¡Arriba los corazones!

"Sed tengo", "Sitio" en latín, es una de las siete palabra de Jesús en la Cruz. Es Su disponibilidad que convoca a la nuestra, invitándonos al “sacrificio de la alegría”: a “hacer de tripas corazón”, para mirarlo a Él.

¡Arriba los corazones! es una frase de aliento que nos remite al "Elevemos el corazón" de la Misa, que nos dispone para el sacrificio, dejando que Él nos dirija.

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sábado, agosto 20, 2011

En la fiesta de San Bernardo

San Bernardo fue un santo ardiente en su vocación, enfocado, pujante, sencillo e influyente, "el último de los Padres".


De los documentos de un sitio religioso, acá, proviene la cita siguiente, que describe vívidamente la situación del hombre:  

cargadas de pecado
agravadas por nuestro cuerpo mortal
sumergidas en preocupaciones mundanas
embriagadas de deseos carnales
ciegas, deformadas, enfermas
enredadas en un complejo de errores
indefensas ante mil peligros
espantadas por mil temores
perplejas ante mil dificultades
sujetas a mil incertidumbres
y aplastadas por mil exigencias.


Y comenta:


En medio de estas pruebas, San Bernardo nos ve sin fuerzas suficientes de parte nuestra; queda sin palabras ante el triste destino humano, si no viniese ayudado por la misericordia divina.


Pero precisamente todo esto nos estimula a orar, o al menos debería suscitar en nosotros el deseo de orar; en el fondo, es ésta la respuesta que Dios espera de nosotros: "Sin mí no podéis hacer nada."

Así es nuestra realidad, marcada por el pecado original y la redención de Cristo.

Acá podemos leer las palabras que el Santo Padre Benedicto XVI le dedicó en el Angelus del domingo 20 de agosto de 2006. 

sábado, junio 06, 2009

JESÚS, ALEGRÍA DE LOS HOMBRES




En su parte más popular, generalmente conocida como "Jesús, alegría de los hombres", que aquí el gran pianista Dinu Lipatti interpreta magistralmente, el texto de esta cantata No.147 de Bach, Herz und Mund und Tat und Leben (El corazón y la boca, los actos y la vida), estrenada en 1723 en Leipzig, en la fiesta de la Visitación de la Virgen María (por el rito luterano), dice (al final de la misma):
Jesús sigue siendo mi alegría
Consuelo y bálsamo de mi corazón,
Jesús me defiende de toda pena,
Él es la fuerza de mi vida,
el gozo y el sol de mis ojos,
el tesoro y la delicia de mi alma;
por eso no quiero a Jesús
fuera de mi corazón o de mi vista.
Pero en el cierre de la primera parte se escucha esta misma melodía, con el siguiente texto:
Feliz soy, pues tengo a Jesús,
Oh, con qué fuerza me aferro a Él
para que consuele mi corazón
cuando estoy débil y triste.
Tengo a Jesús, que me ama
y se me entrega como algo mío;
ah, así, no quiero abandonar a Jesús
aunque mi corazón se rompa.
En CantatasDeBach.com, se nos explica cómo Bach compuso esta cantata para el cuarto domingo de Adviento (quizás para el tercero, Domingo "Gaudete", "del Alegraos", en la liturgia católica), pero al no poder estrenarla al final del Adviento, por imposición de las reglas litúrgicas de su Iglesia, la destinó a la Fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen María, y así aumentó la presencia de la Virgen en la Cantata, y perfeccionó esta obra maestra, cumbre entre todas las cumbres del arte.

En la columna de la izquierda del blog aparecen los videos de esta Cantata completa, en versión del director Nikolaus Hamoncourt con el Concertus Musicus de Viena y el Coro Arnold Schoenberg, dividida en siete segmentos. El final de la primera parte se encuentra en el segmento 4. Y el final de la segunda parte en el segmento 7.

En YouTube,
en este canal, se encuentra esta misma versión de Hamoncourt, con excelentes apuntes en español, dividida en sus 10 partes exactas .

