¡Arriba los corazones!

"Sed tengo", "Sitio" en latín, es una de las siete palabra de Jesús en la Cruz. Es Su disponibilidad que convoca a la nuestra, invitándonos al “sacrificio de la alegría”: a “hacer de tripas corazón”, para mirarlo a Él.

¡Arriba los corazones! es una frase de aliento que nos remite al "Elevemos el corazón" de la Misa, que nos dispone para el sacrificio, dejando que Él nos dirija.

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martes, septiembre 18, 2012

EL FUNDAMENTALISMO ES SIEMPRE UNA FALSIFICACIÓN DE LA RELIGIÓN


Encuentro de Benedicto XVI con periodistas en el avión hacia Líbano

En los viajes internacionales, Benedicto XVI acostumbra a compartir un tramo de su vuelo hablando con los periodistas que le acompañan en el avión. En el actual viaje a Líbano, los profesionales de los medios de comunicación le han preguntado sobre diversos temas de la actualidad política, social y religiosa en Líbano, Oriente Medio y el mundo.
Se transcribe el texto de parte de las preguntas de los periodistas y de las respuestas de Benedicto XVI publicadas por Radio Vaticano.
*****
Santidad, en estos días se recuerdan aniversarios terribles como el del 11 de septiembre, o la matanza de Sabra y Chatila; además en la frontera del Líbano está en curso una sangrienta guerra civil, mientras en otros países se observan focos de violencia. ¿Santo Padre con qué sentimientos afronta este viaje? ¿Le han sugerido que renunciara a la visita por motivos de seguridad?
--Benedicto XVI: Nadie me ha aconsejado renunciar a este viaje y yo tampoco he contemplado esta hipótesis, porque sé que cuando la situación se hace más complicada es aún más necesario ofrecer un signo de fraternidad, de ánimo y de solidaridad. Por tanto, el objetivo de mi viaje es invitar al diálogo, invitar a la paz contra la violencia, trabajar juntos para encontrar soluciones a los problemas. Mis sentimientos son sobre todo sentimientos de agradecimiento por poder visitar en este momento este gran País, un país --como dijo el Papa Juan Pablo II- que es un ejemplo de encuentro en esta región para las tres religiones. Agradezco al Señor que me ha dado esta posibilidad, a todas las instituciones y las personas que han colaborado y colaboran en esta visita. Y agradezco también a todos los que me acompañan en la oración.
Muchos católicos expresan su preocupación por el aumento del fundamentalismo en distintas regiones del mundo, y ante los ataques de los que son víctimas muchos cristianos en el mundo. En este contexto difícil y a menudo sangriento, ¿de qué manera la Iglesia puede responder al imperativo del diálogo con el Islam, sobre el cual Usted siempre ha insistido?
--Benedicto XVI: El fundamentalismo es siempre una falsificación de la religión y va contra el sentido de la religión, que, en cambio, invita a difundir la paz de Dios en el mundo. Por tanto, el compromiso de la Iglesia y de las religiones es aquel de cumplir una purificación de estas tentaciones, iluminar las conciencias y hacer de tal manera que cada uno tenga una imagen clara de Dios. Debemos respetarnos unos a los otros. Cada uno es imagen de Dios y debemos respetarnos recíprocamente. El mensaje fundamental de la religión debe estar contra la violencia, que es una falsificación como el fundamentalismo, debe ser la educación, la iluminación y la purificación de las conciencias, para favorecer el dialogo, la reconciliación y la paz.
En el contexto de la ola de deseo de democracia, que se ha puesto en marcha en muchos países de Oriente Medio con la llamada "primavera árabe", teniendo en cuenta la realidad social en la mayoría de estos países, donde los cristianos son una minoría, ¿no hay el riesgo de una tensión inevitable entre el dominio de la mayoría y la supervivencia del cristianismo?
--Benedicto XVI: De por sí, la primavera árabe es una cosa positiva: un deseo de mayor democracia, mayor libertad, mayor cooperación y de una renovada identidad árabe. Este grito de la libertad que viene de una juventud más formada cultural y profesionalmente, que desea una mayor participación en la vida política y social es un progreso, una cosa muy positiva y que esta bien acogida también por nosotros los cristianos. Naturalmente sabemos, pensando en la historia de las revoluciones, que el grito de libertad tan importante y positivo, corre el riesgo de olvidar un aspecto, una dimensión fundamental de la libertad, que es la tolerancia del otro, el hecho de que la libertad humana es siempre una libertad compartida, y que solo puede crecer en la solidaridad, en el vivir juntos con determinadas reglas. Esto es siempre un peligro, también en este caso. Tenemos que hacer todo lo posible para que el concepto de libertad, el deseo de libertad vaya en la justa libertad y no olvide la tolerancia, la reconciliación que son elementos fundamentales de la libertad. De esta manera también la Primavera Árabe, necesita una renovación de la historia milenaria. Los cristianos y los árabes han construido estas tierras y han de vivir juntos. Creo, que es importante ver los elementos positivos de estos movimientos y hacer todo lo posible para que la libertad sea concebida correctamente y responda a un mayor dialogo y no al dominio de unos contra otros.
Santo Padre, en Siria, como hace algún tiempo en Irak, muchos cristianos se sienten obligados a dejar su país de mala gana. ¿Qué va a hacer o decir la Iglesia católica para ayudar en esta situación y para frenar la fuga de los cristianos en Siria y en otros países de Oriente Medio?
--Benedicto XVI: Debo decir ante todo que no solo los cristianos huyen, también huyen los musulmanes. El peligro que los cristianos se alejen de estas tierras y pierdan su presencia es grande y nosotros debemos hacer todo lo posible para ayudarles a que se queden. La ayuda esencial sería el fin de las guerras y de las violencias, que crean estos éxodos. Por tanto, es necesario interrumpir las violencias y favorecer la posibilidad de que permanezcan todos juntos también en el futuro. ¿Qué podemos hacer contra la guerra? Naturalmente difundir siempre el mensaje de la paz, aclarar que la violencia no resuelve nunca un problema y reforzar las fuerzas de la paz. Es importante en este sentido el trabajo de los periodistas, que pueden ayudar mucho mostrando como la violencia destruye, no construye, no es útil para nadie. Es necesario rezar por Oriente Medio, por los cristianos y musulmanes mostrando la posibilidad de diálogo y de soluciones. Debe cesar la importación de armas: sin armas la guerra no podría continuar. En vez de importar las armas, que es un pecado grave, deberíamos importar las ideas, la paz, la creatividad, aceptar a los otros en la diversidad. Hacer visible el respeto de las religiones unas hacia las otras, el respeto del hombre como criatura de Dios, el amor del prójimo como elemento fundamental para todas las religiones. Es necesario promover todos los gestos posibles, también materiales, para favorecer el fin de la guerra y de la violencia, de modo que todos puedan reconstruir el país.
Santo Padre, usted trae una exhortación apostólica dirigida a todos los cristianos de Oriente Medio. Hoy ésta es una población que sufre. Además de la oración y de los sentimientos de solidaridad, ¿Usted ve pasos concretos que las Iglesias y los católicos de Occidente, especialmente en Europa y Estados Unidos, pueden hacer para apoyar a los hermanos de Oriente Medio?
--Benedicto XVI: Debemos influir en la opinión pública. Debemos invitar a los políticos a comprometerse realmente con todas las fuerzas y con todas las posibilidades, a trabajar con creatividad por la paz y contra la violencia. Todos debemos contribuir en un cierto sentido en un trabajo de exhortación, de educación, de purificación, muy necesario de nuestra parte. Por otra parte, nuestras organizaciones caritativas debieran ayudar también de manera material. Tenemos organizaciones como los Caballeros del Santo Sepulcro, solo para Tierra Santa, pero podrían ayudar otras organizaciones material, política y humanamente en estos países. Una vez más digo que son necesarios gestos de solidaridad, días de oración, que pueden sensibilizar la opinión publica, tener efectos reales. Estamos convencidos que la oración tiene un efecto, si se hace con confianza y fe.

