¡Arriba los corazones!

"Sed tengo", "Sitio" en latín, es una de las siete palabra de Jesús en la Cruz. Es Su disponibilidad que convoca a la nuestra, invitándonos al “sacrificio de la alegría”: a “hacer de tripas corazón”, para mirarlo a Él.

¡Arriba los corazones! es una frase de aliento que nos remite al "Elevemos el corazón" de la Misa, que nos dispone para el sacrificio, dejando que Él nos dirija.

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martes, septiembre 29, 2009

El Niño Jesús de Praga y su coronación por el Santo Padre



La devoción al Niño Jesús de Praga, tan popular y significativa, se inicia en la capital checa en 1628, en la orden de los Padres Carmelitas.  Era época de guerra, en medio de una invasión, con persecusiones religiosas.

Los acontecimientos sobrenaturales que impulsaron la devoción de esta imagen del Niño Divino, que había llegado a Praga desde España como parte del "ajuar" de una novia, es una historia conmovedora, muy bien contada en varios sitios; por ejemplo acá y acá.

La autoridad del Niño, que se expresa e impone en las dificultades, ofreciendo su poder para cambiar las cosas, a nuestro pedido, nos deja pensando...

¡Qué diferente sería todo si nos empeñáramos en creer y orar con sencillez!

Sin embargo, a veces la imagen provoca cierta inquietud.  ¿Por qué el niño Jesús, nacido en un pesebre, aparece aquí revestido con riqueza, y con los atributos de poder de un Rey?

Parece que los atributos reales están de más.  En Belén no aparecían, pero allí también era Rey.  

Aquí vuelve a ser niño; vuelve a ponerse a nuestra disposición, con sus atributos reales a la vista, como invitándonos también a ser niños para hacernos cargo de nuestra estirpe real. 

Es una realidad paradójica, que está en la base de nuestra fe.

Por eso la imagen de Praga, cuando captamos su sentido, nos remueve.  El Rey de Reyes nos busca y nos quiere niños.  El dijo:  "Cuanto más me honréis, tanto más seréis bendecidos".

El Santo Padre, en su actual visita a Praga, fue a rezar a su altar, y le ofreció una hermosa corona, como vemos en el video de abajo.


Santa Teresita, que le rezaba cada día, le dedicó esta oración (en traducción desde el italiano):


Oh Niñito!



Mi único tesoro,
Tú te me apareces 

todo radiante de amor.
Yo me abandono a ti.
Oh Jesús, Hermanito mío!
No deseo otra alegría
que la de agradarte.
Reyecito mío!
Dame las virtudes de tu infancia.




Frente al altar donde se venera la imagen del Niño Jesús, Benedicto XVI oró unos momentos en silencio y después recitó una oración nueva, compuesta para esta ocasión. Al finalizar la recitación de la oración, el papa depositó sobre el altar una corona de oro como obsequio de la Santa Sede al Niño Jesús de Praga.

Reproducimos a continuación la oración del papa Benedito XVI al Niño Jesús dePraga:
Señor Jesús, te vemos niño y creemos que eres el Hijo de Dios, hecho hombre por obra del Espíritu Santo en el vientre de la Virgen María.
Como en Belén, también nosotros con María, José, los Ángeles y los pastores te adoramos y te reconocemos nuestro único Salvador.
Te hiciste pobre para hacernos ricos con tu pobreza:
Concédenos que nunca olvidemos a los pobres y a todos aquellos que sufren.
Protege nuestras familias.
Bendice a todos los niños del mundo, haz que reine siempre entre nosotros el amor que Tú nos has brindado y que hace la vida más feliz.
Dona a todos, oh Jesús, reconocer la verdad de tu Natividad para que todos sepan que has venido a traer a la entera familia humana la luz, la alegría y la paz.
Tú eres Dios y vives y reinas con Dios Padre, en la unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén
(Información sobre la visita y oración del Santo Padre tomada del sitio web de los Carmelitas Descalzos )