El
texto en alemán y expañol se lee acá.



viernes, junio 05, 2009

JOSÉ, MARÍA Y JESÚS

Tomado de:
En él se refleja el Padre

Después de María, san José es sin duda el mayor santo del cielo. San Gregorio de Nizancio dijo: «El Señor ha reunido en José, como en un sol; todo lo que los santos juntos tienen de luz y de esplendor». (...)

A lo largo de la historia de la Iglesia, de san Ireneo a san Efrén, de san Basilio a san Francisco de Sales, a santa Teresa de Ávila, a san Vicente de Paul, pasando por san Agustín, san Bernardo y tantos más, todos se han inspirado en la figura humilde del carpintero, sombra del Padre en virtud de su misión en el Misterio de la Encarnación.

Y los Papas no se quedan atrás para cantar la gloria de san José. (...) Por qué no seguir el ejemplo de Juan XXIII quien declaró con toda sencillez: « A San José, yo lo amo tanto, a tal punto que no puedo comenzar el día, ni terminarlo, sin que mi primera palabra y mi último pensamiento no sean para él».

Padre José-María Verlinde

Fuente: www.mariadenazaret.com

miércoles, junio 03, 2009

Entrevista a propósito de las "nuevas religiosidades"

Entrevista al Padre Joseph-Marie Verlinde, Experto en "Nuevas Religiosidades":

El Padre Joseph-Marie Verlinde vivió una doble conversión a Jesucristo y a la Iglesia. desde la Meditación Trascendental (Gurú Maharishi) y ciertas comunidades crísticas no cristianas. Tras pasar por el seminario en Roma, se ordenó sacerdote dentro de la orden cisterciense, en la comunidad monacal de San José.

Actualmente es referente principal en Francia con relación a las nuevas corrientes religiosas, que hoy por hoy muchas veces se presentan como un complemento inofensivo de la vida cristiana.  Pero es conveniente saber que hay riesgos, y cuáles son.

El Padre Verlinde publicó diversos libros, entre ellos "Iniciación a la Lectio Divina", "El cristianismo, primavera de Europa", "El desafío del esoterismo al cristianismo", "L'expérience Inter-dite".

En esta entrevista de KTO, explica en detalle la diferencia primordial entre las religiones "energéticas" que proponen las corrientes en boga, y la religión personal, que vivimos con Jesucristo. en la Iglesia, y de qué modo se oponen.

La Palabra de Dios no ocupa ningún lugar para el "energetista", y es la clave de todo para la religión personal, de raíz judeo-cristiana, entroncada en la Revelación (divina), y sujeta a ella. Luego, en última instancia, las nociones "energetistas" se confunden con la magia, que medra fuera de la soberanía divina.

martes, mayo 05, 2009

La unidad y la universalidad de la Palabra de Dios - El Buen Pastor y la Revelación

En las misas de hoy se leyó el Salmo 86:

R. Alabad al Señor, todas las naciones.
Él la ha cimentado sobre el monte santo; y el Señor prefiere las puertas de Sión a todas las moradas de Jacob. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
R. «Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles; filisteos, tirios y etíopes han nacido allí.» Se dirá de Sión: «Uno por uno todos han nacido en ella; el Altísimo en persona la ha fundado.»
R. El Señor escribirá en el registro de los pueblos: «Éste ha nacido allí.» Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti.» R.

y el Evangelio de San Juan, Capítuo 10, 22-30:
Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: - «¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente.» Jesús les respondió: - «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mi. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.»
Ambas lecturas nos hablan de la unidad y de la universalidad de la Palabra de Dios, porque todos los hombres estamos hechos para oírla, y El la ha dado a conocer. Este es el tema de las lecturas de hoy, asociadas a la figura de Buen Pastor, que fue central en las lecturas del domingo pasado.

En la Audiencia del Miércoles 13 de noviembre del 2002, Juan Pablo II comentaba así este Salmo 86, que nos habla de la fuente común, del querer de Dios comunicado a los hombres:

1. El canto de Jerusalén, ciudad de la paz y madre universal, que ahora hemos escuchado, está por desgracia en contraste con la experiencia histórica que está viviendo la ciudad. Pero la oración tiene por tarea sembrar confianza y generar esperanza.

