada a “calar”, actuando como la levadura en la masa. 

Me pregunto ¿qué otra cosa puede ser la manifestación de los hijos de Dios, de la que habla San Pablo, más que la toma de conciencia general de esta línea directa con Dios, de su amistad, en la que todos estamos llamados a entrar y a vivir conscientemente, promotora del amor, que nace de la iniciativa divina, a través de la Iglesia, y específicamente de la Eucaristía, como explica tan bien la encíclica Ecclesia de Eucharistia?

Luego, es gracias a la Iglesia –aunque no lo sepamos– y a Jesús actuando en ella y desde ella, que nos llega la moción que nos permite creer en Él, y aun antes, por su mediación, hace posible a todo hombre la rectitud y la sensatez.  El Cardenal Newman explica estas cosas en su sermón The world and sin.  Y en un libro sencillísimo, Charlas acerca de la gracia (en Internet en formato pdf), el Cardenal Journet lo desgrana en profundidad.

"Las fronteras de la Iglesia pasan por el corazón de los hombres" es una frase del Cardenal Journet, citada por Jacques Maritain en El Campesino del Garona, que resume muy bien parte de los conceptos que he tratado de exponer.


martes, julio 12, 2011

El Santo Padre habla de San Benito Abad (Patrono de Europa)


Con motivo de la fiesta de San Benito, el Blog del Diácono Jorge publicaba ayer un precioso texto del Santo Padre Benedicto XVI, de abril de 2008, que reproducimos abajo, en el cual explica cómo la vida y la obra de San Benito nos ayudan a entender el modo de nuestra relación con Dios.

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy quisiera hablar de san Benito, fundador del monaquismo occidental, y patrono de mi pontificado. Comienzo citando una frase de san Gregorio Magno, que al escribir sobre san Benito dice: «Este hombre de Dios que brilló sobre esta tierra con tantos milagros no resplandeció menos por la elocuencia con la que supo exponer su doctrina» (Diálogos II, 36). El gran Papa escribió estas palabras en el año 592; el santo monje había muerto 50 años antes y todavía estaba vivo en la memoria de la gente y sobre todo en la floreciente orden religiosa que fundó. San Benito de Nursia, con su vida y su obra, ejerció una influencia fundamental en el desarrollo de la civilización y de la cultura europea.
La fuente más importante sobre su vida es el segundo libro de los Diálogos de san Gregorio Magno. No es una biografía en el sentido clásico. Según las ideas de su época, quiso ilustrar mediante el ejemplo de un hombre concreto --precisamente san Benito-- la ascensión a las cumbres de la contemplación, que puede realizar quien se abandona en Dios. Por tanto, nos ofrece un modelo de vida humana como ascensión hacia la cumbre de la perfección. San Gregorio Magno narra también, en este libro de los Diálogos, muchos milagros realizados por el santo, y también en este caso no quiere simplemente contar algo extraño, sino demostrar cómo Dios, advirtiendo, ayudando e incluso castigando, interviene en las situaciones concretas de la vida del ser humano. Quiere demostrar que Dios no es una lejana hipótesis situada en el origen del mundo, sino que está presente en la vida del hombre, de cada hombre.

Esta perspectiva del «biógrafo» se explica también a la luz del contexto general de su tiempo: entre los siglos V y VI, el mundo estaba trastornado por una tremenda crisis de valores y de instituciones, provocada por el derrumbamiento del Imperio Romano, por la invasión de los nuevos pueblos y por la decadencia de las costumbres. Al presentar a san Benito como «astro luminoso», Gregorio quería indicar en esta tremenda situación, precisamente aquí, en esta ciudad de Roma, la salida de la «noche oscura de la historia» (Cf. Juan Pablo II, Insegnamenti, II/1, 1979, p. 1158). De hecho, la obra del santo, y de manera particular su Regla, ofrecieron una auténtica levadura espiritual, que cambió con el pasar de los siglos, mucho más allá de los confines de su patria y de su época, el rostro de Europa, suscitando tras la caída de la unidad política creada por el Imperio Romano una nueva unidad espiritual y cultural, la de la fe cristiana compartida por los pueblos del continente. De este modo nació la realidad que nosotros llamamos «Europa».