jueves, junio 28, 2012

Audiencia General del Santo Padre - Miércoles 27 de junio de 2012




'ADOREMOS LA EUCARISTÍA PARA HACER ENTRAR NUESTRA VIDA EN EL AMOR DE DIOS'
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 27 junio 2012 (ZENIT.org).- 


En el discurso en lengua italiana, el papa siguió con sus catequesis sobre la oración en las Cartas de san Pablo.
Benedicto XVI se ha centrado en la catequesis de hoy en uno de los más antiguos cantos o himnos de la tradición cristiana, la Carta de san Pablo a los Filipenses. recordó que es "una carta que dicta el Apóstol en la cárcel, tal vez en Roma. Se siente cercano a la muerte, porque dice que su vida la ofrece como una libación".
"A pesar de esta situación de grave peligro para su integridad física --dijo el papa--, san Pablo, en todo el escrito, expresa la alegría de ser discípulo de Cristo, de poder ir a su encuentro, hasta el punto de ver la muerte no como una pérdida sino como una ganancia".
En el último capítulo de su Carta hay una fuerte invitación a la alegría. Pero --se preguntó el papa- "¿cómo se puede regocijar ante una sentencia de muerte inminente? ¿De dónde o mejor dicho, de quién san Pablo obtiene la serenidad, la fuerza, el coraje de ir al encuentro de su martirio, y del derramamiento de su sangre?".
La respuesta está en que la "oración debe conducir a un conocimiento y a una unión en el amor cada vez más profundos con el Señor, para poder pensar, actuar y amar como Él, en Él y por Él. El ejercicio de esto, aprender los sentimientos de Jesús, es el camino de la vida cristiana".
"En la oración, en la relación con Dios --explicó el papa--, abrimos la mente, el corazón, la voluntad a la acción del Espíritu Santo para entrar en esa misma dinámica de vida".
"La lógica humana, sin embargo, busca a menudo la realización de sí mismo en el poder, en el dominio, en los medios poderosos. El hombre todavía quiere construir con sus propias fuerzas la torre de Babel para llegar a la altura de Dios mismo, para ser como Dios. La Encarnación y la Cruz nos recuerdan que la plena realización está en el conformar la propia voluntad humana a la del Padre, en el vaciarse del propio egoísmo, para llenarse del amor, de la caridad de Dios y así llegar a ser verdaderamente capaces de amar a los demás. El hombre no se encuentra a sí mismo permaneciendo encerrado en sí, afirmándose en sí mismo. El hombre se encuentra solo saliendo de sí mismo, solo si salimos de nosotros mismos nos encontramos".
El papa exhortó, a fijar en la oración la "mirada en el crucifijo", detenerse "en adoración ante la Eucaristía con frecuencia, para hacer entrar nuestra vida en el amor de Dios, que se humilló a sí mismo con humildad para elevarse hasta Él".
se puede leer el texto completo de la catequesis del papa en: http://www.zenit.org/article-42600?l=spanish.
Tras sus palabras en italiano, el papa se dirigió a los distintos grupos lingüísticos, haciendo un breve resumen de su catequesis.
A los fieles de lengua española, les dijo: "Deseo tratar hoy del himno cristológico que san Pablo ofrece en su carta a los Filipenses, centrado en los 'sentimientos' de Cristo y en su condición divina y humana: en la encarnación, en la muerte de cruz y en la exaltación en la gloria del Padre. Este cántico inicia con una exhortación: 'Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo'. Se trata no sólo de seguir los ejemplos de Jesús, sino también de conformar toda nuestra existencia según su modo de pensar y obrar. Está composición ofrece además dos indicaciones importantes para nuestra oración. La primera es la invocación de Jesucristo como 'Señor'. Él es el tesoro por el cual vale la pena gastar la vida. La segunda indicación es la postración: Ante este Nombre, toda rodilla se ha de doblar en el cielo y en la tierra. De este modo, cuando nos arrodillamos ante Cristo, confesamos nuestra fe en Él y lo reconocemos como único Señor. La oración debe conducir, pues, a una más plena toma de conciencia para pensar, actuar y amar en Cristo y por Cristo. Así, la mente, el corazón y la voluntad se abren a la acción del Espíritu Santo y somos transformados por medio de la gracia".
Luego saludó a los grupos de lengua hispana con estas palabras: "Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos de la Archidiócesis de Los Altos, y de la Diócesis de Zacatecoluca, acompañados por sus pastores, así como a los provenientes de España, México, Colombia y otros países latinoamericanos. Invito a todos a que fijen en la oración su mirada en el Crucifijo, a detenerse frecuentemente para la adoración eucarística y así entrar en el amor de Dios, que se ha abajado con humildad para elevarnos hacia Él".

jueves, junio 21, 2012

Audiencia General del Santo Padre - Miércoles 20 de junio de 2012



'LA ORACIÓN NOS ABRE A LA CONTEMPLACIÓN DEL DESIGNIO DIVINO DE AMOR'