La perspectiva universal del Salmo 86 puede recordar el himno del Libro de Isaías, en el que se ve cómo convergen hacia Sión todos los pueblos para escuchar la Palabra del Señor y redescubrir la belleza de la paz, forjando de las «espadas azadones» y de las «lanzas podaderas» (Cf. 2,2-5). En realidad, el Salmo se presenta en una perspectiva muy diferente, la de un movimiento que, en vez de converger hacia Sión, sale de Sión; el salmista ve en Sión el origen de todos los pueblos. Después de haber declarado el primado de la ciudad santa no por méritos históricos o culturales sino sólo por el amor de Dios por ella (Cf. Salmo 86,1-3), el Salmo celebra precisamente esta universalidad que hermana a todos los pueblos.

2. Sión es cantada como madre de toda la humanidad y no sólo de Israel. Una afirmación así es de una audacia extraordinaria. El Salmista es consciente y lo subraya: «Glorias se dicen de ti, ciudad de Dios» (versículo 3). ¿Cómo es posible que la modesta capital de una pequeña nación pueda ser presentada como el origen de pueblos mucho más potentes? ¿Cómo puede tener Sión esta inmensa pretensión? La respuesta se ofrece en la misma frase: Sión es madre de toda la humanidad, pues es la «ciudad de Dios»; está por tanto en la base del proyecto de Dios.
Todos los puntos cardinales de la tierra se encuentran en relación con esta Madre: Ráhab, es decir, Egipto, el gran estado Occidental; Babilonia, la conocida potencia oriental; Tiro, que personifica al pueblo comercial del norte; mientras que Etiopía representa al profundo sur; y Palestina, el área central, también es hija de Sión.
En el registro espiritual de Jerusalén aparecen todos los pueblos de la tierra: tres veces se repite la fórmula «uno por uno todos han nacido en ella» (versículo 6). Es la expresión jurídica oficial con la que entonces se declaraba que una persona era originaria de una determinada ciudad y, como tal, gozaba de la plenitud de los derechos civiles de aquel pueblo.
3. Es sugerente observar cómo incluso las naciones consideradas hostiles a Israel suben a Jerusalén y son acogidas no como extranjeras sino como «familiares». Es más, el salmista transforma la procesión de estos pueblos hacia Sión en un canto coral y en una danza gozosa: ellos vuelven a encontrar sus «manantiales» (Cf. versículo 7) en la ciudad de Dios de la que mana una corriente de agua viva que fecunda a todo el mundo, como proclamaban los profetas (Cf. Ezequiel 47, 1-12; Zacarías 13, 1; 14, 8; Apocalipsis 22, 1-2).
Todos vienen a Jerusalén a descubrir sus raíces espirituales, a sentirse en su patria, a volver a encontrarse como miembros de la misma familia, a abrazarse como hermanos, de regreso a casa.
4. Página de auténtico diálogo interreligioso, el Salmo 86 recoge la herencia universalista de los profetas (Cf. Isaías 56, 6-7; 60, 6-7; 66, 21; Job 4, 10-11; Malaquías 1,11 etc.) y anticipa la tradición cristiana que aplica este Salmo a la «Jerusalén de arriba» de la que san Pablo proclama que «es libre y es nuestra madre» y tiene más hijos que la Jerusalén terrena (Cf. Gálatas 4, 26-27). Del mismo modo habla el Apocalipsis cuando ensalza «la Jerusalén que bajaba del Cielo, de junto a Dios» (21, 2. 10).
Siguiendo la línea del Salmo 86, también el Concilio Vaticano II ve en la Iglesia universal el lugar en el que se reúnen «todos los justos descendientes de Adán, desde Abel el justo hasta el último elegido». Tendrá su «cumplimiento glorioso al fin de los tiempos» («Lumen gentium», n. 2).
5. Esta lectura eclesial del Salmo se abre, en la tradición cristiana, a una relectura en clave mariológica. Jerusalén era para el Salmista una auténtica «metrópolis», es decir, una «ciudad-madre», en cuyo interior estaba presente el mismo Señor (Cf. Sofonías 3, 14-18). Desde esta perspectiva el cristianismo canta a María como la Sión viviente, en cuyo seno fue engendrado el Verbo encarnado y, por consecuencia, fueron engendrados los hijos de Dios. Los Padres de la Iglesia --desde san Ambrosio de Milán hasta Atanasio de Alejandría, desde Máximo el Confesor hasta Juan Damasceno, desde Cromacio de Aquileia a Germán de Constantinopla-- concuerdan en esta relectura cristiana del Salmo 86.
Nosotros nos ponemos ahora en escucha de un maestro de la tradición armenia, Gregorio de Narek (950?-1010), quien en su «Discurso panegírico a la beatísima Virgen María» se dirige así a la Virgen: «Refugiándonos bajo tu dignísima y poderosa intercesión, quedamos protegidos, o santa Progenitora de Dios, encontrando alivio y descanso bajo la sombra de tu protección como si estuviéramos resguardados por un muro bien fortificado: muro adornado, un muro con brillantes purísimos engarzados; muro envuelto de fuego, y por tanto, inexpugnable por los ladrones; un muro llameante, centelleante, inalcanzable e inaccesible para los crueles traidores; un muro rodeado por todas las partes, según David, cuyos cimientos fueron puestos por el Altísimo (Cf. Salmo 86, 1. 5); muro imponente de la ciudad suprema, según Pablo (Cf. Gálatas 4, 26; Hebreos 12, 22), donde acogiste a todos como habitantes para que a través del nacimiento corporal de Dios hicieras hijos de la Jerusalén de arriba a los hijos de la Jerusalén terrena. Por ello sus labios bendicen tu seno virginal y todos te proclaman casa y templo de Aquél que es de la misma esencia del Padre. Por tanto, con razón te es apropiado lo que dijo el profeta: "Fuiste para nosotros refugio y fortaleza, un socorro en la angustia" (Cf. Salmo 45, 2)» («Textos marianos del primer milenio»; «Testi mariani del primo millennio», IV, Roma 1991, p. 589).