El nacimiento de san Benito es fechado alrededor del año 480. Procedía, según dice san Gregorio, «ex provincia Nursiae», de la región de Nursia. Sus padres, acomodados, le enviaron a estudiar a Roma. Él, sin embargo, no se quedó mucho tiempo en la ciudad eterna. Como explicación totalmente creíble, Gregorio menciona el hecho de que el joven Benito estaba disgustado por el estilo de muchos de sus compañeros de estudios, que vivían de manera disoluta, y no quería caer en los mismos errores. Sólo quería agradar a Dios: «soli Deo placere desiderans» (II Diálogo, Prólogo 1).

De este modo, antes de concluir sus estudios, Benito dejó Roma y se retiró en la soledad de los montes que se encuentran al Este de esta ciudad. Después de una primera permanencia en el pueblo de Effide (hoy Affile), en el que se asoció durante un cierto período de tiempo a una «comunidad religiosa» de monjes, se hizo eremita en la cercana Subiaco. Allí vivió durante tres años completamente solo, en una gruta, que a partir del Alta Edad Media constituye el «corazón» de un monasterio benedictino llamado «Sacro Speco» («gruta sagrada»). El período que pasó en Subiaco, período de soledad con Dios, fue para Benito un momento de maduración. Allí debía soportar y superar las tres tentaciones fundamentales que todo ser humano: la tentación de autoafirmarse y el deseo de ponerse a sí mismo en el centro; la tentación de la sensualidad; y, por último, la tentación de la ira y de la venganza.

Benito estaba convencido de que sólo después de haber vencido estas tentaciones habría podido dirigir a los demás una palabra útil para sus situaciones de necesidad. De este modo, tras pacificar su alma, era capaz de controlar plenamente los impulsos de su ego para ser creador de paz a su alrededor. Sólo entonces decidió fundar sus primeros monasterios en el valle de Anio, cerca de Subiaco.

En el año 529, Benito dejó Subiaco para asentarse en Montecasino. Algunos han explicado que esta mudanza fue una manera de huir de las intrigas de un eclesiástico local envidioso. Pero esta explicación se ha revelado poco convincente, pues su muerte improvisa no llevó a Benito a regresar (II Diálogos 8). En realidad, tomó esta decisión pues entró en una nueva fase de su maduración interior y de su experiencia monástica. Según Gregorio Magno, el éxodo del remoto valle de Anio hacia el Monte Casio --lugar elevado que domina la llanura circunstante, visible desde lejos--, tiene un carácter simbólico: la vida monástica en el escondimiento tiene una razón de ser, pero un monasterio tiene también una finalidad pública en la vida de la Iglesia y de la sociedad: tiene que dar visibilidad a la fe como fuerza de vida. De hecho, cuando el 21 de marzo de 547 Benito concluyó su vida terrena, dejó con su Regla y con la familia benedictina que fundó un patrimonio que ha dado frutos a través de los siglos y que los sigue dando en todo el mundo.

En todo el segundo libro de los Diálogos, Gregorio nos muestra cómo la vida de san Benito estaba sumergida en una atmósfera de oración, fundamento de su existencia. Sin oración no hay experiencia de Dios. Pero la espiritualidad de Benito no era una interioridad alejada de la realidad. En la inquietud y en el caos de su época, vivía bajo la mirada de Dios y precisamente de este modo no perdió de vista nunca los deberes de la vida cotidiana ni al hombre con sus necesidades concretas.