Palabras del Papa en la Audiencia General

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 20 junio 2012 (ZENIT.org).- La Audiencia General de esta mañana ha tenido lugar a las 10,30 en el Aula Pablo VI, donde Benedicto XVI se encontró con grupos de peregrinos llegados de Italia y del otros países. En el discurso en lengua italiana, el papa, siguiendo su catequesis sobre la oración en las Cartas de san Pablo, centró su meditación en el primer capítulo de la Carta a los Efesios.
En su meditación de esta mañana, en la Audiencia General, Benedicto XVI se detuvo en el primer capítulo de la Carta a los Efesios, "que comienza justamente con una oración, que es un himno de bendición, una expresión de gratitud, de alegría".
"En realidad hay razón para dar gracias porque Dios nos hace conocer lo que está oculto: su voluntad con nosotros, para nosotros, 'el misterio de su voluntad'", dijo el papa.
"Para los creyentes --añadió--, el 'misterio' no es tanto lo desconocido, sino sobre todo la voluntad misericordiosa de Dios, su diseño de amor que en Jesucristo se ha revelado plenamente".
"El 'misterio desconocido' de Dios se ha revelado, y es que Dios nos ama, y nos ama desde el principio, desde la eternidad".
El papa se detuvo en comentar esta "oración solemne y profunda" en la que el apóstol "agradece y alaba, pero también reflexiona sobre las razones que empujan al hombre a esta alabanza, a este agradecimiento presentando los elementos clave del plan divino y sus etapas". "En primer lugar tenemos que bendecir a Dios Padre porque --como escribe san Pablo--, Él 'nos escogió antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor'. Lo que nos hace santos y sin mancha es la caridad".
"La vocación a la santidad, es decir, a la comunión con Dios, pertenece al plan eterno de este Dios, un diseño que se extiende en la historia y abarca a todos los hombres y mujeres del mundo, porque es una llamada universal. Dios no excluye a nadie, su plan es solo de amor", añadió el papa.
Subrayó que, en el centro de la oración de bendición, "el Apóstol muestra la forma en que se lleva a cabo el plan de salvación del Padre en Cristo, en su Hijo amado. Escribe: 'En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia'".
"El sacrificio de la cruz de Cristo es el acontecimiento único e irrepetible con el que el Padre ha demostrado brillantemente su amor por nosotros, no solo con palabras, sino en términos concretos".
"La redención no es todavía completa --lo escuchamos--, pero encontrará su plena realización cuando aquellos que Dios ha adquirido sean totalmente salvos. Nosotros todavía estamos en el camino de la redención, cuya realidad esencial se ha dado con la muerte y resurrección de Jesús".
"En la oración constante, en la relación diaria con Dios, aprendemos también nosotros, como san Pablo, a distinguir con más claridad los signos de este diseño y de esta acción: de la belleza del Creador, en la belleza que surge de sus criaturas, como lo canta san Francisco de Asís: "Alabado sea mi Señor, con todas tus criaturas". Es importante estar atento aún ahora, en el periodo de las vacaciones, a la belleza de la creación y ver revelarse en esta belleza el rostro de Dios".
"Queridos amigos, cuando la oración alimenta nuestra vida espiritual nos volvemos capaces de conservar aquello que san Pablo llama "el misterio de la fe" en una conciencia pura. La oración como una forma de "acostumbrarse" a estar junto a Dios, crea hombres y mujeres animados no por el egoísmo, del deseo de poseer, de la sed de poder, sino de la gratuidad, del deseo de amar, de la sed por servir, es decir, animados por Dios; y solo así se puede llevar luz a la oscuridad del mundo", concluyó el papa.
Después de su meditación en italiano, Benedicto XVI se dirigió en su idioma a cada uno de los grupos lingüísticos.
A los presentes de lengua española les dijo: "Hoy nos fijamos en la oración que está al comienzo de la carta de san Pablo a los Efesios. Se trata de un himno de bendición a Dios por todo lo que ha realizado y sigue realizando en la historia de la humanidad. En esta plegaria el apóstol nos lleva a contemplar el designio de amor y la acción de las tres personas de la Santísima Trinidad. En primer lugar, contemplamos al Padre, que nos ha escogido antes de la creación del mundo para ser santos. Más aún, nos ha elegido para ser sus hijos adoptivos en Jesucristo. Se trata de una llamada universal que responde a un designio gratuito y amoroso por parte de Dios. En el centro de esta oración, san Pablo enseña cómo se realiza el plan de salvación a través del Hijo, que nos ha redimido con su sangre. El sacrificio de Cristo en la cruz es el acontecimiento único e irrepetible que nos revela de modo admirable el amor del Padre por nosotros. Al final se encuentra la mención del Espíritu Santo, que es prenda de nuestra redención y de la gloria futura. Así, la oración nos abre a la contemplación del designio divino de amor y nos ayuda a descubrir con más claridad los signos de este plan: sobre todo en la belleza de la creación, en la vida de los santos y en toda la historia de la salvación, así como en el camino de la Iglesia, que con la palabra y los sacramentos nos introduce en el misterio de Dios".
Concluó saludando "cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, Honduras, Colombia, Argentina, Chile, México y otros países latinoamericanos" e invitó "a todos a alimentar vuestra vida espiritual con una oración constante, para crecer en el amor de Dios y llevar al mundo la luz de su claridad".

Se puede leer el texto completo de la meditación del Papa en: http://www.zenit.org/article-42526?l=spanish.

viernes, junio 15, 2012

"La Unión con Dios no aleja del mundo" Audiencia General del Santo Padre - Miércoles 13 de Junio




El texto que sigue fue tomado del Servicio Zenit, y el video del canal KTOTV
ZS12061305 - 13-06-2012
Permalink: http://www.zenit.org/article-42455?l=spanish

'LA UNIÓN CON DIOS NO ALEJA DEL MUNDO'


Palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 13 junio 2012 (ZENIT.org).- La Audiencia General de esta mañana ha tenido lugar a las 10,30 en la Aula Pablo VI, donde Benedicto XVI se ha encontrado con grupos de fieles llegados de Italia y del mundo.
En el camino, el papa ha hecho una breve parada en la plaza de Santa Marta para la presentación de los trabajos de restauración de la Basílica Vaticana.
En su discurso en lengua italiana el santo padre ha reanudado su catequesis sobre la oración en las Cartas de San Pablo.
Tras sus palabras, el papa ha hecho un llamamiento a los fieles presentes a orar por los trabajos del 50 Congreso Eucarístico Internacional que está teniendo lugar en Dublín.
Ofrecemos el texto de las palabras del papa.
*****
Queridos hermanos y hermanas:
El encuentro diario con el Señor y la frecuencia a los sacramentos nos permiten abrir nuestra mente y nuestro corazón a su presencia, a sus palabras, a su acción. La oración no es solamente el aliento del alma, sino, para usar una imagen, es también el oasis de paz en el que podemos sacar el agua que alimenta nuestra vida espiritual y transforma nuestra existencia. Y Dios nos atrae hacia sí, nos hace subir a la montaña de la santidad, para que estemos siempre más cerca de Él, ofreciéndonos a lo largo del camino luz y consuelo. Esta es la experiencia personal a la que san Pablo se refiere en el capítulo 12 de la Segunda Carta a los Corintios, en la que quiero detenerme hoy. En contra de quien impugnaba la legitimidad de su apostolado, él no repasa tanto las comunidades que ha fundado, los kilómetros que ha recorrido; no se limita a recordar las dificultades y las oposiciones que ha enfrentado para anunciar el Evangelio, sino que señala su relación con el Señor, una relación tan intensa, también caracterizada de momentos de éxtasis, de contemplación profunda (cfr. 2 Cor. 12,1); por lo que no se jacta de lo que hizo, de su fuerza, de sus actividades y logros, sino de la acción que ha hecho Dios en él y a través de él.
Con gran moderación, cuenta el momento en que vive la experiencia particular de ser arrebatado hasta el cielo de Dios. Recuerda que catorce años antes del envío de la Carta "fue arrebatado –así dice--, hasta el tercer cielo" (v. 2). Con el lenguaje y los modos con que cuenta lo que no se puede pronunciar, san Pablo habla del hecho incluso en tercera persona; afirma de un hombre raptado al "jardín" de Dios, en el paraíso. La contemplación es tan profunda e intensa, que el Apóstol no recuerda el contenido de la revelación recibida, pero tiene muy presente la fecha y las circunstancias en las que el Señor lo tomó totalmente, lo atrajo hacia sí, como lo había hecho en el camino de Damasco en el momento de su conversión (cf. Flp. 3,12). San Pablo añade que, justamente, para no alzarse en soberbia por la grandeza de las revelaciones recibidas, él lleva sobre sí un "aguijón" (2 Cor. 12,7), un sufrimiento, y suplica al Resucitado de ser liberado del enviado del Diablo, de tal dolorosa espina en la carne. Por tres veces, dice, oró fervientemente al Señor para que le quite esta prueba. Y es en esta situación que, en la profunda contemplación de Dios, durante la cual "oyó palabras inefables que no es permitido a nadie pronunciar" (v. 4), recibió respuesta a su súplica. El Resucitado le dirige una palabra clara y tranquilizadora: "Mi gracia te basta; que mi fuerza se realiza en la flaqueza" (v. 9).
El comentario de Pablo a estas palabras nos puede dejar sorprendidos, pero revela la forma en que él había entendido lo que significa realmente ser un apóstol del Evangelio. Exclama así: "Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones, y las angustias sufridas por Cristo; pues cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte "(v. 9b-10), es decir, no hace alarde de sus acciones, sino de la actividad de Cristo que actúa justamente en su debilidad.
Detengámonos ahora un momento en este hecho que se produjo durante los años en que san Pablo vivió en silencio y en contemplación, antes de comenzar a viajar al Occidente para anunciar a Cristo, porque esta actitud de profunda humildad y confianza frente a la manifestación de Dios, es fundamental también para nuestra oración y para nuestra vida, para nuestra relación con Dios y en nuestras debilidades. En primer lugar, de cuáles debilidades habla el Apóstol? ¿Qué es este "aguijón" en la carne? No lo sabemos y no nos lo dice, pero su actitud nos hace comprender que todas las dificultades en el seguimiento de Cristo y en el testimonio de su Evangelio, puede ser superado abriéndose con confianza a la acción del Señor.
San Pablo es muy consciente de ser un "siervo inútil" (Lc. 17,10) --no es él quien ha hecho las grandes cosas, es el Señor--, un "vaso de barro" (2 Cor. 4,7), en el cual Dios pone la riqueza y el poder de su gracia. En este momento de intensa oración contemplativa, san Pablo entiende claramente la forma de enfrentar y vivir cada hecho, sobretodo el sufrimiento, la dificultad, la persecución: cuando uno experimenta la propia debilidad, se manifiesta el poder de Dios, que no abandona, no te deja solo, sino que se convierte en apoyo y fuerza. Por supuesto, Pablo hubiera preferido ser liberado de esta "espina", de este sufrimiento; pero Dios dice: "No, eso es para ti. Tendrás la gracia suficiente para resistir y hacer lo que debe hacerse". Esto también se aplica a nosotros. El Señor no nos libera de los males, más bien nos ayuda a madurar en los sufrimientos, en las dificultades, en las persecuciones. La fe, por lo tanto, nos dice que si permanecemos en Dios, "mientras nuestro hombre exterior se va desmoronando --son muchas las dificultades--, el hombre interior se renueva, madura de día en día justamente en la prueba" (cfr. V. 16).
El Apóstol comunica a los cristianos de Corinto y también a nosotros que "el momentáneo, ligero peso de nuestra tribulación nos procura, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna" (v. 17) En realidad, humanamente hablando, no era ligero el peso de las dificultades, era gravísimo; pero en comparación con el amor de Dios, con la grandeza del ser amados por Dios, es ligero, a sabiendas de que la cantidad de la gloria será incalculable. Así, en la medida en que crece nuestra unión con el Señor y se intensifica nuestra oración, también nosotros vamos a lo esencial y comprendemos que no es el poder de nuestros medios, de nuestras virtudes, de nuestras capacidades lo que realiza el Reino de Dios, sino es Dios que obra maravillas a través de nuestra debilidad, de nuestra insuficiencia a lo encomendado. Debemos, por tanto, tener la humildad para no confiar simplemente en nosotros mismos, sino de trabajar, con la ayuda del Señor, en la viña del Señor, confiándonos en Él como frágiles "vasos de barro".
San Pablo se refiere a dos revelaciones particulares que han cambiado radicalmente su vida. La primera --lo sabemos--, es la pregunta sobrecogedora en el camino de Damasco: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? "(Hch. 9,4), una pregunta que le llevó a descubrir y encontrar a Cristo vivo y presente, y a escuchar su llamado a ser apóstol del Evangelio. La segunda son las palabras que el Señor le ha dirigido durante la experiencia de oración contemplativa sobre la que estábamos reflexionando: "Mi gracia te basta; que mi fuerza se realiza en la flaqueza".
Solo la fe, el confiar en la acción de Dios, en la bondad de Dios que no nos abandona, es la garantía de no trabajar en vano. Así la gracia del Señor ha sido la fuerza que acompañó a san Pablo en el enorme esfuerzo por difundir el Evangelio, y su corazón ha entrado en el corazón de Cristo, haciéndose capaz de dirigir a otros hacia Aquel que murió y resucitó por nosotros.
En la oración abrimos, por lo tanto, nuestro ánimo al Señor para que Él venga a habitar en nuestra debilidad, transformándola en fuerza para el Evangelio. Y es significativo también la palabra griega con que Pablo describe este habitar del Señor en su frágil humanidad; utilizaepiskenoo, que podemos tomar como "poner su propia tienda". El Señor continúa poniendo su tienda en nosotros, en medio de nosotros: es el misterio de la Encarnación. El mismo Verbo divino, que vino a morar en nuestra humanidad, quiere vivir en nosotros, plantar en nosotros su tienda, para iluminar y transformar nuestra vida y el mundo.
La intensa contemplación de Dios experimentada por san Pablo recuerda aquella de los discípulos en el monte Tabor, cuando, viendo a Jesús transfigurarse y resplandecer de luz, Pedro le dijo: "Rabí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías" (Mc. 9,5). "No sabía qué decir, porque estaban atemorizados", añade san Marcos (v. 6). Contemplar al Señor es, al mismo tiempo, fascinante y tremendo: fascinante, porque nos atrae hacia él y rapta nuestro corazón hacia lo alto, llevándolo a su altura donde experimentamos la paz, la belleza de su amor; tremendo porque pone al descubierto nuestra debilidad humana, nuestra deficiencia, el esfuerzo para superar al Maligno que amenaza nuestras vidas, esa espina también clavada en nuestra carne. En la oración, en la contemplación cotidiana del Señor, recibimos la fuerza del amor de Dios y sentimos que son verdaderas las palabras de san Pablo a los cristianos de Roma, donde está escrito: "Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro"(Rm. 8, 38-39).
En un mundo donde hay el riesgo de confiar únicamente en la eficiencia y el poder de los medios humanos, en este mundo estamos llamados a redescubrir y dar testimonio del poder de Dios que se comunica en la oración, con la que crecemos cada día en configurar nuestra vida a la de Cristo, el cual --como él mismo dice--, "fue crucificado en razón de su flaqueza, pero está vivo por la fuerza de Dios. Así también nosotros: somos débiles en él, pero viviremos con él por la fuerza de Dios sobre ustedes" (2 Cor. 13,4).
Queridos amigos, en el siglo pasado, Albert Schweitzer, teólogo protestante y premio Nobel de la Paz, afirmaba que "Pablo es un místico y nada más que un místico", en realidad un hombre verdaderamente enamorado de Cristo y tan unido a Él, hasta poder decir: Cristo vive en mí. La mística de san Pablo no se fundamenta solo sobre la base de los acontecimientos extraordinarios que experimentó, sino también en la cotidiana e intensa relación con el Señor, que siempre lo ha sostenido con su gracia.
La mística no lo ha alejado de la realidad, por el contrario, le dio la fuerza para vivir cada día para Cristo y para construir la Iglesia hasta el fin del mundo en ese momento. La unión con Dios no aleja del mundo, sino que nos da la fuerza para permanecer de tal modo, que se pueda hacer lo que se debe hacer en el mundo. Incluso en nuestra vida de oración podemos, por lo tanto, tener momentos de especial intensidad, en los cuales quizás, sintamos más viva la presencia del Señor, pero es importante la constancia, la fidelidad en la relación con Dios, especialmente en las situaciones de aridez, de dificultad, de sufrimiento, de aparente ausencia de Dios. Solo si estamos aferrados al amor de Cristo, estaremos en grado hacer frente a cualquier adversidad como Pablo, convencidos de que todo lo podemos en Aquel que nos fortalece (cf. Flp. 4,13). Así que, en la medida de que damos espacio a la oración, más veremos que nuestra vida cambiará y será animada por la fuerza concreta del amor de Dios.
Es lo que sucedió, por ejemplo, con la beata Madre Teresa de Calcuta, que en la contemplación de Jesús y, precisamente, también en tiempos de larga aridez encontraba la razón última y la fuerza increíble para reconocerlo en los pobres y en los abandonados, a pesar de su frágil figura. La contemplación de Cristo en nuestras vidas nos es ajena --como lo he dicho--, de la realidad, sino más bien nos vuelve aún más partícipes de la experiencia humana, porque el Señor, atrayéndonos a sí en la oración, nos permite hacernos presentes y cercanos a cada hermano en su amor. Gracias.
Traducido del original italiano por José Antonio Varela V.
©Librería Editorial Vaticana