domingo, diciembre 14, 2008

DOMINGO DEL "ALEGRAOS" ("GAUDETE")

La epístola de San Pablo que se lee hoy, por ser tercer domingo de Adviento, hace referencia a la alegría permanente, y por eso desde los primeros siglos del cristianismo, éste es el domingo "Gaudete", que en latín quiere decir "¡Alegraos!", "¡Alégrense!":

I Tesalonicenses 5: 16 - 24
16 Estad siempre alegres.
17 Orad constantemente.
18 En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros.
19 No extingáis el Espíritu;
20 no despreciéis las profecías;
21 examinadlo todo y quedaos con lo bueno.
22 Absteneos de todo genero de mal.
23 Que El, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo.
24 Fiel es el que os llama y es él quien lo hará.

domingo, octubre 12, 2008

Un banquete sin par

Isaías 25: 6 - 10

6 Hará Yahveh Sebaot a todos los pueblos en este monte un convite de manjares frescos, convite de buenos vinos: manjares de tuétanos, vinos depurados;
7 consumirá en este monte el velo que cubre a todos los pueblos y la cobertura que cubre a todos los gentes;
8 consumirá a la Muerte definitivamente. Enjugará el Señor Yahveh las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra, porque Yahveh ha hablado.
9 Se dirá aquel día: «Ahí tenéis a nuestro Dios: esperamos que nos salve; éste es Yahveh en quien esperábamos; nos regocijamos y nos alegramos por su salvación.»
10 Porque la mano de Yahveh reposará en este monte, Moab será aplastado en su sitio como se aplasta la paja en el muladar.

Esta es la lectura del Antiguo Testamento de la Misa de hoy.

Dice cosas extraordinarias: que "en este monte", Dios va a quitar el velo que cubre a las naciones, que enjugará las lágrimas de cada hombre y asimismo dará lucimiento a su pueblo, todo a través de un gran banquete, de alimentos seleccionados.

Recuerdo que este pasaje de Isaías era uno de los preferidos de Julio Barreiro, profesor de Historia en mi curso de secretariado, en los años '61 y '62. Era protestante, alumno de Karl Barth, como otros de los notables profesores de aquel curso, los Pastores Mortimer Arias y Emilio Castro. El Prof. Barreiro le daba mucha importancia a la Revelación, a la raíz judía del Cristianismo y a su valor integrador.