Al contemplar a Dios comprendió la realidad del hombre y su misión. En la Regla califica la vida monástica de «escuela del servicio del Señor» (Prólogo 45) y pide a sus monjes que «nada se anteponga a la Obra de Dios» (43,3), es decir, al Oficio Divino o Liturgia de las Horas. Subraya sin embargo que la oración es, en primer lugar, un acto de escucha (Prólogo 9-11), que después debe traducirse en la acción concreta. «El Señor espera que respondamos diariamente con obras a sus santos consejos», afirma (Prólogo 35). De este modo, la vida del monje se convierte en una armonía fecunda entre acción y contemplación «para que en todo sea Dios glorificado» (57, 9). En contraste con una autorrealización fácil y egocéntrica, hoy exaltada con frecuencia, el primer e irrenunciable compromiso del discípulo de san Benito es la sincera búsqueda de Dios (58, 7) sobre el camino trazado por Cristo, humilde y obediente (5,13), el amor al que no debe anteponer nada (4, 21; 72, 11), y precisamente de este modo, en el servicio al otro, se convierte en hombre de servicio y de paz. En el ejercicio de la obediencia vivida con una fe animada por el amor (5,2), el monje conquista la humildad (5,1), a la que dedica todo un capítulo de la Regla (7). De este modo, el hombre se conforma cada vez más con Cristo y alcanza la auténtica autorrealización como criatura a imagen y semejanza de Dios.

A la obediencia del discípulo le tiene que corresponder la sabiduría del abad, que en el monasterio «hace las veces de Cristo» (2, 2; 63, 13). Su figura, descrita sobre todo en el segundo capítulo de la Regla con un perfil de belleza espiritual y de compromiso exigente, puede considerarse como un autorretrato de Benito, pues --como escribe Gregorio Magno-- «el santo no podía de ninguna manera enseñar algo diferente de lo que vivía» (Diálogos II, 36). El abad tiene que ser al mismo tiempo un padre tierno y también un maestro severo (2, 24), un verdadero educador. Inflexible contra los vicios, sin embargo está llamado sobre todo a imitar la ternura del Buen Pastor (27,8), a «servir más que a mandar» (64, 8), a «enseñar todo lo bueno y lo santo más con obras que con palabras» (2,12). Para ser capaz de decidir con responsabilidad, el abad también tiene que escuchar «el consejo de los hermanos» (3,2), porque «muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor» (3,3). ¡Esta actitud hace sorprendentemente moderna una Regla escrita hace casi quince siglos! Un hombre de responsabilidad pública, al igual que en los ámbitos privados, debe ser siempre un hombre que sabe escuchar y que sabe aprender de lo que escucha.

Benedicto califica a la Regla como «mínima», delineada para la «iniciación» (73, 8); en realidad, sin embargo, ofrece indicaciones útiles no sólo para los monjes, sino también para todos los que buscan una guía en su camino hacia Dios. Por su moderación, su humanidad y su sobrio discernimiento entre lo esencial y lo secundario en la vida espiritual, ha podido mantener su fuerza iluminadora hasta hoy. Pablo VI, al proclamar el 24 de octubre de 1964 a san Benito patrono de Europa pretendía reconocer la obra maravillosa desempeñada por el santo a través de la Regla para la formación de la civilización y de la cultura europea. Hoy Europa, que acaba de salir de un siglo profundamente herido por dos guerras mundiales y por el derrumbe de las grandes ideologías que se han revelado como trágicas utopías, se encuentra en búsqueda de la propia identidad. Para crear una unidad nueva y duradera, ciertamente son importantes los instrumentos políticos, económicos y jurídicos, pero es necesario también suscitar una renovación ética y espiritual que se inspire en las raíces cristianas del continente, de lo contrario no se puede reconstruir Europa. Sin esta savia vital, el hombre queda expuesto al peligro de sucumbir a la antigua tentación de querer redimirse por sí mismo, utopía que de diferentes maneras, en la Europa del siglo XX, ha causado, como ha revelado el Papa Juan Pablo II «un regreso sin precedentes en la atormentada historia de la humanidad» (Insegnamenti, XIII/1, 1990, p. 58). Al buscar el verdadero progreso, escuchemos también hoy la Regla de san Benito como una luz para nuestro camino. El gran monje sigue siendo un verdadero maestro del que podemos aprender el arte de vivir el verdadero humanismo.

jueves, mayo 05, 2011

Abba Pater - Padre Nuestro, Papaíto nuestro...