domingo, noviembre 30, 2008

Adviento - Comienzo del Año Litúrgico

Isaías 63: 16 - 17, 19
16 Porque tú eres nuestro Padre, que Abraham no nos conoce, ni Israel nos recuerda. Tú, Yahveh, eres nuestro Padre, tu nombre es «El que nos rescata» desde siempre.
17 ¿Por qué nos dejaste errar, Yahveh, fuera de tus caminos, endurecerse nuestros corazones lejos de tu temor? Vuélvete, por amor de tus siervos, por las tribus de tu heredad.
19 Somos desde antiguo gente a la que no gobiernas, no se nos llama por tu nombre. ¡Ah si rompieses los cielos y descendieses - ante tu faz los montes se derretirían,




El domingo pasado, con la fiesta de Cristo Rey, culminó el Año Litúrgico. Hoy, primer domingo de Adviento, se reinicia.

Este tiempo nuevo se refiere al advenimiento de Cristo, y nos llama al recogimiento, con la vista puesta en la fiesta de Navidad, pero trascendiéndola, conscientes de que el nacimiento de Cristo que ahora esperamos y pronto festejaremos es la condición necesaria para la manifestación de su realeza, que celebramos el domingo pasado, y que algún día se expresará en una eclosión gloriosa.

jueves, octubre 16, 2008

Juan Pablo II

Hoy hace 30 años de la elección del Papa Juan Pablo II.

Aquel Papa tan joven y atlético fue con los años un Papa viejecito, encorvado y lento, pero su espíritu continuó milagrosamente joven y atlético hasta el último momento.

En los veintiséis años de su pontificado, ¡oró tanto, trabajó tanto, se mostró tanto; con generosidad proverbial! ¡Nos bendijo tanto (hasta su último día)! ¡Deseó tanto que lo entendiéramos! ¡Nos habló tanto!

Para una tan maravillosa siembra parecería aún escasa la cosecha. Pero lo cierto es que todavía no la hemos recogido toda. No hemos llegado a captar lo trascendente que es su legado.

Quizás como un anticipo de la gran cosecha que llegará, el día de su muerte, miles y miles de personas, millones, llegaron a Roma de todo el mundo para despedirlo.

Hace treinta años, tomó el nombre de su predecesor, Juan Pablo I, quien a su vez había homenajeado a los dos Papas anteriores, directamente relacionados con el Concilio Vaticano II: Juan XXIII, que lo convocó y lo abrió, y Pablo VI, quien lo clausuró y lo puso en marcha.

De modo que su nombre evoca la renovación conciliar, que él impulsó con seguridad en el rumbo, firmemente enraizado en la Iglesia, atento a la Palabra de Dios.

Esta triple fidelidad al Concilio, a la tradición de la Iglesia y a la Palabra de Dios, resulta de su esencial fidelidad a Jesucristo, a quien reconoció claramente como la piedra angular, único cimiento para reconstruir efectivamente las ruinas de aquel mundo que vio caerse literalmente en su juventud, como lo ha contado en diversas oportunidades. En la homilía que dirigió a los jóvenes de Belo Horizonte (Brasil) en 1980, que se puede leer acá, se refirió a esta experiencia de manera entrañable.

Su valentía para poner a Jesucristo como cimiento en todo, ha abierto horizontes inexplorados, por los que nos toca avanzar. La colaboración de judíos y protestantes en la lectura continuada de la Biblia, resaltando la raíz judía de la misma, en las maratónicas jornadas de este mes en Roma, es un ejemplo de los avances que la singular presencia de Juan Pablo II ha hecho posible.

Como Elías en el Carmelo, pero en el Siglo XX, el Papa Juan Pablo II conjuró todas las amenazas de quienes más o menos inocentemente se alejaron de las enseñanzas de la Iglesia, de la Palabra de Dios, y en definitiva de Jesucristo. Creyéndose a su favor, desconocían de un modo u otro el "mero cristianismo", por decirlo con frase de C.S. Lewis, anglicano genial.

Juan Pablo II nos provee una verdadera revolución, de la que estamos disfrutando y seguiremos, con la ayuda de Dios, viendo mayores y mayores beneficios.