En cuanto a este texto, al que recurría a menudo, a veces comentaba, un poco como pensando para sí mismo, no como tema de debate, que para que Dios pudiera encaminar a todas las gentes al "Valle de Josafat", según la profecía de Joel, sólo era necesario que todos pudiéramos ver lo mismo en el mismo instante, y que gracias a la televisión y a otros adelantos técnicos que se oteaban en el horizonte, parecía que se avecinaba el momento...

Parecía suponer que algún día, más o menos pronto, Dios mismo develaría todos los enigmas, y daría razón de todos los sufrimientos, a través de un conocimiento refinado de la verdad, que surgiría de una íntima y comunicativa claridad.

Me gustaba mucho este enfoque de las cosas de Dios y de la religión, y a los tres años de aquellas clases me había hecho católica, porque aquel proclamarse "la única verdadera" de la Iglesia Católica, que anteriormente no había comprendido, y me alejaba, de pronto lo comprendí en su verdad. Vi claramente que sólo la Iglesia Católica puede ofrecernos el gran banquete. Justamente por la capacidad de discernimiento (integrador) que el Magisterio le otorga, identificándose con la Revelación desde la raíz, que testifica la voluntad de comunicación de Dios con los hombres.

En ese mismo momento, que coincidía con la clausura del Concilio Vaticano II, las comunidades católicas entraron en una especie de tembladeral, en el que se removían muchas cosas accesorias, pero también se llegaron a vivir verdaderas crisis de identidad, que afectaban la conciencia de ser depositarios de la verdad, es decir fieles custodios de la Palabra de Dios y de su desarrollo, en el marco de la Revelación.

Providencialmente, al año siguiente conocí al Opus Dei, a través de un club de jovencitas, aunque mi grupo de amigas no lo éramos tanto, y allí sentí que tocaba el cielo con las manos. O sea, que tenía el anhelado Magisterio al alcance de la mano.




jueves, septiembre 07, 2006

El cumpleaños de la Santí­sima Virgen María

Mañana es el cumpleaños de la Virgen María, nuestra madre, y he decidido retomar el blog que con tanta ilusión comencé la ví­spera de la fiesta de San José, esposo de la Virgen, a quien -como San José Obrero- también celebramos el 1º de mayo, Día de los Trabajadores.

Casi todos los santos tienen una única fiesta en el año, generalmente en la fecha de la muerte, que es la del nacimiento al cielo. Pero
San Juan Bautista, tiene también dos fiestas: el dí­a de su nacimiento, el 24 de junio, y el dí­a de su muerte, que fue la semana pasada, el 29 de agosto.
Son santos especialmente cercanos a Nuestro Señor Jesucristo.

De la Santí­sima Virgen festejamos su
concepción inmaculada (el 8 de diciembre), su nacimiento (el 8 de setiembre). Y la fiesta de la Asunción (al Cielo), el 15 de agosto, es la fecha de su muerte. Por ser la madre de Jesús, ella está asociada a estas mismas fiestas en la vida de su Hijo: el 25 de marzo es la Anunciación, que es el dí­a de la concepción de Jesús; el 25 de diciembre y su víspera celebramos la Navidad, que es el Nacimiento de Jesús y el Viernes Santo su Pasión y Muerte.

Estas fiestas familiares se extienden también a sus
apariciones, que son auténticas visitas, y a otras tradiciones, siempre acordes con la verdad que la Iglesia protege. Notable es la aparición de la Virgen de Guadalupe, en México, en 1531, que es la bellísima imagen que ilustra esta entrada: una verdadera fotografía, cuya historia vale la pena conocer. Un gran signo: "No hizo nada igual con ninguna otra nación", dijo el Papa Benedicto XIV al aprobar esta fiesta, con frase del Libro de los Salmos. Porque la verdad de la Iglesia es la Revelación, que tiene su origen en Abraham, a través del pueblo judío, cuyos libros comparte.

Es extraordinario cómo a través de la Iglesia alcanzamos la conciencia de esta familiaridad y vivimos con toda naturalidad sus alcances. Hay un "empalme" prácticamente imperceptible por el cual se da una continuidad en la fe, que enraiza en la familiaridad con la verdad a todo nivel, es decir con todo lo bueno: que a veces se nos escapa, si vivimos encerrados en nosotros mismos. Pero podemos llegar a conocer con toda naturalidad, gracias al "
abandono radical de toda forma de repliegue sobre uno mismo, en la salida de sí­ y en la auto-trascendencia" que es obra de la Redención.