Para contemplar es necesario perseverar, también en los momentos de aridez



Tomado de la web Primeros Cristianos

La experiencia contemplativa y la fuerza en la plegaria narradas por San Pablo en la Segunda Carta a los Corintios fueron el tema central de la catequesis de Benedicto XVI durante la audiencia general de los miércoles que tuvo lugar en el Aula Pablo VI.
A los que contestaban la legitimidad de su apostolado, Pablo no responde enumerando las comunidades que ha fundado, ni si limita a recordar las dificultades encontradas para anunciar el Evangelio, indica en cambio, dijo el Papa, “su relación con el Señor (...) tan intensa que estaba caracterizada por momentos de éxtasis y de contemplación profunda”. Y habla de su debilidad durante los años en que vivió en silencio y contemplación, afirmando: “Me gloriaré de mi debilidad para que habite en mí la presencia de Cristo (...) porquecuando soy débil es cuando soy fuerte”.
Con su actitud, el apóstol de las gentes nos hace comprender que “cualquier dificultad en el seguimiento de Cristo y en el testimonio de su Evangelio pueden superarse si nos abrimos con confianza a la acción del Señor. (...) San Pablo entiende con claridad cómo hacer frente a cualquier acontecimiento y cómo vivirlo, sobre todo el sufrimiento, las dificultades, las persecuciones; cuando experimentamos nuestra debilidad, sentimos que se manifiesta la potencia de Dios, que no nos abandona, ni nos deja solos, sino que se convierte en nuestro apoyo y nuestra fuerza”.
 
“A medida que crece nuestra unión con el Señor -observó el Santo Padre- y se intensifica nuestra oración, nos acercamos a lo más esencial y comprendemos que no es la potencia de nuestros medios la que realiza el Reino de Dios (...) sino es Dios que obra maravillas precisamente a través de nuestra debilidad”.
La intensa contemplación de Dios experimentada por San Pablo, recuerda la de los discípulos en el monte Tabor, “al mismo tiempo fascinante y tremenda”. Contemplar al Señor es “fascinante porque nos atrae hacía Sí, nos eleva a su altura, haciéndonos experimentar la paz y la belleza de su amor; tremendo porque pone al desnudo nuestra debilidad humana, nuestro ser inadecuados, la fatiga de vencer al Maligno que insidia nuestra vida”.
“En un mundo en que se corre el riesgo de confiar solamente en la eficacia y la fuerza de los medios humanos, estamos llamados a descubrir y dar testimonio del valor de la plegaria (...)con la que crecemos cada día, conformando nuestra vida a la de Cristo, dijo el Papa recordando a continuación la figura del premio Nobel por la Paz, Albert Schweitzer, el teòlogo protestante que afirmaba: “Pablo es un místico y nada más que un místico”: un hombre verdaderamente enamorado de Cristo y talmente unido a Él, como para decir: Cristo vive en mí. La mística de San Pablo no se funda solo en los eventos excepcionales que vivió, sino en su relación, intensa y cotidiana, con el Señor, que lo sostuvo siempre con su gracia”.
“También en nuestra vida de oración podemos experimentar momentos de gran intensidad en que sentimos más viva la presencia del Señor, pero lo que importa es la constancia, la fidelidad de la relación con Dios, sobre todo en las situaciones de aridez, de dificultad, de sufrimiento (...)Solamente si estamos aferrados al amor de Cristo, podremos afrontar cualquier adversidad, como Pablo, convencidos de que todo lo podemos en Aquel que nos da fuerzas”.
“Cuanto más espacio demos a la oración, más nos daremos cuenta de que nuestra vida se transforma y se anima con la fuerza concreta del amor de Dios. Este fue el caso de la beata Madre Teresa de Calcuta que, en la contemplación de Jesús (...) encontraba la razón última y la fuerza increíble para reconocerlo en los pobres y en los abandonados, no obstante la fragilidad de su persona.”
“La contemplación de Cristo en nuestra vida -finalizó el Papa- no nos aleja de la realidad; al contrario, nos hace todavía más partícipes de las vicisitudes humanas, porque el Señor, atrayéndonos hacia Sí, en la oración, nos acerca a todos nuestros hermanos en su amor”.

Aquí: Texto completo, y también en la entrada siguiente, que incluye el video completo de la audiencia, con comentarios en francés.


miércoles, junio 06, 2012

Benedicto XVI: "El egoísmo es enemigo de la alegría"




Artículo tomado de Religión Digital
El Papa ha invitado con fuerza a los jóvenes a "tender a ideales altos y ser santos", ya que "la santidad es la vida normal del cristiano, la cual no está reservada a pocos elegidos, sino abierta a todos".
Así se ha expresado el Santo Padre durante el encuentro realizado en el estadio Giuseppe Meazza de San Siro en el que se ha reunido con los jóvenes que este año han recibido o recibirán el sacramento de la confirmación en la arquidiócesis de Milán.
Después de presidir la celebración de la Hora Media en el Duomo de Milán, Benedicto XVI se ha dirigido al estadio de fútbol en el que ha resaltado a los jóvenes que "los protagonistas eran ellos" así como ha agradecido a los sacerdotes, catequistas, educadores, padrinos y a todos los que han sido "compañeros de viaje y han testimoniado la fe en Jesús resucitado y vivo".
El Pontífice ha recordado "el espectáculo del espíritu" que ha sido el itinerario formativo que recibieron los jóvenes para "reconocer las cosas estupendas que el Espíritu Santo ha hecho en su vida", así como para descubrir "el valor del bautismo, puerta de entrada de la vida cristiana".
En esta línea, el Papa ha evocado su bautismo, que fue "una gracia inmensa", ya que desde aquél momento "renacidos del agua y del Espíritu Santo, han entrado a formar parte de la familia de hijos de Dios, se han convertido en cristianos, miembros de la Iglesia".
Así, ha recordado a los jóvenes que han recibido el bautismo gracias a que sus "padres junto a los padrinos, a nombre de ellos han profesado el credo y se han comprometido a educarles en la fe", pero que ahora, que ya han crecido, pueden decir "vuestro sí a Dios, un sí libre y consciente", porque el sacramento de la confirmación confirma el bautismo.
En este sentido, el sacramento de la confirmación "difunde sobre ellos con abundancia el Espíritu Santo" y que ahora "llenos de agradecimiento, tienen la posibilidad de acoger sus dones que los ayudarán, en el camino de la vida, a convertirse en testigos fieles y valientes de Jesús" porque los dones del Espíritu son "realidades estupendas que les permiten formarse como cristianos, vivir el Evangelio y de ser miembros activos de la comunidad".
El Papa ha señalado que "toda la vida cristiana es un camino, como recorrer un camino sobre un monte en compañía de Jesús" y esta amistad con él se alimenta con la Eucaristía, por lo que los ha invitado a "participar siempre con alegría y fidelidad a la Misa dominical", así como realizar "oración personal cada día" para aprender a dialogar con el Señor y "confiar las alegrías y las preocupaciones y pedir luz y apoyo en su camino".
Además, el Pontífice ha recordado los oratorios de las parroquias que son "lugares donde se reza, también donde se reúnen en la alegría de la fe, se hace la catequesis, se juega y se organizan actividades de servicio", por lo que ha exhortado a los jóvenes a frecuentar asiduamente su oratorio "para madurar cada vez más en el conocimiento y en el seguimiento del Señor".
EXHORTA A "SER OBEDIENTES" CON LOS PADRES
Además, el Papa ha propuesto a los jóvenes a ser en familia "obedientes a los padres, escuchar las indicaciones que reciben para crecer como Jesús 'en sabiduría, edad y gracia frente a Dios y los hombres".