"When freedom does not have a purpose, when it does not wish to know anything about the rule of law engraved in the hearts of men and women, when it does not listen to the voice of conscience, it turns against humanity and society."
Pope John Paul II
En inglés, esta cita de Juan Pablo II, que resume prácticamente su predicación (de eso se trata el Padre Nuestro) y alguien utilizó como comentario del video, aparece miles de veces en Google.   También se puede buscar en español:
Cuando la libertad no tiene un fin, cuando ignora la ley grabada en los corazones de los hombres y las mujeres, cuando no escucha a la voz de la conciencia, se vuelve contra la humanidad y la sociedad.
               Juan Pablo II

domingo, enero 04, 2009

LECTURAS DE LA MISA DEL SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO DE NAVIDAD

La fiesta de la Epifanía, el 6 de enero, es de precepto en Uruguay, y no se celebra hoy. Luego, las lecturas de este domingo son las corrientes para el segundo domingo de Navidad, y se refieren a la Encarnación del Señor y la Filiación Divina:


Primera Lectura:

Libro del Eclesiástico (24, 1-34)

Elogio de la Sabiduría

24 1 La sabiduría hace el elogio de sí misma y se gloría en medio de su pueblo,
2
abre la boca en la asamblea del Altísimo y se gloría delante de su Poder:
3
“Yo salí de la boca del Altísimo y cubrí la tierra como una neblina.
4
Levanté mi carpa en las alturas, y mi trono estaba en una columna de nube.
5
Yo sola recorrí el circuito del cielo y anduve por la profundidad de los abismos.
6
Sobre las olas del mar y sobre toda la tierra, sobre todo pueblo y nación, ejercí mi dominio.
7
Entre todos ellos busqué un lugar de reposo, me pregunté en qué herencia podría residir.
8
Entonces, el Creador de todas las cosas me dio una orden, el que me creó me hizo instalar mi carpa, él me dijo: ‘Levanta tu carpa en Jacob y fija tu herencia en Israel’.
9
Él me creó antes de los siglos, desde el principio, y por todos los siglos no dejaré de existir.
10
Ante él, ejercí el ministerio en la Morada santa, y así me he establecido en Sión;
11
él me hizo reposar asimismo en la Ciudad predilecta, y en Jerusalén se ejerce mi autoridad.
12
Yo eché raíces en un Pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su herencia.
13
Crecí como un cedro en el Líbano y como un ciprés en los montes del Hermón;
14
crecí como una palmera en Engadí y como los rosales en Jericó;
como un hermoso olivo en el valle, y como un plátano, me elevé hacia lo alto.
15
Yo exhalé perfume como el cinamomo,como el aspálato fragante y la mirra selecta,
como el gálbano, la uña aromática y el estacte, y como el humo del incienso en la Morada.
16
Extendí mis ramas como un terebinto, y ellas son ramas de gloria y de gracia.

Invitación a buscar la Sabiduría

17
Yo, como una vid, hice germinar la gracia, y mis flores son un fruto de gloria y de riqueza.
19 ¡Vengan a mí, los que me desean, y sáciense de mis productos!
20
Porque mi recuerdo es más dulce que la miel y mi herencia, más dulce que un panal.
21
Los que me coman, tendrán hambre todavía, los que me beban, tendrán más sed.
22
El que me obedezca, no se avergonzará, y los que me sirvan, no pecarán”.