La
Teologí­a nos enseña que éste es justamente el singularísimo aporte de la Virgen y de Jesús a todo el género humano . Lo que aprendemos al acercanos a Jesús y a la Virgen es que a ellos y sólo a ellos (luego, a través de la Iglesia), les debemos ese poder salir radicalmente de nuestros repliegues para querer el querer de Dios. Y es gracias a ellos, a través de la Iglesia, que este bien está al alcance de todo hombre y de toda mujer.

Comprendida la participación de la Virgen, entendemos el tema de la
Corredención. Y vamos a explicarlo un poquito. Nunca en la Iglesia hay inventos. Simplemente nos ayuda a reconocer lo que tantas veces está a la vista y otras veces un poco más oculto, pero siempre decididamente "visible" para la fe, que -no nos olvidemos- se asienta en la inteligencia.

Jesús nos redime porque es
Dios y hombre a la vez: el único hombre que es Dios. Y nos redime "instruyéndonos" en su querer, por encima de nuestros vericuetos, porque todo el proceso de su encarnación lo hace posible. Thomas Merton desarrolla magníficamente este tema en "El hombre nuevo". Pero si escuchamos atentamente el Evangelio de Juan (capí­tulo 6, vs. 41-51), que se leyó en las misas de hace tres semanas, el domingo 13 de agosto, encontramos ese "empalme" entre Dios y los hombres a través de Jesucristo, dicho muy simplemente por él mismo:
"Está escrito en los profetas: Y serán todos instruidos por Dios.
Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí­.
Esto no significa que alguien haya visto al Padre.
Solamente aquél que ha venido de Dios ha visto al Padre".
Jesús, pues, es el único que viene de Dios y ha visto al Padre, con quien, nos lo dice él mismo (Juan 14, 6-14), se identifica. Y la Virgen es su Madre. Y gracias a ellos, nosotros somos instruidos por Dios. Nosotros no tenemos normalmente noción de cómo serían las cosas sin ese puente. Qué disgregados y sin horizontes viviríamos. En "Mero Cristianismo", el pensador anglicano C.S. Lewis nos da una idea. Y el Cardenal Charles Journet nos explica extraordinariamente todo lo relativo a la función de la Iglesia, a un nivel de divulgación en "Charlas acerca de la Gracia", y mucho más técnico y completo en "La Iglesia del Verbo Encarnado". En un nivel más general, es notable la explicación del Cardenal J.H. Newman en su sermón "El mundo y el pecado" (The world and sin).

"La Madre del Salvador" es un
libro del Padre R. Garrigou-Lagrange, en el cual explica cómo todas las gracias que le fueron otorgadas a la Santísima Virgen lo fueron en orden a su maternidad divina, que le da una trascendencia única a su vida, y la convierte también en nuestra madre, y en definitiva en corredentora: es la puerta por donde Jesús, que es Dios, se hace hombre y así "entra" en la humanidad, es decir en nuestro mundo.
San Luis Grignion de Monfort desarrolla en un estilo enérgico y encantador las connotaciones teológicas de todo esto. Nació a fines del Siglo XVII, y abrió la senda de "la esclavitud de María", que Juan Pablo II adoptó de corazón, reflejada en su lema "Totus Tuus", tierna y exigente, que a mí­ se me hace afín a San Juan de la Cruz, y a las enseñanzas de la Infancia Espiritual, eminentemente difundidas por Santa Teresita y San Josemarí­a. Por ejemplo, San Luis Grignion de Monfort, decía:"Si no arriesgamos nada por Dios, nunca haremos por El algo que valga la pena", ó "Una de las razones principales por las que el Espíritu Santo no realiza obras maravillosas en las almas es que no encuentra en ellas unión suficientemente estrecha con su fiel e indisoluble esposa, la Virgen Maria..."
La Iglesia puede explicarnos todas estas cosas, tan entrañables, consoladoras y ¡comprometedoras!

En este enlace podemos leer sobre la historia y el origen de esta festividad. 

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