'NO HAY FUTURO EN LA HUMANIDAD SIN LA FAMILIA'


Palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 6 junio 2012 (ZENIT.org).- En la mañana de este miércoles ha tenido lugar la Audiencia General, a las 10,30 horas, en la plaza de San Pedro donde Benedicto XVI se ha encontrado con grupos de peregrinos y fieles llegados de Italia y de otros países. En su discurso ha recordado su reciente viaje a Milán para encontrarse con las familias del mundo.
El papa dedicó toda la audiencia a rememorar su reciente viaje a Milán para estar presente en VII Encuentro Mundial de las Familias y se mostró emocionado por "este inolvidable y maravilloso evento, que ha transformado a Milán en una ciudad de las familias: familias de todo el mundo, unidas por la alegría de creer en Jesucristo".
El papa dijo sentirse "profundamente agradecido a Dios por haberme permitido vivir esta cita 'con' las familias y 'para' la familia".
"Sí, porque no hay futuro en la humanidad sin la familia; especialmente los jóvenes, para aprender los valores que dan sentido a la existencia, tienen necesidad de nacer y crecer en esa comunidad de vida y amor que Dios ha querido para el hombre y la mujer", aseguró el papa.
Benedicto XVI hizo una detallada síntesis de todos los principales encuentros mantenidos durante este evento.
Tras reiterar su agradecimiento a los organizadores, el papa subrayó que el encuentro "ha convocado a Milán más de un millón de personas, que durante varios días han invadido pacíficamente las calles, testimoniando la belleza de la familia, esperanza para la humanidad".
"El Encuentro Mundial de Milán --concluyó- fue una elocuente 'epifanía' de la familia, que se mostró en sus diversas expresiones, así como también en la singularidad de su identidad sustancial: la de una comunión de amor, fundada sobre el matrimonio y llamada a ser un santuario de la vida, pequeña Iglesia, célula de la sociedad. Desde Milán se ha lanzado al mundo un mensaje de esperanza, fundamentada por las experiencias vividas: de que es posible y gozoso, aunque difícil, experimentar el amor fiel, 'para siempre', abierto a la vida; que es posible participar como familia a la misión de la Iglesia y a la construcción de la sociedad".
Se puede leer el texto completo del discurso del santo padre en: http://www.zenit.org/article-42391?l=spanish.
Tras su discurso en italiano, el papa saludó en su idioma a los distintos grupos lingüísticos. Al saludar a los fieles procedentes de América Latina y de España, Benedicto XVI pronunció las siguientes palabras: "Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, México, Costa Rica, Venezuela, Perú, Colombia y otros países latinoamericanos. Invito a todos a dar gracias al Señor, que me ha concedido vivir esta inolvidable cita 'con' las familias y 'para' la familia. Oremos por todos los hogares cristianos, para que en ellos reine siempre el amor y la fidelidad".  

Homilía de Benedicto XVI en la clausura del Encuentro Mundial de las Familias 2012, en Milán

miércoles, mayo 30, 2012

Sobre las fugas de documentos en el Vaticano



Entrevista tomada del  Servicio de noticias Zenit:

LA FUGA DE NOTICIAS SE REVELA UN BOOMERANG: 
LA GENTE ESTÁ VIENDO QUE EL PAPA ES UN HOMBRE DE DIOS

Entrevista a Enzo Romeo, jefe de redacción del telediario 2 de la RAI

Por H. Sergio Mora
ROMA, miércoles 6 junio 2012 (ZENIT.org).- En una entrevista concedida a ZENIT, el jefe de redacción del Telediario 2 de la Radiotelevisión italiana (Rai), Enzo Romeo, comenta la situación creada con los documentos robados en el Vaticano.
Distinguir entre Iglesia institución e Iglesia pueblo de Dios. No culpabilizar a quien trabaja como periodista y saber que Benedicto XVI está saliendo bien de esto, porque se está viendo que él es un hombre de Dios, que garantizó por sus colaboradores delante a tanta especulación y chantajes.
Lo indicó este lunes el jefe de redacción del noticiero TG2 de la televisión italiana RAI, Enzo Romeo, en una entrevista a ZENIT.
¿Topos, documentos filtrados a los periódicos, qué sucede?
–Enzo Romeo. Muchos en estos días tienden a distinguir entre la Iglesia institución y la Iglesia pueblo de Dios. Nosotros estamos hablando de lo que sucede en el gobierno de la Ciudad del Vaticano que es un Estado, si bien es muy distinto el rol del episcopado y del santo padre en la conducción del pueblo de Dios. Creo que estas cosas tenemos que distinguirlas.
¿Y si un mayordomo u otra persona hace llegar documentos a los medios?
–Enzo Romeo. Es triste saber que hay una infidelidad en quien tenía que ser el principal colaborador y creo sea injusto darle la responsabilidad, al menos por todo, a quien está haciendo el trabajo del periodista que tiene que proponer cosas que no le gustan a nadie.
¿Y con los documentos?
–Enzo Romeo. Es claro que si un periodista recibe documentos, difícilmente puede hacer como si no hubiera visto nada y esconderlo. Especialmente cuando son tantos documentos e importantes en los contenidos. El problema creo va enfrentado antes, y es justo pedir responsabilidad a nuestra profesión para distinguir lo que es verdadero de lo que no lo es.
¿Cómo queda el papa después de este caso?
–Enzo Romeo. El papa está saliendo bien, porque se está viendo que él es un hombre santo que logra dar el debido empuje e indicaciones al pueblo de Dios. El problema es que el papa es también un hombre de gobierno y por lo tanto tiene necesidad de un equipo de colaboradores que lo apoye todos los días en lo que hace. Ahora si este equipo no se demuestra a la altura de la tarea que tiene que realizar esto puede preocupar, pero no toca a la persona del papa sino eventualmente quien le está alrededor.
Estos documentos entretanto no son sobre él mismo aunque no faltó quien gritó que era un escándalo
–Enzo Romeo. En la historia bimilenaria de la Iglesia, la conocemos, existieron otros problemas muy graves que fueron enfrentados durante los siglos. Tenemos que hacer todos un examen de conciencia y entender que es necesario poner todo en la debida dimensión y justo valor: ¿qué es más importante, el poder o el servicio? Entre poder y servicio tengo que saber que el segundo elemento es la virtud y el poder es la nada si no se pone a disposición de los otros. El mismo papa es siervo entre los siervos de Dios. Esta crisis actual de la iglesia, en la cúpula al menos, nos debe ayudar a reencender los reflectores sobre esto.
Al papa en Milán lo hemos visto tranquilo, no como si existiese una lucha de poder
–Enzo Romeo. Pienso que el papa se haya entristecido. Seguramente los momentos públicos no son los debidos para hacer aparecer ciertos sentimientos o preocupaciones. El santo padre las declara y seguramente sabe lo que tiene que hacer. Pensemos a la intervención del miércoles pasado en la audiencia general cuando quiso de alguna manera indicar su preocupación al decir: “Quienes están en torno a mí son colaboradores por los que doy garantías”.
¿Era necesario dar esta garantía al público?
–Enzo Romeo. Era justo decirlo delante de tanta especulación y tantos chantajes como éstas últimas cartas o documentos presuntos o falsos que sean, pero que nos hacen entender que hay un juego de chantajes por detrás.
Lo indicó el padre Lombardi [portavoz del Vaticano] en una conferencia en Milán: 'hay más y seguramente saldrá'. Seguramente hay que gestionar la situación del modo debido y tengo confianza que así será. Este es un papa que con su humildad y al mismo tiempo fuerza rocosa --como indicó al evocar la casa construida sobre la roca- tiene todas las posibilidades de conducir a la Iglesia afuera de esta situación.