La sabiduría y la Ley

23 Todo esto es el libro de la Alianza del Dios Altísimo, la Ley que nos prescribió Moisés como herencia para las asambleas de Jacob.
25
Ella hace desbordar la Sabiduría como el Pisón y como el Tigris en los días de los primero frutos;
26
inunda de inteligencia como el Eufrates y como el Jordán en los tiempos de la cosecha;
27
prodiga la instrucción como el Nilo, como el Guijón en los días de la vendimia.
28
El primero no terminó de conocerla y el último ni siquiera la vislumbra.
29
Porque su pensamiento es más vasto que el océano y su designio, más profundo que el gran Abismo.

La intención del autor del Libro

30 En cuanto a mí, como un canal que brota de un río, como una acequia, salí a un jardín

31 y dije: "Regaré mi huerta y empaparé mis canteros".

¡De pronto, mi canal se convirtió en un río, y mi río se transformó en un mar!

32 Aún haré brillar la instrucción como la aurorae irradiaré su luz lo más lejos posible;

33 aún derramaré la enseñanza como una profecía y la dejaré para las generaciones futuras.

34 Porque yo no he trabajado sólo para mí,sino para todos los que buscan la sabiduría.


Segunda Lectura:

Salmo 147 (146-147)


¡Aleluya!

HIMNO DE ALABANZA A DIOS, PROTECTOR DE SU PUEBLO

¡Aleluya!

El Señor, protector de los humildes


1 ¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios,
qué agradable y merecida es su alabanza!
2 El Señor reconstruye a Jerusalén
y congrega a los dispersos de Israel;

3 sana a los que están afligidos y les venda las heridas.
4 Él cuenta el número de las estrellas
y llama a cada una por su nombre:

5 nuestro Señor es grande y poderoso,
su inteligencia no tiene medida.
6 El Señor eleva a los oprimidos
y humilla a los malvados hasta el polvo.

La Providencia universal de Dios

7 Respondan al Señor dándole gracias,
toquen la cítara para nuestro Dios.
8 El Señor cubre el cielo de nubes
y provee de lluvia a la tierra;
hace brotar la hierba en las montañas
y las plantas para provecho del hombre;

9 dispensa su alimento al ganado,
y a los pichones de cuervo que claman a él.
10 No le agrada el vigor de los caballos
ni valora los músculos del hombre:

11 el Señor ama a los que lo temen
y a los que esperan en su misericordia.

La eficacia de la Palabra de Dios

12 ¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!
13 Él reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti;

14 él asegura la paz en tus fronteras
y te sacia con lo mejor del trigo.
15 Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente;

16 reparte la nieve como lana
y esparce la escarcha como ceniza.
17 Él arroja su hielo como migas,
y las aguas se congelan por el frío;

18 da una orden y se derriten,
hace soplar su viento y corren las aguas.
19 Revela su palabra a Jacob,
sus preceptos y mandatos a Israel:

20 a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos.

¡Aleluya!


Tercera Lectura:

Carta a los Efesios (1, 1-23)

El plan de salvación

3 Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en Cristo
con toda clase de bienes espirituales en el cielo,
4 y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo,
para que fuéramos santos
e irreprochables en su presencia, por el amor.
5 Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos
por medio de Jesucristo,
conforme al beneplácito de su voluntad,
6 para alabanza de la gloria de su gracia,
que nos dio en su Hijo muy querido.
7 En él hemos sido redimidos por su sangre
y hemos recibido el perdón de los pecados,
según la riqueza de su gracia,
8 que Dios derramó sobre nosotros,
dándonos toda sabiduría y entendimiento.
9 Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad,
conforme al designio misericordioso
que estableció de antemano en Cristo,
10 para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos:
reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra,
bajo un solo jefe, que es Cristo.
11 En él hemos sido constituidos herederos,
y destinados de antemano –según el previo designio
del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad–
12 a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo,
para alabanza de su gloria.
13 En él, ustedes,
los que escucharon la Palabra de la verdad,
la Buena Noticia de la salvación,
y creyeron en ella,
también han sido marcados con un sello
por el Espíritu Santo prometido.
14 Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia
y prepara la redención del pueblo
que Dios adquirió para sí,
para alabanza de su gloria.