jueves, mayo 10, 2012

Benedicto XVI declara oficialmente santa a Hildegarda de Bingen




Tomado del Servicio Zenit:

BENEDICTO XVI: SANTA HILDEGARDA DE BINGEN, TEÓLOGA Y ARTISTA


Intervención en la audiencia general del miércoles 8 de setiembre de 2010

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 8 de septiembre de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles, celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano, en la que continuó con la presentación de la figura de santa Hildegarda de Bingen que había comenzado la semana anterior (Cf. Benedicto XVI: santa Hildegarda de Bingen, poetisa y mística).
* * *
Queridos hermanos y hermanas:
Quisiera retomar y continuar la reflexión sobre santa Hildegarda de Bingen, importante figura femenina de la Edad Media, que se caracterizó por su sabiduría espiritual y santidad de vida. Las visiones místicas de Hildegarda se parecen a las de los profetas del Antiguo Testamento: al expresarse con las categorías culturales y religiosas de su tiempo, interpretaba a la luz de Dios las Sagradas Escrituras, aplicándolas a las circunstancias de la vida. De este modo, todo los que la escuchaban se sentían invitados a vivir un estilo de existencia cristiana coherente y comprometido. En una carta a san Bernardo, la mística del Palatinado Renano confiesa: "La visión atrae todo mi ser: no sólo veo con los ojos del cuerpo, sino que se me aparece en el espíritu de los misterios... Conozco el significado profundo de lo que se expone en el Salterio, en los Evangelios, en los demás libros, que se me han mostrado en esta visión. Ésta quema como una llama en mi pecho y en mi alma, y me enseña a comprender profundamente el texto (Epistolarium pars prima I-XC: CCCM 91).
Las visiones de Hildegarda están llenas de contenido teológico. Hacen referencia a los principales acontecimientos de la historia de la salvación, y usan un lenguaje principalmente poético y simbólico. Por ejemplo, en su obra más famosa, titulada "Scivias", es decir, "Conoce los caminos", resume en treinta y cinco visiones los eventos de la historia de la salvación, desde la creación del mundo al fin de los tiempos. Con los rasgos característicos de la sensibilidad femenina, Hildegarda, en la parte central de su obra, desarrolla el tema del matrimonio místico entre Dios y la humanidad realizado en la Encarnación. En el árbol de la Cruz se realizan las bodas del Hijo de Dios con la Iglesia, su esposa, llena de gracias y que ha recibido la gracia de ser capaz de dar a Dios nuevos hijos, en el amor del Espíritu Santo (Cf.Visio tertiaPL 197, 453c).
A partir de estas breves referencias vemos ya cómo también la teología puede recibir una contribución peculiar de las mujeres, porque son capaces de hablar de Dios y de los misterios de la fe con su inteligencia y sensibilidad propias. Aliento por este motivo a todas aquellas que desempeñan este servicio a realizarlo con profundo espíritu eclesial, alimentando la propia reflexión con la oración y teniendo en cuenta la gran riqueza, aún en parte inexplorada, de la tradición mística medieval, sobre todo la representada por modelos luminosos, como Hildegarda de Bingen.
La mística renana es autora también de otros escritos, dos de ellos particularmente importantes, porque muestran, como en "Scivias", sus visiones místicas: el "Liber vitae meritorum" (Libro de los méritos de la vida) y el "Liber divinorum operum" (Libro de las obras divinas), también llamado "De operatione Dei". En el primero, se describe una visión única y poderosa de Dios que vivifica el cosmos con su fuerza y con su luz. Hildegarda subraya la profunda relación entre el hombre y Dios y nos recuerda que toda la creación, de la que el ser humano es la cumbre, recibe la vida de la Trinidad. El texto está centrado en la relación entre virtud y vicios, de manera que el ser humano debe afrontar diariamente el desafío de los vicios, que le alejan en el camino hacia Dios y las virtudes que le favorecen. Es una invitación a alejarse del mal para glorificar a Dios y entrar, después de una existencia virtuosa, en la vida "llena de alegría".
En el segundo libro, considerado por muchos su obra maestra, describe la creación en su relación con Dios y la centralidad del hombre, expresando un fuerte cristocentrismo de sabor bíblico-patrístico. La santa, que presenta cinco visiones inspiradas en el Prólogo del Evangelio de san Juan, refiere las palabras que el Hijo dirige al Padre: "Toda la obra que has querido y que me has encomendado, la he cumplido, y yo estoy en ti y tú en mi, y que somos una sola cosa" (Pars III, Visio XPL 197, 1025a).
En otros escritos, por último, Hildegarda manifiesta una variedad de intereses y el dinamismo cultural de los monasterios femeninos de la Edad Media, a diferencia de los prejuicios que todavía hoy siguen extendiéndose sobre esa época. Hildegarda se dedicó a la medicina y a las ciencias naturales, así como a la música, pues tenía talento artístico. Compuso también himnos, antífonas y cantos, recogidos con el título Symphonia Harmoniae Caelestium Revelationum (Sinfonía de la Armonía de las Revelaciones Celestes), que eran gozosamente interpretados en los monasterios, difundiendo una atmósfera de serenidad, y que han llegado hasta nosotros. Para ella, toda la creación es una sinfonía del Espíritu Santo, que es en sí mismo alegría y júbilo.
La popularidad que rodeaba a Hildegarda llevaba a muchas personas hacerle consultas. Por este motivo, disponemos de muchas de sus cartas. A ella se dirigían comunidades monásticas de hombres y mujeres, obispos y abades. Muchas de las respuestas siguen siendo válidas para nosotros. Por ejemplo, a una comunidad religiosa femenina Hildegarda le escribía: "La vida espiritual debe ser atendida con mucha dedicación. Al inicio el cansancio es amargo. Dado que exige la renuncia a los caprichos, al placer de la carne y a cosas semejantes. Pero, si se deja fascinar por la santidad, un alma santa experimentará como algo dulce y agradable el mismo desprecio del mundo. Sólo es necesario prestar atención inteligentemente a que el alma no se marchite" (E. Gronau,Hildegard. Vita di una donna profetica alle origini dell'età moderna, Milano 1996, p. 402). Y cuando el emperador Federico Barbarroja provocó un cisma eclesial oponiendo tres antipapas al Papa legítimo, Alejando III, Hildegarda, inspirada en sus visiones, no dudó en recordarle que también él, el emperador, estaba sometido al juicio de Dios. Con la audacia que caracteriza a todo profeta, escribió al emperador estas palabras de parte de Dios: "¡Atento, atento a esta malvada conducta de los impíos que me desprecian! ¡Escucha, rey, si quieres vivir! ¡De lo contrario mi espada te traspasará!" (Ibídem, p. 412).
Con la autoridad espiritual de la que estaba dotada, Hildegarda viajó en los últimos años de su vida, a pesar de la edad avanzada y de las penosas condiciones de los desplazamientos. Todos la escuchaban con gusto, incluso cuando utilizaba un tono severo: la consideraban una mensajera enviada por Dios. Exhortaba sobre todo a las comunidades monásticas y al clero a vivir en conformidad con su vocación. En particular, Hildegarda se opuso al movimiento de los cátaros alemanes. Los cátaros, literalmente "puros", propugnaban una reforma radical de la Iglesia, sobre todo para combatir los abusos del clero. Ella les reprendió con fuerza por querer subvertir la naturaleza misma de la Iglesia, recordándoles que una verdadera renovación de la comunidad eclesial no se consigue tanto con el cambio de las estructuras, como con un sincero espíritu de penitencia y un camino de conversión. Este es un mensaje que nunca debemos olvidar.
Invoquemos siempre al Espíritu Santo para que suscite en la Iglesia mujeres santas y valientes, como santa Hildegarda de Bingen, que apreciando los dones recibidos de Dios, aporten su preciosa y peculiar contribución para el crecimiento espiritual de nuestras comunidades y de la Iglesia en nuestro tiempo.
[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas:
Quisiera continuar en el día de hoy hablando de Santa Hildegarda de Bingen, religiosa benedictina de origen alemán que, en el siglo XII, se distinguió por su santidad y sabiduría espiritual.
Esta santa gozó durante toda su vida de continuas visiones místicas, que una vez reconocidas por la autoridad de la Iglesia, se pusieron por escrito en diversos libros. Éstos rezuman un amplio conocimiento de las Sagradas Escrituras y de los Padres de la Iglesia. Las obras de Santa Hildegarda se centran en la exposición de los principales misterios de la historia de la salvación, presentados con una notable profundidad teológica, y con su peculiar inteligencia y sensibilidad femenina. Además de su producción teológica y moral, Hildegarda abordó temas relativos a la medicina, las ciencias naturales o la música.
Gozó de gran popularidad en su época, por lo que numerosos obispos y abades mantenían correspondencia con ella, consultándole muchos de los problemas que se les planteaban. En los últimos años de su vida, se dedicó también a hablar de Dios a la gente, subrayando especialmente la necesidad de una continua conversión en la vida monástica y sacerdotal.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de la Diócesis de Tula, en México, que están celebrando el cincuenta aniversario de la creación de esa diócesis; a los médicos y administrativos de la Arquidiócesis de Salta, en Argentina; así como a los demás fieles provenientes de España, México, Panamá, El Salvador, Honduras y otros países latinoamericanos. Invoquemos al Espíritu Santo, para que suscite siempre en la Iglesia mujeres santas que, contribuyan al crecimiento espiritual de nuestras comunidades. Muchas gracias.
[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
©Libreria Editrice Vaticana]