La supremacía de Cristo

15
Por eso, habiéndome enterado de la fe que ustedes tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los hermanos,
16
doy gracias sin cesar por ustedes, recordándolos siempre en mis oraciones.
17
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente.
18
Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos,
19
y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder
20
que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo,
21
elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro.
22
Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia,
23
que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas.



Cuarta Lectura:

Evangelio de San Juan 1, 1-30


1 Al principio existía la Palabra,y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
2
Al principio estaba junto a Dios.
3
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
4
En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
5
La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la recibieron.
6
Apareció un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan.
7
Vino como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
8
Él no era la luz,
sino el testigo de la luz.
9
La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
10
Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
11
Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.
12
Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
13
Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
14
Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.
15
Juan da testimonio de él, al declarar:
«Este es aquel del que yo dije:
El que viene después de mí
me ha precedido,
porque existía antes que yo».
16
De su plenitud, todos nosotros hemos participado
y hemos recibido gracia sobre gracia:
17
porque la Ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
18
Nadie ha visto jamás a Dios;
el que lo ha revelado es el Hijo único,
que es Dios y está en el seno del Padre.

El testimonio de Juan el Bautista

Jesús, el Cordero de Dios

Mt. 3. 3, 11 Mc. 1. 3, 7-8 Lc. 3. 4, 16
19 Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: «¿Quién eres tú?».
20
Él confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías».
21
«¿Quién eres, entonces?», le preguntaron: «¿Eres Elías?». Juan dijo: «No». «¿Eres el Profeta?». «Tampoco», respondió.
22
Ellos insistieron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».
23
Y él les dijo: «Yo soy
una voz que grita en el desierto:
Allanen el camino del Señor,
como dijo el profeta Isaías».
24
Algunos de los enviados eran fariseos,
25
y volvieron a preguntarle: «¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».
26
Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen:
27
él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia».
28
Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.
29
Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
30
A él me refería, cuando dije:
Después de mí viene un hombreque me precede,
porque existía antes que yo.



lunes, octubre 13, 2008

SUMMERTIME



Summertime,
And the livin' is easy
Fish are jumpin'
And the cotton is high

Your daddy's rich
And your mamma's good lookin'
So hush little baby
Don't you cry

One of these mornings
You're going to rise up singing
Then you'll spread your wings
And you'll take to the sky

But till that morning
There's a'nothing can harm you
With daddy and mamma standing by
Es verano,
Y la vida es fácil
Los peces abundan
Y el algodón está crecido

Tu papá es rico
Y tu mamá bonita
Así que ¡Shhh! chiquitito
No tienes que llorar

Una de estas mañanas
Te vas a levantar cantando
Desplegarás tus alas
Y el cielo alcanzarás

Pero hasta esa mañana
Nada hay que te pueda dañar
Con papá y mamá junto a ti.


"Summertime" es una de las canciones más populares del Siglo XX, que forma parte de la ópera "Porgy and Bess" de George Gershwin. En contraste con su ambiente, de valores tambaleantes, una mamá eleva generosa
y confiada esta entrañable canción de cuna, de música evocadora, que rasga la obra como un rayo de esperanza. Alcanza una serenidad que personalmente me remite al también popular Salmo 23, que se leyó el domingo pasado en la Misa: "El Señor es mi pastor; nada me puede faltar".

El cariño de unos padres ricos y agradables,
siempre cuidadosos y atentos, facilita la vida del hijo, igual que se hace fácil la vida del creyente, que reconoce la paternidad de Dios, que es infinitamente rico y poderoso, y está siempre atento a lo nuestro, para escucharnos y ayudarnos. También tenemos una mamá muy bonita, a quien podemos siempre contarle nuestras penas y pedirle ayuda, seguros de que no nos abandona, que nos cuida siempre.

¡Es muy cálida nuestra fe católica! En medio del mundo, por sí mismo desconcertado y frío, hace surgir la esperanza de manera concreta, como un rayo luminoso.







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lunes, junio 11, 2007

Sonata para un hombre bueno: la música, "lo bueno del hombre" y la libertad

Al final de la película "La vida de los otros", que se desarrolla en el Berlín oriental de la época comunista, uno de los protagonistas publica la novela "Sonata para un hombre bueno".  Este título me suena como un eco de Ana Frank, cuando culmina en su diario un largo razonamiento sobre la maldad que estaban soportando, asegurando que cree en lo bueno del hombre: "Ich glaube an das Gute im Menschen".

En el contexto de Ana, tan consciente de la maldad, lo bueno del hombre no es una bondad innata, rousseauniana, sino algo tan cercano al cristianismo, de raíz hebrea, que personalmente cuando evoco esta frase, que me resulta especialmente querida, se me figura en estos términos: "Yo creo en la capacidad de los hombres, en la mía propia por tanto, para comunicarnos con Dios", o aún más específica y sencillamente "Yo creo en Cristo".

"Lo bueno del hombre" es "la capacidad de Dios", que explica el Catecismo de la Iglesia de 1992.

¿Y cómo se asocia esto con la música?

Esta película, ganadora este año (2007) del Oscar a la mejor película extranjera, señala un vínculo. El escritor protagonista comenta una frase, que adjudica a Lenin, en cuanto decía evitaba escuchar la sonata Appasionata de Beethoven, porque pensaba que nadie que la tocara o la escuchara completa podría hacer el mal.  Es tan profunda la bondad que hace brotar, pensaba, que lo inhabilitaría para la Revolución.  En cambio el autor, que en ese momento estaba bajo sospecha, piensa igual, pero lejos de evitar ese efecto, toca al piano la "Sonata para un hombre bueno" (compuesta por Gabriel Yared expresamente para esta escena), que le envió un amigo disidente -el compositor en la trama-, poco antes de quitarse la vida, cuando se entera de su muerte por un llamado telefónico.  En un clima de recogimiento ante esta situación, provocada por la prepotencia, la música y las palabras evocan el ámbito de la libertad en lo más íntimo: la posibilidad de elevarse por encima de las circunstancias como el gran signo de la libertad.  Así encuentra el espía, que en secreto asiste a esta escena, su propia verdad, y la capacidad de actuar libremente.  Y en este personaje, para él anónimo pero a quien sabe que le debe la vida, se inspirará el escritor para su novela.

La música es en definitiva un signo de la esperanza en el fondo del corazón, que nos hace patente las armonías de lo creado, y en definitiva señala una vocación, de la que somos inconscientemente conscientes. Nuestros corazones saben cantar.

De eso se trata la "revelación", de Cristo, de la Iglesia. Que nos hablan. Y nosotros respondemos, personalmente, aunque no seamos cristianos.

En el libro-reportaje de Peter Seewald al entonces Cardenal Joseph Ratzinger, que lleva el título de "Dios y el mundo", y se subtitula "Creer y vivir en nuestra época", el periodista le pregunta al Cardenal si él habla con Dios, a lo cual nuestro Papa actual responde: "No sólo yo. También usted habla con Dios." Es que todos los hombres hablamos con Dios...

El buen uso de la libertad por parte del hombre tiene que ver con ese poder de comunicación del hombre con Dios. Cada vez es más fácil comprender esta realidad teológica, que la Iglesia señala tan claramente hoy en día. Diría que todavía no es un hecho reconocido en general, y debemos creer que cuando llegue a serlo mucha gente se hará capaz de heroicidades como la narrada en la película, y más aún, en la medida en que se hará conscientemente uno con el autor de la bondad.