jueves, mayo 03, 2012

Audiencia General del Santo Padre - Miércoles 2 de mayo de 2012




Tomado del Servicio Zenit - ZS12050214 - 02-05-2012
Permalink: http://www.zenit.org/article-42112?l=spanish

EL TESTIMONIO DE SAN ESTEBAN NOS DA PISTAS PARA NUESTRA ORACIÓN Y VIDA


Palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 2 mayo 2012 (ZENIT.org).- La Audiencia General de este miércoles tuvo lugar a las 10,30 en la plaza de San Pedro, y Benedicto XVI se encontró con grupos de peregrinos y fieles llegado de Italia y de otros países. En el discurso en lengua italiana, el papa, continuando su catequesis sobre la oración en los Hechos de los Apóstoles, centró su meditación sobre la oración de san Esteban, el primer mártir cristiano.
En su catequesis de hoye, el papa hablósobre el testimonio y la oración del primer mártir de la Iglesia, san Esteban, uno de los siete elegidos para el servicio de la caridad hacia los necesitados.
"En el momento de su martirio, narrado en los Hechos de los Apóstoles, se manifiesta, nuevamente, la fructífera relación entre la palabra de Dios y la oración", dijo el papa.
"El testimonio de san Esteban --dijo el papa- nos da algunas pistas para nuestra oración y nuestra vida. Nos podemos preguntar: ¿De dónde este primer mártir cristiano sacó la fuerza para hacer frente a sus perseguidores y llegar hasta la entrega de sí mismo? La respuesta es simple: de su relación con Dios, de su comunión con Cristo, por la meditación sobre la historia de la salvación, de ver la acción de Dios, que en Jesucristo llegó al culmen. También nuestra oración debe ser alimentada por la escucha de la palabra de Dios, en la comunión con Jesús y con su Iglesia".
El papa señaló un segundo elemento: "san Esteban ve prefigurada, en la historia de la relación de amor entre Dios y el hombre, la figura y la misión de Jesús, Él --el Hijo de Dios--, es el templo "no prefabricado por manos humanas" en donde la presencia de Dios Padre se hizo así de cercana, como para entrar en nuestra carne humana y llevarnos a Dios, para abrirnos las puertas del Cielo".
"Nuestra oración --añadió--, entonces, debe ser la contemplación de Jesús a la diestra de Dios, de Jesús como Señor de la nuestra, de mi existencia diaria. En él, bajo la guía del Espíritu Santo, nosotros también podemos dirigirnos a Dios, entrar en contacto real con Dios con la confianza y el abandono de los hijos que acuden a un Padre que los ama infinitamente".
Se puede leer la catequesis completa en: http://www.zenit.org/article-42111?l=spanish.
Tras la catequesis, el papa se dirigió a los distintos grupos lingüísticos haciéndoles un resumen de sus palabras en su lengua.
Dirigiéndose a los peregrinos de habla hispana, les dijo: "En la catequesis de hoy volvemos a contemplar cómo en la oración, la lectura y meditación de la Sagrada Escritura nos conducen a la escucha de Dios que nos habla, dándonos luz para entender el presente. Así, al reflexionar sobre el ejemplo de oración de San Esteban, podemos ver cómo el primer mártir, delante del tribunal que le condena, hace esa lectura y meditación, explicando la historia de la salvación, narrada en la Biblia, desde la luz de Cristo, para demostrar que en Él se cumplen las profecías antiguas y se inaugura un nuevo culto, que sustituye a los antiguos sacrificios por el ofrecimiento de sí mismo en la cruz. Al ser llevado al suplicio, Esteban se hace uno con el Señor, y su reflexión sobre la Escritura se convierte en participación con la oración de Jesús en su agonía, de modo que, movido por el Espíritu Santo, puede hacer suyas las palabras que Cristo pronunció desde la cruz, dirigiéndolas ahora al Señor Resucitado, que se le presenta glorificado a la derecha del Padre. En nuestra oración estamos llamados también a descubrir la acción de Dios en la historia, que tiene su culmen en Cristo y a confesarlo como Señor de nuestras vidas".
Y luego saludó a los diferentes grupos: "Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Venezuela, Perú, Argentina, Chile y otros países latinoamericanos. Invito a todos a dirigir nuestra plegaria confiada a Dios Padre que nos ha revelado su amor infinito en Jesús".

martes, mayo 01, 2012